9 de febrero de 2012

Invasores

La arrogancia tecnocientífica es ilimitada. Rusos, británicos y norteamericanos compiten por llegar primeros a los lagos bajo el hielo de la Antártica, intocables e incontaminados durante millones de años. Ahora pueden dejar de estarlo. Los rusos anuncian su reciente conquista. Pero: ¿quién ha autorizado a estos invasores vestidos con ropaje científico para profanar la quietud y el silencio de estos dulces fondos abisales? ¿En nombre de qué razón estos enanos presuntuosos se atreven a horadar el tiempo, la materia y la vida? ¿Qué avaricia esconden en sus técnicas, saberes y esfuerzos? ¿Hacia dónde dirigen su voluntad de dominio?
La innovación científica y tecnológica debe ser reconducida, no puede seguir siendo  guiada por los intereses de los señores de la guerra y del capital. Dinero, creatividad  energía social deben ser orientados hacia una relación de respeto hacia la naturaleza  y las comunidades humanas. Lo realizado por los rusos puede ser una hazaña pero de aquellas que son para ponerse a temblar.   

3 comentarios:

javier segurado dijo...

A mí esos que criticas me parecen eso que dices, pero dices como si esos lugares fuesen tuyos. O como si tu tuvieses algo que decir. Pero esos lugares están ahí y punto. La tierra no tiene dueño. No, no es de todos. Es más bien de nadie. Entonces nadie tiene derecho a (re)clamar por ella. ¿Qué tengo yo que reclamar de la selva Amazónica? Y menos desde mi confortable (todavía) sillón.

Suricato dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Suricato dijo...

Releo el texto y no veo que haya utilizado posesivos. En todo caso totalmente de acuerdo: esos lugares no son de nadie. Los seres humanos no tenemos más posiblidades que intervenir en la naturaleza, es nuestra condición de animal cultural. Pero es urgente aplicar el principio de precaución y de respeto por todas las existencias físicas, biológicas y sociales. Creemos que es distinta una intervención en la naturaleza realizada desde las demandas del gigantismo productivista y el delirio consumista, que una intervención desde las demandas de una sociedad austera, autoorganizada y responsable.