29 de junio de 2010

Biotecnología, genes y decrecimiento

Dice el biólogo Edward O. Wilson en su texto "La creación":"Más allá de la curación de enfermedades hereditarias como la esclerosis múltiple y la anemia falciforme mediante la sustitución de genes, la modificación del genoma humano sólo entraña riesgos: es mucho más seguro operar sobre la naturaleza humana tal como es, modificando las instituciones sociales para conseguir una adaptación mejor a nuestras condiciones de genéticas. Jugar con algo que llevó millones de años de pruebas y errores es peligroso".

La manipulación genética, como proyecto, goza de amplia popularidad y cuenta con el beneplácito de la clase tecnocientífica y de la opinión pública. Algunos la describen como expresión del paso de la biología del fenotipo a la biología del genotipo. De lo visible a lo invisible; del síntoma al código. Encapsulada como "biotecnología" promete la solución a grandes males y ha ingresado directamente en la economía como paradigma de innovación (i+d+i). La biotecnología se ha convertido en una industria y en la industria cabe de todo mientras genere beneficios.

La manipulación del genoma vegetal ha dado lugar a la industria de los alimentos transgénicos. Recubierta con el discurso de la innovación, esta industria violenta a la naturaleza desplazando y exluyendo formas sociales y organizativas de cultivo que no requieren de la manipulación de lo invisible sino un simple respeto a la biodiversidad y a las formas ancestrales del buen hacer campesino.

Por su parte, la manipulación del genoma humano puede dar lugar a todo tipo de perversiones a partir de los intereses de los laboratorios industrializados. "La evolución de la vida ya no es un fenómeno natural", dice Craig Venter creador de una posible bacteria "artificial" y a continuación agrega que "El árbol de la vida tiene a partir de ahora unas ramas sintéticas". Con arrogancia de biotecnólogo y empresario exitoso, la peor combinación posible para la naturaleza y las sociedades humanas, Venter decreta el fin de millones de años evolución y viaja a España en el marco de su actual proyecto: catalogar la variedad microbiana del Mediterráneo. Es decir, codificar la biodiversidad con el fin de transformarlas en mercancías. Todo el esfuerzo de la biotecnología puede resumirse asi: develar los códigos de los seres vivos de la naturaleza ya sea para intervenirlos o realizar simulaciones informacionales de ellos con el objetivo de diseñar productos patentables y vendibles.

Desde una perspectiva decrecentista, el problema no está tanto en las tecnologías sino en su uso social y en los mecanismos de satisfacción de necesidades de las mayorías. La empresa de Venter ha firmado un contrato con la petrolera Exxon para diseñar un alga unicelular que convierta en combustible la luz solar y el CO2 atmosférico y tiene otros proyectos cono sintetizar microrganismos descontaminadores. El objetivo está claro: comenzar a elaborar sustitutos del petroleo dentro de una lógica de mantenimiento de los mismos modelos de desarrollo contaminante y despilfarrador.

Existen muchas posibilidades sociales, inexploradas o despreciadas, de vínculo con la naturaleza animal, humana y vegetal antes de jugar interesadamente con el legado de la evolución. Eso creemos los decrecentistas.

19 de junio de 2010

Citas (8)


"El trabajo contra la angustia vital y los manejos del miedo es un trabajo contra quienes los causan, en su mayoría muy identificables, y busca en el mundo mismo lo que sirve de ayuda al mundo: algo que es susceptible de ser encontrado. ¡Con qué abundancia se soñó en todo tiempo, se soñó con una vida mejor que fuera posible! La vida de todos los hombres se halla cruzada por sueños soñados despierto; una parte de dichos sueños es simplemente un fuga banal, también enervante, también presa para impostores; pero otra parte incita, no permite la renuncia. Esta otra parte tiene en su núcleo la esperanza y es transmisible. Puede ser extraída del desvaído soñar despierto y de su taimado abuso, es activable sin vislumbres engañosos".


Ernst Bloch. "El principio esperanza"

16 de junio de 2010

Arrogancia y dinosaurios


"Cuando parece que hasta las más altas torres ya se han caído algunos siguen creyendo que el espectáculo debe continuar. Es el caso de Mohamed Alabbar, presidente de la innobilaria árabe Emaar y socio de Giorgio Armani en su última aventura: los hoteles de lujo: En Dubai, en la base del edificio más alto del mundo [Burj Khalifa]. Alabbar y Armani presentaron en abril su primer establecimiento a 48 periodistas internacionales invitados por ellos".

El hotel en cuestión es un monumento al despilfarro en la ciudad que lo es por antonomasia: Dubai. Habitaciones para la lujuria de unos privilegiados a precios de privilegiados. La más batarata, a 830 euros la noche y la más cara, la suite Dubai, por 8.300 euros. Dubai es una ciudad construida por ricos para ricos. Pretende convertirse y, en parte ya lo es, en la referencia comercial y financiera del mundo. Para ello, no escatima gastos y esconde los enormes daños medioambientales de su locura. La ciudad, un simulacro urbanístico grotesco, se construye en un desierto y requiere de enormes esfuerzos energéticos para su mantenimiento. No posee nada que permita sostener su forma de vida, salvo el dinero para comprar todo lo que no tiene. Es, además, un ejemplo patético de tecnología al servicio de la banalidad y el kistch arquitectónico: han construido islas artificiales con forma de palmera...

En alguna parte leí que si a los dinosaurios les hubieran preguntado si creían que su dominio sobre la tierra alguna vez terminaría, habrían contestado con una sonora carcajada. Tan seguros estaban de su permanecia y poder. Los actuales dinosaurios petroleros y sus bufones cortesanos también. "Las crisis van y vienen, pero estos proyectos están hechos para durar siglos" afirmaba el socio del diseñador.

El poder siempre sueña con su permanencia, siglos para algunos, milenos para otros. Afortunadamente, la historia es implacable con la arrogancia: la tapa con la arena del desierto y la vuelve objeto de la arqueología.

13 de junio de 2010

Abundancia y miseria

"La inmensa mayoría de los israelíes que han alcanzado tan altos niveles de vida como los de los países más avanzados, no sospechan siquiera que, a muy poca distancia de sus higiénicas viviendas, lindos jardines, fértiles tierras e industrias de alta tecnología malvive una sociedad miserable condenada-si no cambian antes las cosas- a su desaparición". Esto lo dice Mario Vargas Llosa. No tenemos particular aprecio por las ideas de este escritor cuyo proyecto político está instalado en las antípodas del nuestro. Pero esto que ha escrito recientemente nos parece certero y razonable. Aún más, esta descripción de la sociedad israelí nos parece una imagen generalizable a cualquier sociedad de las llamadas "de la abundancia". Vargas LLosa no ha realizado este análisis; al parecer su fe liberal se lo impide. Pero, toda sociedad donde se han "alcanzado tan altos niveles de vida" esconde un reverso de dominación, miseria y destrucción mediambiental, ya sea dentro o fuera de sus fronteras. La riqueza en un mundo finito es un juego de suma cero. Lo que tienen en abundancia unos es una resta a los otros. Sean o no visibles, para quien quiere ver, en todo caso, todo es visible, las cloacas existen y huele mal.

El bienestar material alcanzado en la parte hegemónica de Israel se debe, además del aporte magnánimo de EEUU, a un modelo de desarrollo basado fuertemente en la industria militar y un proyecto de construcción nacional de base religiosa y excluyente asentado en gran parte en la explotación de la fuerza de trabajo palestina. Pero ese mismo mecanismo se reproduce en la sociedad mundial. La exclusión de las mayorias para el beneficio de las minorías. No decimos nada nuevo, evidentemente; repetimos los argumentos que sostienen a cualquier idea de emancipación social y de reparto de riqueza. Los decrecentistas incorporamos como argumento central la cuestión de los límites de la biósfera y las consecuencias que para el medio ambiente tiene el modelo de abundancia que adjetivamos como despilfarrador. La imagen de una sociedad rica asentada sobre la miseria y la destruccción de otros corresponde exactamente a la de la sociedad mundial y su modelo de desarrollo. Y aquí también, "si no cambian antes las cosas", estamos condenados a la desaparición. El drecentismo es un esfuerzo por cambiar las cosas antes del desastre posible.

6 de junio de 2010

Cloacas de la tecnociencia


Boris Patho, 97 años, esloveno prisonero de los nazis y autor del libro "Necrópolis" donde relata su paso por los campos de trabajo, afirma que en los de Dora y los Vosgos "se hacían misiles. Tenían presos a ingenieros rusos trabajando en sótanos excavados en la montaña. Los prisioneros hacían sabotajes muy a menudo, y cuando los cohetes fallaban y no llegaban a su destino, Wernher von Braun, el célebre ingeniero de las SS, ordenaba una investigación y ahorcaban a todos los del departamento responsable del fallo. Von Braun era ese tipo que se hizo tan famoso porque después de la guerra los americanos lo llevaron a trabajar a la NASA. Se hizo toda una celebridad y le hicieron grandes honores porque el cohete que llevó al hombre a la Luna lo hizo él. Es decir, el Saturno IV se hizo aprovechando lo ensayado en los campos nazis con los misiles"

La gran empresa tecnológica y científica de este siglo esconde debajo de sus éxitos muchas inmundicias. La de Von Braun es una de ellas. Los norteamericanos lo convirtieron en héroe y le borraron su pasado en las SS, así como su papel en la creación de los cohetes que asolaron Londres al final de la guerra, a cambio de que dispusiera su saber tecnológico al servicio de la industria aeroespacial y militar de EEUU. Los soviéticos hicieron lo mismo con otro grupo de científicos alemanes.

La tecnociencia hegemónica aliada de un modo de producción arrogante, voraz y depredador ha contribuido a que este sea el siglo con más desastres humanos y medioambientales de todos. En los armarios de la tecnociencia se ocultan muchos cadáveres. La admiración bobalicona por la tecnociencia se asienta en una contabilidad humana y medioambiental falseada. La suma y resta de sus contribuciones al bienestar humano y al de las otras especies con las que compartimos hogar, deja bastante que desear. Si en el lado del "haber" están, por ejemplo, sus aportes en la curación de enfermedades y sus efectos en el alargamiento de la esperanza de vida media, su participación en la ampliación de la educación y en las condiciones alimenticias y de higiene de una parte, minoritaria, de la población, o su contribución a la extensión de "comodidades" etc. en el lado del "debe", la cosa de complica. La misma tecnociencia que cura produce componentes cancerígenos en los alimentos; aliada con la industria farmaceutica fabrica psicofármacos que contribuyen a la alienación vital; aliada con la industria petrolera produce contaminación en los mares y en el aire; aliada con la industria química produce fosfatos y gases de efecto invernadero; como biotecnología produce transgénicos y aliada con las industrias informáticas inventa formas sofisticadas de control social etc. No es oro todo lo que reluce y es importante reconocerlo para imaginar y diseñar nuevas formas decrecentistas de tecnociencia.

3 de junio de 2010

Sueños tecnológicos


Dice la prensa: "el futuro soldado estará equipado con conexión a través de internet, enlace inalámbrico con el pelotón, visores para poder actuar de día y de noche, sensores para poder informar del estado de salud del combatiente y un chaleco más ligero y resistente que ofrecerá más protección y seguridad. Aligerar el peso sin afectar a la seguridad de los combatientes es uno de los objetivos de este programa, que ha contado con un presupuesto de 26 millones de euros desde 2006"

Internet tuvo un orígen militar y un desarrollo civil. Se dice que, en plena Guerra Fría, un imperativo estratégico era preservar un sistema de comunicación dentro de EEUU a salvo de un ataque nuclear soviético. La solución consistía en la creación de una red tecnológica cuyas partes tuvieran autonomía entre si, es decir, que no dependieran de un núcleo central, fácilmente neutralizable. Esta sencilla idea, caló muy bien en la cultura californiana post-hippista, antiautoritaria y felicista y, en una amplia estructura académica, que asumieron la tarea de desarrollar tecnológica y culturalmente la idea de una red de redes. Los aportes europeos posteriores, como los de Tim Berners-Lee, con la WWW fueron cruciales para la consolidación de lo que hoy conocemos por Internet. En medio de este camino la empresa privada percibió el valor de esta sociotecnología y se lanzó en picado a aprovechar sus ventajas. En pocos años nació una economía basada en gran parte en los intercambios en la Red. Paralelamente la industria militar ha ido aprovechando el fuerte desarrollo civil de los programas y aplicaciones destinados a ésta. El círculo se cierra: idea militar, desarrollo civil, aprovechamiento empresarial, uso militar...

Para algunos, la vinculación de Internet a un traje militar es un sueño; para otros una pesadilla, o más bien la fagocitación del sueño libertario y comunitario por la pesadilla militarista. Pero la tecnología es una frágil hierba sometida a los vientos de las fuerzas sociales que la utilizan para sus proyectos e intereses. Por eso,se abre el importante debate acerca de la tecnología y su vinculación con los colectivos agrupados bajo la idea del decrecimiento. El movimiento decrecentista no puede soslayar la "cuestión tecnológica" pues es una dimensión inherente a cualquier sociedad imaginada. Pero se trata de refexionar desde los proyectos decrecentistas, sus valores y sus objetivos.

La pregunta es cómo utilizar las tecnologías en general y de Internet en particular desde una perspectiva decrecentista, pero también como crear desde la base tecnologías que sean decrecentistas en su concepción y diseño y que no reproduzcan la actual banalidad de las tecnologías "sostenibles" ¿Tecnologías convivenciales? ¿Tecnologías de la parsimonia? ¿Tecnologías de la traducción sociopolítica? ¿Tecnologías catalizadoras? ¿Tecnologías de la austeridad? El debate está abierto.

1 de junio de 2010

Hospital


Un breve paso por un hospital me ha tenido alejado de este blog. Nada grave pero molesto. Me ha servido, en todo caso, para conocer en vivo y en directo la extensión de la lógica productivista a los servicios de salud madrileños. Un hospital privado pero concertado con la administración autonómica sigue siendo un hospital privado. Esto quiere decir, que somos pacientes pero sobre todo somos clientes, es decir, nos acojen y sonrien con sonrisas de vendedoras de eletrodomésticos de El Corte Inglés, eso sí mucho más jóvenes. Todos son jóvenes, en toda la escala de las innumerables profesiones con las que uno se topa: recepcionistas, celadores, enfermeras, limpiadoras, médicos... y, ya se sabe: mientras más jóvenes, salarios más bajos.

Como en cualquier empresa, la pirámide la han achatado: desaparecen mandos medios y mantienen unos pocos jefes. El "paciente cliente" sólo dialoga con los subordinados y estos a, su vez, con indicadores de las "analíticas" que más o menos traducen a los pacientes. El jefe, invisible, "monitoriza" todo el proceso. Las tecnologías articulan los oficios y saberes y marcan los ritmos de producción.

La medicina se ha convertido en lectura de números dentro de un sistema productor de números. Eficaz, no cabe duda, lo de la eficiencia es más discutible. El orden médico se somete al orden de la producción y el consumo tecnologizado. Y, como es obvio, mientras más tecnología menos trabajo humano y más sustituibilidad de los que quedan. Muchos pueden ser lectores de índices, así como muchos pueden ser lectores de interfaces de cualquier tipo. Un lector de índicadores vale menos que un médico en el sentido cabal del término pero puede realizar un trabajo más o menos equivalente, que es lo que importa a los dueños del hospital.

La fábrica fordista robó el saber obrero, lo fragmentó y lo convirtió en movimientos repetitivos en la cadena de montaje. Las tecnologías informáticas asociadas a tecnologías de todo tipo extraen y codifican el saber de productores, consumidores y... pacientes. Un enfermo, es un in fermo, es decir, alguien que no está firme, que tambalea y que no tiene el saber de su propio cuerpo: su saber no está firme. El del médico tampoco. El médico "clásico" interpretaba directamente los signos del cuerpo, el médico tecnologizado tiene que reurrir al saber de las máquinas. El médico tecnologizado también está in fermo. Las análíticas, pruebas, los TAC etc. son la verdád última del saber médico y pueden refutar groseramente lo que sus ojos han visto. Esto irá a más: la medicina y las ciencias biológicas se desplazan con celeridad desde el fenotipo al genotipo; desde la percepción y la empatía con el paciente a la lectura de sus códigos genéticos. La codificación unversal, sueño de los poderosos y pesadilla de los subordinados avanza sin parar. La genética nos dirá la fecha exacta en que nos moriremos de asco.

Aprovecharé los dias de reposo para imaginarme un hospital decrecentista.

18 de mayo de 2010

Equidad sin crecimiento

Entrevista en la radio a Alan García, presidente de Perú, sobre los acuerdo comerciales que ahora se firmarán entre la UE y el Mercosur. Entre otras obviedades, simplificaciones y alabanzas al libre comercio etc. afirma con total naturalidad que "antes" cuando los ricos se enriquecían sólo lo hacían ellos pero que "ahora" también lo hacen los pobres. Pone como ejemplo a su país donde, según él, "han dejado de ser pobres cerca de cinco millones de personas desde el año 2005 gracias al crecimiento económico". García expresa en retórica política populista burda lo que los economistas expresan en fórmulas y curvas econométricas sofisticadas, ambas falsas y maniqueas.

La famosa "teoría del derrame" o del "chorreo", es decir, la que afirma que las políticas de crecimiento deben preceder a las de distribución porque son la condicion de éstas, ha inundado los discursos y politicas económicas urbi et orbi en todo este período de hegemonía neoliberal. Teoría a la vez que falsa, inmoral. ¿Hasta dónde deben enriquecerse los ricos? ¿Quien pone los límites a su avidez? ¿Cuanto tiempo deben permanecer los pobres con la nariz pegada en el cristal de los escaparates del despilfarro?

Esta posición, supuestamente progresista, comprada y utilizada por derechas e izquierdas, estas últimas sin sonrojarse, durante más de veinte años, ha servido para postergar cualquier estrategia de reparto de riqueza, en particular en los países de América Latina. Todas las evidencias muestran que las transferencias de riqueza no se han producido en ninguno de los países de la región, incluyendo, por supuesto, el que se supone más existoso: Chile. El famoso "crecimiento con equidad" sólo ha conducido a limitadas políticas asistenciales diseñadas como contrapeso a la barbarie neoliberal, hija de la dictadura y no como un cambio del modelo de acumulación.

La religión del crecimiento, vendida a los subditos como promesa de consumo, como toda religión, es un opiaceo adormecedor cuando llama a tener fe en el reparto de los panes y los peces sin mediación de políticas explícitas de distribución. Entre otras cosas, la religión del crecimiento oculta el hecho de que la riqueza producida en un porcentaje importante no vuelve a la sociedad que la creó, ni siquiera a sus propios empresarios. Una parte muy importante se volatiza en los espacios financieros abstractos, etéreos y tendencialmente impredecibles. Aquí, el dinero se transforma en dinero sin pasar, necesariamente, por el mundo de la producción y cuando lo hace es para estimular las producciones excesivas, superfluas, riesgosas o dañinas desde el punto de vista medioambiental. La debilidad de los capitalismos nacionales frente al capital financiero globalizado nunca ha sido tan brutal.

Nuestra visión como decrecentistas es que las políticas de decrecimiento deben ir juntas con politicas de redistribución, tanto en los paises centrales como en los periféricos. Propugnamos una equidad sin crecimiento. El decrecimiento pone límites a la avidez del capital y, a la vez, expande la apropiación social del trabajo de todos. Apostamos por sociedades autoorganizadas, "desde abajo y a la izquierda", dentro de un proyecto de austeridad. No es cierto que en las sociedades perifericas no puedan aplicarse la exigencia decrecencista de la austeridad común. Con todas las diferencias del caso, en muchas de ellas existen importantes capas sociales con sobreconsumo, despilfarro y ecológicamente destructivas. Esos sectores, algunos de los cuales han incrementado groseramente en estas últimas décadas sus ingresos y beneficios, son candidatos preferentes para una limitación redistributiva.

16 de mayo de 2010

Podas salvajes


Todos los años, en primavera, los que apreciamos a los árboles en general y a los urbanos en particular, sufrimos y nos indignamos por las podas salvajes que las subcontratas del Ayuntamiento de Madrid infringen a nuestro patrimonio vegetal. Fuera de época, cuando ya los brotes comienzan a dar nueva forma a las ramas, sin diferenciar entre especies y modificando las configuraciones naturales de las copas, pequeños batallones de podadores, vociferantes, ruidosos y agresivos comienzan su tarea destructiva armados de sus infernales motosierras. El resultado son árboles sobrepodados, enjutos, heridos, debilitados y sin identidad, sometidos a la cirugía amputadora e ignorante de la máquina institucional.

La explicación de estas prácticas está clara. Se trata de cumplir con las exigencias cuantitativas de poda derivadas de los contratos entre esas empresas y el Ayuntamiento. Seguramente les pagan por ejemplares cortados, o por calles o por cualquier otro criterio económico ajeno a los tiempos y a las características de los árboles. Nuevamente, la máquina productivista arrasa con la diferencia y los matices, es decir, con lo vivo. Transforma las podas excepcionales en podas de mantenimiento anuales; las podas de cuidado en talas violentas, por supuesto "creando empleo".

Las podas salvajes son agresiones sistemáticas a la naturaleza, aunque sea la domesticada en las ciudades, y a las personas. Expresan una lógica uniformizadora y autoritaria que merece respuestas políticas.

Ver otras referencias a las podas salvajes y a los tipos y sentido de las podas en general.

13 de mayo de 2010

Vergüenza


Un ave bañada en petroleo es una expresión de barbarie. Barbarie de bárbaros humanos con nombre y apellidos. Barbarie de la alianza del poder tecnológico y del poder petrolero, fusionados para el avasallamiento de la naturaleza. Un ave bañada en petroleo es un dolor y una vergüenza.
Foto: El País.

8 de mayo de 2010

Erosión


Volví a mi tierra verde
y ya no estaba
ya no
estaba
la tierra
se había ido
con el agua
hacia el mar
se había marchado (...)

Tierra
qué darás a tus hijos
madre mía
mañana
así
destruida
así arrasada
tu naturaleza
así desecha
tu matriz eterna
qué pan repartirás
entre los hombres (...)

Pablo Neruda."Oda a la erosión de la provincia de Malleco".
Nuevas odas elementales. 1956.

4 de mayo de 2010

Decrecimiento o barbarie


Desde el original enunciado de Marx, retomado por Rosa Luxemburgo, pasando por el grupo francés de la postguerra del mismo nombre, liderado por Castoriadis y Lefort, y la utilización por parte de algunos grupos y publicaciones en la actualidad, la oposición Socialismo o Barbarie ha sido empleada para indicar una disyuntiva trágica. La barbarie se avalanzaría sobre la humanidad si ésta no se encaminaba hacia alguna forma de socialismo.

Pero ahora la barbarie tiene ahora tintes medioambientales y el enunciado ha sido recuperado desde el campo decrecentista por dos autores: Paul Aries y Paolo Cacciari en sendos libros. Cacciari señala que “decrecimiento o barbarie es una afirmación fuerte, que he robado a Paul Ariès” (Decroissance ou barbarie, Golias, Lyon, 2005) y que la utiliza “porque aún no he conseguido imaginarme una sociedad más densa de sentido que aquella capaz de autoorganizarse pidiendo ‘a cada cual según sus capacidades’ y devolviendo a ‘cada uno según sus necesidades’. Una idea de sociedad que integra derechos y deberes, justicia e igualdad en un marco de democracia auténtica y sustancial. Nada menos que un nuevo humanismo o, para ser más exactos, un ‘biohumanismo’ capaz de recomponer una visión integrada del hombre y del mundo que interprete al ser humano como un sujeto interna y vitalmente conectado con la naturaleza [...] en la causalidad compleja que liga a todos los seres vivos”

La disyuntiva decrecimiento o barbarie llama a la toma de partido en un momento histórico de bifurcación de caminos. La opción por el decrecimiento se inscribe en una vía lúcida y no ingenua que apuesta por agotar el territorio de lo posible sabiendo que lo probable juega en contra nuestra. Lo más probable es la barbarie pero la vía decrecentista no es una posibilidad nula. La tarea de la imaginación decrecentista consiste en proponer colectivamente formas y contenidos nuevos para un mundo agotado y apesadumbrado. A partir de una lucidez descarnada estamos construyendo una utopía razonable y paradójica que llama a diseñar y construir aquí y ahora una sociedad no productivista y convivencial. Mucho tiempo no queda porque algunos de los botones del desastre ya han sido tocados. El ‘biohumanismo’ del que habla Cacciari tendrá que sortear muchos obstáculos para constituirse en un referente común. Pero las utopías, como él mismo afirma, son como las estrellas para los navegantes de la noche: nadie piensa en alcanzarlas, pero ayudan a mantener el rumbo.

Este texto apareció publicado originalmente en DecrecimientoMadrid

2 de mayo de 2010

Perdonen las molestias, pero esto es decrecimiento

Cuentan que cuando los zapatistas, en su primer alzamiento, tomaron San Cristobal de las Casas, quedaron atrapados en medio del conflicto unos turistas que no dejaban de protestar y hacer demandas ajenas a la realidad de la situación en la que se encontraban. Vázquez Montalbán en su libro "Marcos: "El señor de los espejos", lo relata así:
-¿Nos van a dejar ir-preguntó [uno de los turistas]. Los turistas habían sido notificados de que podían regresar a su hogares el 2 de febrero.
-¿Porqué se quieren ir?-contestó con ironía el hombre del pasamontañas. Disfruten de la ciudad.
-Algunos preguntaron a gritos si podían ir en automóvil a Cancún. Todos querían hablar al mismo tiempo. Un guía que viajaba con un grupo de turistas decía que tenía que llevarlos a las ruinas de Palenque. Que no podía esperar más tiempo. Marcos perdió la paciencia pero no su sentido del humor.
-El camino de Palenque está cerrado-dijo-Tomamos Ocosingo. Perdonen las molestias, pero esto es una revolución.

Los turistas del relato pueden ser considerados una caricatura, no falsa, de la ceguera de la mayoría de las personas frente a las evidencias que les rodean. Así como esos turistas no asumían el cambio de su situación producto de la emergencia del conflicto en la zona y por lo tanto, del cambio en las reglas del juego, los consumidores pertenecientes a los percentiles privilegiados del mundo, no han asumido los datos, las evidencias y las razones por las cuales las prácticas de excesos y despilfarros están llegando a su fin. La mayoría, como esos turistas "desubicados", plantean demandas ajenas a la realidad; su imaginario es el de la abundancia ilimitada y el de su derecho a tenerla. Pero la situación es otra: lo que viene por las malas o por la buenas, será una reducción drástica de esos excesos. Si es por las malas, un horizonte de conflictos y barbarie será el escenario más plausible. Si es por la buenas, es decir a través de un camino de decrecimiento pausado y razonado, la austeridad y la frugalidad común será lo inevitable. Frente a las quejas de aquellos a quienes no les gustará ver reducidos sus excesos, y parafraseando al subcomandante, tendremos que decir: perdonen las molestias, pero esto es el decrecimiento.

30 de abril de 2010

Cambio de rumbo e imaginación decrecentista


Nada más y nada menos. De lo que se trata es de cambiar el rumbo seguido hasta ahora por las sociedades humanas a partir de la bifurcación y la correspondiente opción productivista aparecida con el capitalismo industrial a mediados del siglo diecinueve. Esta opción productivista llegó al paroxismo en el siglo veinte, lejos el más destructor de todos, si no tomamos en cuenta al actual. Eso, si éste siglo que comienza llega a finalizar y no acaba inconcluso y catastróficamente como advierte el escenario más probable.

El cambio de rumbo es una necesidad y una posibilidad pero los dados de la historia están cargados y para mal. Sabemos lo que hay que hacer para lograr un bien vivir auténtico y no el sucedáneo consumista actual, pero la máquina termo-industrial es enorme y a su funcionamiento perverso contribuyen sus propias víctimas. No obstante, hay que seguir apostando por la posibilidad más débil, jugándoselo todo en el empeño.

El decrecentismo no es una doctrina de salvación derivada de una profecía apocalíptica. El derrumbe, decimos, no será una consecuencia de castigos divinos: lo será de la estupidez, la avidez, la insensatez y el deseo de poder de grupos sociales concretos, en la actualidad con nombre, apellidos y número de identificación fiscal conocidos. El derrumbe civilizatorio no viene incluido en los genes de la especie sino que es el resultado de las opciones que en cada momento tomaron los que tenían las riendas del carro de la historia. Y el conjunto de esas elecciones nos ha conducido hasta aquí: al límite definitivo, a la frontera final con la biosfera a la cual pertenecemos y nos debemos.

No hay profecía apocalíptica, entonces, sino un diagnóstico descarnado que no puede ofrecer salvación sino orientaciones para una lucha de largo aliento que implicará tanto enfrentamientos directos y estrategias de contrapoder como procesos sociales de desconexión o “deserción masiva” de los modelos de conducta dominantes (Paolo Cacciari). La elección de unos caminos u otros por parte de los objetores del crecimiento dependerá de sus particulares condiciones subjetivas, éticas, culturales y políticas. El decrecentismo no prescribe unos modos u otros para ejercitar la decencia y la voluntad de cambio de rumbo. No es una apuesta por la salvación de algunos, sino por los derechos de las mayorías y minorías, sociales y biológicas, que viven en este planeta.

La imaginación decrecentista es el requisito para el cambio de rumbo. Significa la prefiguración del mundo deseado y de las formas de llegar a él explorando otros caminos en las bifurcaciones de la historia. El decrecentismo no delega en vanguardias supuestamente esclarecidas la concepción y el diseño de las formas convivenciales sino que promueve el derecho a la imaginación en todo el cuerpo social. Imaginar es un ejercicio de libertad que sostiene los proyectos de decrecimiento que promovemos. Imaginar es también un ejercicio de contrapoder. Y el campo de la imaginación decrecentista es inmenso, total, infinito, sin más límites que los que la propia energía creativa colectiva se imponga a sí misma. La imaginación y la inventiva participativa es el fundamento de las prácticas por el decrecimiento.

En Decrecimiento Madrid estamos explorando esa imaginación decrecentista realizando talleres internos para ayudar a configurar los proyectos comunes que sostienen nuestro hacer (Talleres de Imaginación Decrecentista). Se trata de recuperar el deseo colectivo a partir de la explicitación de los deseos individuales, bajo una lógica y una ética de construir “lo común de lo diverso” mediante procesos dialógicos abiertos. En eso estamos.


Artículo publicado originalmente en Decrecimiento.info

22 de abril de 2010

Racismo, barbarie y decrecimiento


La xenofobia y el racismo son formas de la barbarie. Un mundo en crisis, social y ecológica, acentuará estas conductas que siempre palpitan en las colectividades humanas. Hace ya tiempo que en Europa se debilitaron los controles sociales, culturales y políticos antidiscriminatorios. La veda ya se ha abierto y las expresiones directa y literalmente racistas y xenófobas campan a sus anchas en los discursos mediáticos y políticos. Italia es el paradigma de esta barbarie (aunque en España las cosas siguen el mismo camino). En el contexto de unas fuerzas progresistas debilitadas y una crisis económica sin fecha de caducidad el fascismo y el neofascismo han retomado en ese país la capacidad de seducir a las masas con sus enunciados simplones. "I governanti della paura", los gobernantes del miedo, como los llama Moni Ovadia (“Il governo e la legge dell’odio”, “L’Unità”, 14 novembre 2009 – http://www.unita.it/) se han sacado la mordaza y su discurso grosero, rebozante de impunidad, circula sin problemas degradando la convivencia de un país entero.

No cabe duda que tanto en italia como en el resto de Europa debe existir una toma de partido explícita y activa del movimiento decrecentista contra las discriminaciones racistas y xenófobas. Este no es un tema marginal para el decrecentismo: la apuesta por la convivencialidad y la solidaridad así lo exige.

21 de abril de 2010

Caos aéreo y programa decrecentista

La erupción de un volcán con nombre impronunciable a miles de kilómetros de distancia ha creado una crisis de importancia en la navegación aérea europea y con ella en la mundial. El sistema ha activado las conductas de precaución y ha provocado el colapso. Los daños y los costos serán enormes. Paul Virilo hace ya tiempo que advirtió del potencial de peligro del sistema tecnológico interconectado planetario, la excerbación de su velocidad y sus probables crisis catastróficas. Ya hemos visto sus manifestaciones en el caso financiero.

Un mundo inteconectado y centralizado como el actual tiene siempre el potencial de desastre. Nos han dicho que estamos en la fase de la "sociedad red" donde los nodos independientes actúan como fusibles evitando la extensión del daño. Pero eso es parcialmente cierto: existen nodos centrales con mayor poder que otros y, por lo tanto, sus vicisitudes tiene más impactos en los demás. Lo nodos aeroportuarios europeos son nodos centrales que han interferido en el sistema total de navegación y con ello en el sistema económico y sus subsistemas turísticos, de transporte, comercio etc. La situación ha puesto en evidencia la relevencia del transporte aéreo para el actual modelo de sociedad global y, al mismo tiempo, la fragilidad de su funcionamiento. Antes lo habían hecho los atentados del 11-S.

La limitación del transporte aéreo y sus abusos debe formar parte del programa decrecentista. La economía mundial se basa en grado importante en este tipo de medio que es un consumidor intenso de energía, altamente contaminante y que favorece los procesos de deslocalización productiva y las diferentes expresiones del colonialismo. La utopía decrecentista afirma la excepcionalidad de los viajes a larga distancia y apuesta por la utilización de otros medios más acordes con las exigencias medioambientales privilegiando los intercambios de corto recorrido que favorezcan el desarrollo de las sociedades, las economías y las culturas locales. El decrecentismo promueve un autentica sociedad red con nodos a la vez integrados e independientes dentro de una lógica de agrupar "lo común de lo diverso" en un espacio de austeridad y lentitud. No queremos ir de prisa a ninguna parte.

18 de abril de 2010

Siglo veinte cambalache

John R. McNeil, en su interesante libro "Algo nuevo bajo el sol" narra la historia medioambiental del mundo en el siglo veinte. Lo define como un período "ecológicamente convulso", un "siglo despilfarrador" que ha cambiado definitivamente la relación de la especie humana con la naturaleza. "La acción humana ha alterado biológica, química y físicamente la superficie de la Tierra". Sus indicadores más relevantes son: aumento exponencial de la producción y consumo de energía, de la población, de la acumulación, del consumo y de la contaminación.

Ha sido el siglo más dañino para para la biosfera, especialmente después del segunda guerra mundial. Los "gloriosos" treinta años que la siguieron desde el punto de vista económico son, al mismo tiempo, los más desastrosos desde el punto de vista medioambiental. Pocas evidencias hay más claras de la relación entre aumento del PIB y destrucción de la naturaleza. Por eso, algunos definen al PIB como un indicador de la catástrofe.

Este pequeño momento en la historia humana tendrá consecuencias impredecibles para el destino de la biosfera. En este siglo "problemático y febril" los actores económicos, políticos y tecnológicos desarrollaron sus contabilidades sobre la errada e interesada hipótesis de la abundancia y la infinitud del planeta. Y estos son los lodos que quedaron después de sus apuestas irresponsables.

17 de abril de 2010

Biodiversidad y sociodiversidad


Caminar por el campo, por un bosque, incluso por una zona árida, nos lleva al encuentro con lo distinto, con lo diverso; con las mil y una formas de la vida realizada en especies vegetales y animales y sus interacciones. Esta biodiversidad, desde hace ya tiempo, peligra por la acción antrópica. La acción humana, enmarcada dentro de un sistema productivo depredador, destruye la diferencia en la naturaleza.

La agricultura y la ganadería intensiva proyectan sobre la naturaleza el mismo esquema uniformizador, lineal y mimético que organizó a la fábrica y a los trabajadores dentro de ella. La fábrica y su cadena de montaje redujo la sociodiversidad del artesanado. Fraccionó los tiempos y los movimientos y los integró en una cadena monótona infernal que castra la creatividad individual. Ese "encadenamiento", figurado y literal, alcanza en la agricultura indstrializada el paroxismo: la ingeniería genética promovida por los grandes laboratorios reduce la biodiversidad y promueve formas industrializadas y dependientes de cultivo. Los enormes campos de soja trangénicos son ejemplos de formas "biocidas" y "sociocidas" de producción. Reducen el rango de la vida vegetal posible de cultivar y encadenan a los agricultores a saberes y prácticas ajenos a su cultura. Biología y sociedad son víctimas de la misma ofensiva uniformizadora del productivismo desquiciado.
Foto: Cultivos de soja transgénica en el Amazonas

Citas (7) Izquierdas y decrecentismo

“Que el decrecimiento es un proyecto político de izquierdas constituye para mí una evidencia porque se fundamenta en una crítica radical a la sociedad de consumo, al liberalismo y retoma la inspiración original del socialismo. En primer lugar, como crítica radical de la sociedad de consumo, del desarrollo o del desarrollismo, se convierte en una crítica inmediata del capitalismo. El crecimiento no es sino el apelativo “vulgar” de lo que Marx analizó como acumulación ilimitada del capital, fuente de todas las contradicciones e injusticias del capitalismo.

Puesto que el crecimiento y el desarrollo son respectivamente crecimiento de la acumulación del capital y desarrollo del capitalismo, por lo tanto, explotación de la fuerza de trabajo y destrucción ilimitada de la naturaleza, el decrecimiento no puede ser sino un decrecimiento de la acumulación, del capitalismo, de la explotación y de la depredación. No se trata tanto de ralentizar la acumulación como de cuestionar el concepto mismo para invertir el proceso destructor. En segundo lugar, el decrecimiento también es, evidentemente, una crítica radical del liberalismo, entendido como el conjunto de valores que subyacen a la sociedad de consumo”

Serge Latouche

27 de marzo de 2010

Citas (6) Gusto por el humo


"Cuando la humanidad ocupó las cavernas y empezó a quemar leña para calentarse y cocinar, comenzaron a contaminarse los espacios interiores. Muchas cuevas habitadas hace milenios conservan sobre sus paredes una pátina de humo, y es de suponer que sus moradores padecieron dolencias pulmonares y oculares derivadas de su exposicíon a él. En los cadáveres momificados de los hombres del paleolítico son comunes los pulmones ennegrecidos. Cuando los seres humanos construyeron sus propias moradas, no lograron en muchos casos ventilarlas (quizás porque deseaban mantener a raya a los mosquitos) y vivieron envueltos en una cortina de humo. Algunos de los efectos de la contaminación sobre la salud les acompañaron luego durante muchos miles de años" McNeill, J.R. Algo nuevo bajo el sol. Historia medioambiental del mundo en el siglo XX. Alianza Ensayo. Barcelona 2003.


Al parecer, el fuego, la producción de calor y luz, le ha traido lo mejor y lo peor a este homínido listillo. Desde la caverna y la choza calentadas e iluminadas hasta la ciudad termonuclear ese fuego nos ha acompañado creando, a la vez, las condiciones de posiblidad de nuestra existencia social y de nuestra desaparición de la faz de la tierra.