13 de marzo de 2012

La energía nuclear y el sueño de las energías renovables


La capacidad destructiva de la energía nuclear es absoluta, espacial y temporalmente. Es una tecnología agresiva que contiene un potencial de muerte sólo apaciguado por un permanente, precario y costoso sistema de vigilancia.  Por sí sola, o en combinación con los desastres naturales, es una espada de Damócles sobre la biosfera.

Es una tecnología inmoral que, a través de los residuos que genera, desplaza de forma premeditada la responsabilidad de su gestión a las generaciones futuras. No sabe qué hacer con las basuras de su actividad y le propone a la humanidad superviviente que encuentre los conocimientos y los procedimientos para tratarlos. Una minoría de individuos legitimados por su saber técnico y sostenido por su poder militar se ha arrogado a sí misma el derecho a decidir sobre el destino de la humanidad y de la biosfera.

El reciente aniversario de la catástrofe de Fukushima vuelve a poner de actualidad el debate sobre la energía nuclear. Esta tecnología de origen militar y que justamente inauguró su camino de muerte en Japón, es defendida por los mismos partidarios del modelo productivista dominante. La defensa de la energía nuclear es la defensa de este modelo de producción y consumo. Todos los que defienden el uso de la energía nuclear como base para la economía están defendiendo esta economía. Pero lo contrario no es cierto: muchos de los que defienden este modelo se pronuncian por el desarrollo de energías "alternativas" en su versión "renovables".

Los que no defendemos este modelo nos oponemos tanto a la energía térmica de origen nuclear como a cualquier tipo de energía destinada a sostener su voraz demanda energética. Lo que hay que modificar, decimos, no son tanto las tecnologías para la generación de energía como la ingente demanda de ésta proveniente de un modelo de producción y consumo irracional, desbocado y destinado al colapso. En un contexto donde la relación entre consumo y gasto energético es directa, cualquier energía alternativa tarde o temprano escaseará y/o se convertirá en dañina por exceso de demanda. Por ejemplo: si bien la energía proveniente del Sol es renovable la masificación tanto de la producción como del uso de paneles fotovoltaicos, necesaria para competir en cantidad con la producción energética con las centrales nucleares o las que usan combustibles fósiles, generará a corto o largo plazo problemas medioambientales. Reemplazar una central como la nuclear de Almaraz ocuparía unos doscientos kilómetros cuadrados de paneles,  dice Pedro Prieto quien,  por otra parte,  añade: "El sol y el viento son renovables; los módulos fotovoltaicos y los generadores eólicos, no lo son".

El sueño de la energía, limpia, barata, inacabable y eficaz dentro del modelo producivista, es eso, un sueño. Pero no un sueño inocente sino de  aquelllos que entorpecen la búsqueda de alternativas sociales que construyan otra estructura de demanda. El problema no es la energía en sí misma sino el tipo de sociedad deseable y posible dentro de unos criterios de austeridad, solidaridad humana y respeto a todos los seres vivos.

PD: ver también este vídeo de Prieto, conferencista y escritor siempre polémico y siempre interesante.Y estos otros acerca de los límites del crecimiento realizados en Septiembre del 2011 en la Universidad de Valladolid.

4 comentarios:

Alfred dijo...

Siempre he creído que la fuente de energía más limpia, desaprovechada y barata es, sin duda, el ahorro energético.
Con todo, creo que somos esclavos de una sumisión económica a las plantas de producción de energía centralizadas. Nos hacen menospreciar las inmensas posibilidades de la generación eléctrica descentralizada y de proximidad. Demasiados intereses en contra de ello.
Creo que, inevitablemetne, en el futuro generaremos electriciad de mil maneras, como y a he dicho más de una vez en mi blog.
De todas maneras, sí llevas razón cuando afirmas que el aumento indefinido de demanda de energía nos dirigiría a una especie de entropía imposible de gestionar. No podemos aspirar a generar energía sin coste medioambiental; incluso las renovables tienen un impacto ambiental severo si su capacidad se incrementa sin límite.

James dijo...

El ahorro. Alfred, es imprescindible dentro de una lógica de más largo alcance que implique el ahorro de los individuos y las familias pero sobre todo de las empresas. Alrededor del ochenta o noventa por ciento del gasto de combustible fósil lo realizan las empresas de transporte. Mover mercancías y personas de un lado al otro del mundo es un sinsentido. Pero, claro, eso implica también modificar los hábitos de consumo: renunciar a los viajes transatlánticos y a comer frutas fuera de temporada.

Anónimo dijo...

De acuerdo con reducir nuestro consumo energético.
Totalmente en desacuerdo con la crítica a la energía solar fotovoltaica.
Tomando en cuenta todos los factores de ocupación de suelo, la FV utiliza menos superficie para la misma producción de energía que el carbón o la térmica solar.
Además, el balance neto energético y medioambiental son positivos. La energía consumida para fabricar los componentes de una planta, se recupera en poco tiempo una vez instalada.
Y la contaminación que genera por usar componentes como vidrio o aluminio se ve ampliamente compensada al evitar emisiones y contaminación durante sus 25-30 años de vida. Por último, sus componentes se pueden reciclar.

Suricato dijo...

Insisto: la cuestión tiene que ver con el volumen de la demanda y el modo de vida que está detrás de él. No hay ni teconologías ni fuentes energéticas salvadoras en sí mismas.

No se, la comparación que haces entre la fotovoltaica y la nuclear y térmica en tanto ocupación del espacio supone tomar a a estas úlimas como el estandar o el criterio "normal". Me parece monstruoso tanto una planta nuclear como las alfombras de paneles situados en los campos.