Mostrando entradas con la etiqueta decrecimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta decrecimiento. Mostrar todas las entradas
1 de enero de 2013
Las formas de habitar la tierra y el tiempo
La tierra ha estado casi siempre ahí. El tiempo geológico se mueve no cabe duda, pero el tiempo de la vida es mucho más rápido y el humano ya ni te cuento. Este tiempo humano se ha impuesto a todo los sistemas naturales. Pero hablar de tiempo humano es una simplificación que olvida que el tiempo humano es variable histórica, geográfica y culturalmente. El tiempo humano no puede dejar de ser un tiempo social y como tal condicionado por las formas técnicas y tecnológicas de habitar la tierra, por la forma de interferir en ella y modificarla. La intervención del animal humano sobre la naturaleza esta mediada por las diferentes y contingentes formas de la producción.
La revolución industrial aceleró notablemente el tiempo social, pero ya lo venían haciendo con mucho más relajo, eso sí, la rueda, los carruajes, los barcos, el catalejo, el molino de viento etc. La historia de la técnica y la tecnología es la historia de la velocidad y la aceleración crecientes. La crónica de los grandes desastres antrópicos es también la de la aceleración del tiempo como lo expresan la hecatombe de la biodiversidad y sociodiversidad, el calentamiento climático y el peak oil. En todos ellos se observa la inyección de tiempo productivista.
El famoso "tiempo real" que tanto alegra a los tecnofílicos y con el cual han logrado convencer a casi todos acerca de su bondad, es el tiempo de la máquina digital y su alimento básico es la codificación universal de objetos y sujetos.Digitalización y aceleración universales van de la mano; se estimulan mutuamente, se necesitan mutuamente. Por el contrario, el decrecimiento tiene que ver, entre otras cosas relevantes, con una desaceleración de la producción de la cultura, de la vida y el tiempo social. La idea de comunidad significa la creación de esferas autónomas, paralelas, de tiempos liberados de la vorágine productivista. Lo común es también tiempo común y ese tiempo debería ser el de la pausa, de la escansión, de la mediación y la introspección. La objeción decrecentista es ambición de parsimonia y calma. Los mecanismos de apertura sistémica deben ser complementados con mecanismos de cierre frente al ruido y la velocidad del entorno enloquecido.
14 de mayo de 2012
Gassho, animales y ética decrecentista
Gassho es un gesto del budismo Zen, y de otras tradiciones culturales y religiosas, que expresa “respeto por todas las existencias”. “Dirige el espíritu por encima del ego y de las consideraciones personales. Gassho crea armonía entre los seres, por muy diferentes que sean. Cuando la acción es la justa, el mundo se vuelve justo. Cuando hacemos sinceramente gassho por los demás, se crea una mutua simpatía. Si lo hacemos por el universo entero, incluso los árboles, las montañas y los ríos sienten esta simpatía y nos la devuelven a su vez. Un murmullo acompaña a las dos manos tocándose suavemente y una ligera inclinación de la cabeza”.
Un gesto austero, como todo el ritual Zen cargado de sentido y ética. Una aspiración de “convivencialidad” (Illich) que debería llenar todas nuestras miserias cotidianas y una buena guía para una necesaria ética decrecentista. Respeto por todas las existencias, las más cercanas y las más lejanas, las grandes y las ínfimas, las humanas y las no humanas. Una meta difícil en medio de tantos egoísmos personales y colectivos; en medio de tantas derrotas.
Todo esto viene a cuento de un vídeo realizado por la asociación protectora de animales El Refugio, donde con crudeza se muestra lo que unos desalmados pueden hacer con un animal, esta vez con una perra a la que enceguecieron con disparos de perdigones algunos miembros de la estúpida ralea de cazadores. Junto con el sufrimiento indecible que esos descerebrados causaron al animal aparece la otra cara posible de la conducta humana: la de aquellos que la recogieron, la cuidaron, la curaron regalándole una nueva oportunidad de vida.
Gassho
Ver video
Etiquetas:
animales,
decrecimiento,
El Refugio,
ética,
Gassho
30 de abril de 2012
Iván Illich
El movimiento decrecentista, como
se sabe, no se basa en un cuerpo ideológico unificado. Es el
resultado de propuestas, intuiciones, críticas y utopías fraguadas a lo largo
del siglo veinte por diversos autores. Uno de ellos, que no utilizó el término
decrecimiento, pero que anticipó muchos de sus análisis e intuiciones, fue Iván
Illich. Austriaco de nacimiento pero cosmopolita por circunstancias familiares
y políticas; perseguido por ser judío durante los años de la barbarie fascista
y finalmente afincado en Méjico donde en los años sesenta fundó el CIDOC
(Centro Intercultural de Documentación) importante espacio
multidisciplinar que pervivió hasta 1976. Físico, historiador y filósofo,
Illich es conocido por sus estudios críticos sobre educación (“La sociedad
desescolarizada”) pero también por el concepto de “convivencialidad” y sus
críticas a la industrialización y a la tecnología subordinada a ella.
Illich, ya en los años cincuenta y
sesenta, se planteaba una crítica a los excesos del productivismo que ponían en
cuestión la misma viabilidad de la sociedad. “La sociedad puede ser destruida
cuando el futuro crecimiento de la producción en masa convierte el entorno en
hostil, cuando extingue el uso libre de las habilidades naturales de los
miembros de una sociedad, cuando aísla a las personas entre sí y las encierra
en un caparazón artificial, cuando socava el tejido comunitario promoviendo una
polarización social extrema y una especialización desintegradora o cuando una
aceleración cancerosa impone el cambio a un nivel que excluye los precedentes
legales culturales y políticos como directrices formales del comportamiento
presente”, afirmaba Illich.
Para Illich “la superproducción
industrial de un servicio tiene efectos secundarios tan catastróficos y
destructivos como la superproducción de un bien”. Sobre esta idea basa su
teoría de los “umbrales de mutación”. De acuerdo a ésta a partir de un
determinado umbral de desarrollo, un sistema (la educación, la medicina, la
industria etc.) produce precisamente lo contrario de lo que en teoría es su
fin. La medicina, encargada de paliar las nuevas enfermedades para asegurar el
funcionamiento de la “mega máquina productiva”, produce nuevas enfermedades
relacionadas con los tratamientos. El sistema educativo por su parte, encargado
de asegurar la adaptación del hombre a la mega máquina y sus necesidades de
consumo produce automatismos e ignorancia. De la misma manera, la
industria automovilística confundió la buena circulación con la alta velocidad
dificultando y encareciendo la movilidad y esclavizando al ciudadano en
relación al automóvil.
Conviene reeler a Illich.
Conviene reeler a Illich.
6 de abril de 2012
Contra la corriente
La propuesta por el decrecimiento puede resultar esotérica, extravagante o simplemente insensata en estos tiempos de crisis económica donde la obsesión es “retomar la senda del crecimiento”. Pero ya hemos visto en el post anterior, en qué lado de la vida se encuentra la sensatez. Por ello, es necesario insistir en ella y nadar contra la corriente; nadie nos prometió un jardín de rosas. Apoyémonos en algunos documentos de la Subcomisión de Decrecimiento de la Asamblea de Barcelona del 15M. Allí se dice: “La crisis no es sólo un problema de especulación financiera, es también una crisis de sobreproducción y de sobreexplotación de la gente y de los recursos naturales, consecuencia inevitable de un sistema de producción y consumo basado en el crecimiento indefinido”.
Es decir, nuestra crisis no es su crisis, por lo tanto las soluciones son distintas. "Hay dos estrategias muy diferentes para hacer frente a los problemas causados por la crisis”. Una que pasa “por repartir: la riqueza, el tiempo de trabajo, las viviendas vacías... para que todo el mundo tenga sus necesidades cubiertas. Y otra que pasa “por intentar crecer: Tomar medidas que, según dicen, reactivarán la economía, crearán empleo etc.”
Los decrecentistas “no queremos sólo la igualdad de acceso al trabajo y al consumo, es decir la igualdad en la explotación de la gente y de la naturaleza, queremos también suprimir esta explotación, lo que implica decrecer el nivel total de producción y consumo empezando por los que explotan más o mucho mas que los demás, construyendo una economía adaptada a la capacidad de regeneración de los ecosistemas y una sociedad liberada de la competencia constante entre personas y entre territorios”
Es evidente que la solución decrecentista será la solución perdedora, por el momento. No tenemos la capacidad política para influir en los acontecimientos. Pero la victoria táctica del productivismo será su derrota estratégica. No podrán volver a sus indicadores anteriores porque no existe posibilidad ecológica ni energética para hacerlo. Dentro de sus mismas promesas no pueden ofrecer sino empobrecimiento creciente. El modelo de expansión de la producción y consumo de la posguerra no puede repetirse sino a cambio del colapso ecológico. La austeridad o simplicidad voluntaria del decrecentismo es una respuesta sensata frente a las ilusiones del productivismo delirante. (Ver también Redoux).
Es decir, nuestra crisis no es su crisis, por lo tanto las soluciones son distintas. "Hay dos estrategias muy diferentes para hacer frente a los problemas causados por la crisis”. Una que pasa “por repartir: la riqueza, el tiempo de trabajo, las viviendas vacías... para que todo el mundo tenga sus necesidades cubiertas. Y otra que pasa “por intentar crecer: Tomar medidas que, según dicen, reactivarán la economía, crearán empleo etc.”
Los decrecentistas “no queremos sólo la igualdad de acceso al trabajo y al consumo, es decir la igualdad en la explotación de la gente y de la naturaleza, queremos también suprimir esta explotación, lo que implica decrecer el nivel total de producción y consumo empezando por los que explotan más o mucho mas que los demás, construyendo una economía adaptada a la capacidad de regeneración de los ecosistemas y una sociedad liberada de la competencia constante entre personas y entre territorios”
Es evidente que la solución decrecentista será la solución perdedora, por el momento. No tenemos la capacidad política para influir en los acontecimientos. Pero la victoria táctica del productivismo será su derrota estratégica. No podrán volver a sus indicadores anteriores porque no existe posibilidad ecológica ni energética para hacerlo. Dentro de sus mismas promesas no pueden ofrecer sino empobrecimiento creciente. El modelo de expansión de la producción y consumo de la posguerra no puede repetirse sino a cambio del colapso ecológico. La austeridad o simplicidad voluntaria del decrecentismo es una respuesta sensata frente a las ilusiones del productivismo delirante. (Ver también Redoux).
Etiquetas:
15M,
Crisis,
decrecimiento
31 de marzo de 2012
Un tipo sensato
La sensatez es amiga del buen juicio y del sentido común. En general, los decrecentistas queremos decir, y creemos que decimos, cosas sensatas aunque algunas de ellas sean paradójicas. Pensamos que hablamos una prosa sensata. Decrecer es paradójico pero sensato, o al revés. Afirmar con rotundidad que es imposible un crecimiento económico infinito en una biosfera finita es sensato. Ser objetores del crecimiento es una posición ética y política sensata, o eso creemos.
Paul Ariés, decrecentista, tal como lo vemos en los vídeos, parece un tipo un poco excéntrico, vehemente y enfático, es decir, francés. Pero dice cosas sensatas, es decir, de sentido común, es decir extrañas para muchos, en fin. Veamos algunas de sus sensateces.
Sensato ¿no?
Paul Ariés, decrecentista, tal como lo vemos en los vídeos, parece un tipo un poco excéntrico, vehemente y enfático, es decir, francés. Pero dice cosas sensatas, es decir, de sentido común, es decir extrañas para muchos, en fin. Veamos algunas de sus sensateces.
“El decrecimiento es una palabra obús que sirve para decir que la solución no está en el siempre más; en el siempre más producción, más consumo.
“Hemos alcanzado los límites del planeta”
“Hoy es necesario conectar con otra manera de vivir. Otro estilo de vida social y ecológicamente responsable”
“El decrecimiento no es el decrecimiento de todo para todos. El decrecimiento debe ser necesariamente equitativo y selectivo. Los primeros que tienen mucho que ganar con el decrecimiento son los más pobres”
“Yo diría que el decrecimiento es el retorno de los que comparten y para nosotros el primero de los decrecimientos debe ser el de las desigualdades sociales”
“La gratuidad la llevamos en el corazón, es el recuerdo del paraíso perdido, del seno materno, de relaciones de amor o amistad, pero también engloba los servicios públicos y los bienes comunes”
“La gran lucha del siglo XXI no será por el poder adquisitivo sino por defender y extender la esfera de la gratuidad”
“(Pero no la gratuidad de todo) organicemos la gratuidad del buen uso, junto al encarecimiento, incluso prohibición del mal uso. ¿Porqué pagar al mismo precio el agua para limpiar que el agua para llenar una piscina privada? Y esta lógica vale para la energía, para los desplazamientos..."
“La crisis medioambiental hace inaplazable la gran cuestión histórica que es la cuestión del reparto. Y es es el motivo por el cual el discurso del decrecimiento no es un discurso para “llamar a la responsabilidad” y menos un discurso de culpabilización. El objetivo es suscitar el deseo, promover en la gente ganas de cambiar y eso requiere demostrar que vivir de otra forma es posible y requiere descolonizar nuestro imaginario”
“Einstein decía que cuando uno tiene la cabeza en forma de martillo ve todos los problemas en forma de clavo. Mientras tengamos la cabeza formateada por los economistas, sean de izquierdas o de derechas, siempre buscaremos la solución al conjunto de los problemas en el “siempre más”. Esto nos llevará hacia el muro, en el plano social, en el plano medioambiental, en el plano humano”
“Nuestra sociedad se ha zambullido totalmente en la desmesura. Hemos perdido la capacidad de ponernos límites. Cuando un individuo es incapaz de ponerse límites los buscará en lo real: en el desarrollo de conductas de riesgo, en las toxicomanías, en el suicidio. Y cuando una sociedad como la nuestra es incapaz de ponerse límites también va a buscarlos en lo real: en el calentamiento global, en el agotamiento de los recursos, en la explotación obscena de las desigualdades sociales"
"Por lo tanto, la gran cuestión del siglo XXI es reconectar con la capacidad de ponerse límites y para eso hay que olvidarse del economicismo, de esa idea de que “más” significará necesariamente “mejor”. Dejar el economicismo para reconectar con la cultura, porque la cultura es lo que nos inmuniza contra los fantasmas más arcaicos: el culto a la omnipotencia, la idea de un mundo sin límites. Y después reconectar de nuevo con la política, porque la política es antes que nada la definición de la ley, lo que nos lleva la pregunta por el propósito de la ley. ¿Es una ley hecha en interés de la mayoría o de una pequeña minoría? Creo que el desarrollo actual del movimiento por el decrecimiento es una señal de recomposición política que se está desplegando a escala internacional. El decrecimiento no es un asunto francés, el decrecimiento existe en América Latina, América del Sur, existe en África y Asia. No necesariamente con la misma palabra pero sí con la misma esperanza. Cuando los indígenas hablan de “buen vivir”, cuando los africanos hablan de una vida buena. Al fin y al cabo esta misma búsqueda de un nuevo vocabulario para construir una emancipación. Una emancipación que sea beneficiosa, obviamente, para la mayoría de los humanos"
"Por lo tanto, la gran cuestión del siglo XXI es reconectar con la capacidad de ponerse límites y para eso hay que olvidarse del economicismo, de esa idea de que “más” significará necesariamente “mejor”. Dejar el economicismo para reconectar con la cultura, porque la cultura es lo que nos inmuniza contra los fantasmas más arcaicos: el culto a la omnipotencia, la idea de un mundo sin límites. Y después reconectar de nuevo con la política, porque la política es antes que nada la definición de la ley, lo que nos lleva la pregunta por el propósito de la ley. ¿Es una ley hecha en interés de la mayoría o de una pequeña minoría? Creo que el desarrollo actual del movimiento por el decrecimiento es una señal de recomposición política que se está desplegando a escala internacional. El decrecimiento no es un asunto francés, el decrecimiento existe en América Latina, América del Sur, existe en África y Asia. No necesariamente con la misma palabra pero sí con la misma esperanza. Cuando los indígenas hablan de “buen vivir”, cuando los africanos hablan de una vida buena. Al fin y al cabo esta misma búsqueda de un nuevo vocabulario para construir una emancipación. Una emancipación que sea beneficiosa, obviamente, para la mayoría de los humanos"
"Algo que tal vez caracteriza al decrecimiento es que rechazamos soluciones que solo sean válidas para el mapa hexagonal (Francia). Nosotros no queremos construir nuestro bienestar en detrimento de la mayoría de los pueblos. Pensamos que todos vivimos en el mismo planeta y que debemos y podemos salir de ésta todos al mismo tiempo. Pero no es una condena: al contrario es una esperanza extraordinaria. Promovemos el decrecimiento económico pero también el crecimiento en humanidad. Es lo que quiere resumir nuestro eslogan: menos bienes y más vínculos, más vínculos sociales, más vínculos humanos"
El decrecimiento hace cosas nuevas con cosas viejas. En cierto modo, conecta con un discurso religioso, la pobreza evangélica. El decrecimiento conecta también con aspiraciones multiseculares como el derecho a la pereza o el derecho de vivir y trabajar en tu tierra. Pero es cierto es que a estos movimientos les han roto la cara en la historia. ¿Qué podría hacer que este movimiento estuviera hoy en condiciones de ganar? Creo que hay dos cosas que debe hacernos optimistas. En primer lugar lo que los sociólogos llaman la desmediación de la sociedad, el fin de las clases medias. Este fin puede ser lo peor si nos lleva al nihilismo, a la desesperanza, el sentimiento de impotencia, pero eso puede ser fantástico si posibilita que una generación entera sepa que no tiene nada que esperar del sistema. Es lo que vemos hoy en Túnez, en Egipto y es lo que veremos mañana en Grecia y en España y espero que también en Francia. Y luego algo que también me hace ser optimista es la crisis ecológica. Esta crisis es creíble: vamos hacia la pared. Pero, al mismo tiempo nos impide postergar la cuestión histórica que es la repartición. Nos obliga a convertirnos en “compartidores” o bien a aceptar la barbarie que viene. No podremos conseguir el bienestar de la gente a pesar de ellos. La única cosa que podemos hacer como objetores del crecimiento es intentar construir soluciones con la gente y demorar que aunque no podemos cambiar este mundo, al menos podemos construir otro”
Sensato ¿no?
Ver vídeo.
Etiquetas:
decrecimiento,
economicismo,
Paul Aries,
repartición
9 de marzo de 2012
La innovación y la imaginación como condición del decrecimiento
Entre los tópicos- y son muchos- contenidos en el discurso estándar sobre la innovación se encuentra aquel que señala que la innovación deber ser el "motor del crecimiento". Nada más lógico y razonable, pero equivocado y parcial. Ni el crecimiento económico, per se debe ser el objetivo de la economía ni la inteligencia ni la capacidad de innovación social tienen que estar a su servicio.Es posible modificar la actual "servidumbre voluntaria" de la capacidad de innovación a los imperativos productivistas. Non serviam.
El productivismo es una ideología encarnada hoy en el capitalismo cognitivo como antes lo estuvo en el capitalismo industrial. Sus rasgos de identidad son la desmesura y el avasallamiento de la sociedad y la naturaleza. No tiene conciencia de límites ni se sostiene por una ética de la responsabilidad colectiva. Justamente por esa carencia de base debe procurársela ideológicamente mediante adjetivos eufemísticos tales como "verde", "sostenible", "responsable" etc. La simulación y el maquillaje forman parte de su identidad.
Cuando el productivismo apela a la innovación como "motor" del crecimiento quiere significar con eso que necesita de la energía individual y colectiva para producir, cualquier cosa, en cualquier lugar del mundo, bajo cualquier condición laboral o ecológica etc. siempre y cuando al final del proceso aparezcan beneficios para los dueños del capital inicial. Schumpeter a mediados del siglo pasado, siguiendo a Sombart, describió esta dinámica como "destrucción creativa" encarnándola en la figura del emprendedor individual. Desde entonces esta idea se repite insistentemente en todos los manuales de innovación. Pero no es muy difícil darse cuenta que de lo que en realidad se trata es de "creatividad destructiva", es decir, la imaginación, la energía, y la creatividad puestas al servicio de destruir lo que ella misma ha creado. Esta doctrina llevada al paroxismo se expresa en la llamada "obsolescencia programada" que quiere decir la planificación del fin de los objetos para posibilitar su sustitución por otros funcionalmente equivalentes pero aparentemente diferentes. Una gran parte de la industria y por lo tanto de nuestro "modo de vida" está basada en la creación artificial de caducidad. Y esto es grave.
Pero la innovación no es un privilegio del productivismo. La innovación y la difusión de las innovaciones son una posesión común de la especie, un rasgo propio y distintivo. Se puede expresar bajo diversas formas históricas y sociales, no necesariamente relacionadas ni con la economía ni con la tecnología en su sentido tradicional. Hay innovación cuando se crea una red de cooperativas o un mercado social. Hay innovación cuando se diseña una plantación de frutales siguiendo los criterios de la permacultura. Hay innovación cuando se articula una red huertos urbanos. Hay innovación cuando se crea una plataforma online para apoyar el comercio justo y cuando se diseña un horno solar con desechos metálicos. Hay innovación cuando se crea una banca cooperativa y cuando se pone a punto una estufa rusa de masa térmica. Todos estos son ejemplos de creatividad, imaginación e innovación social, en total sintonía con las propuestas decrecentistas.
El decrecimiento, en tanto alternativa de organización de los vínculos entre los hombres y mujeres entre sí y con la naturaleza necesita, de la innovación social. La imaginación y la innovación constituyen las condiciones de posibilidad de una sociedad decrecentista. Ésta tiene que ser necesariamente innovadora, no hay otra alternativa. La presencia en un enunciado de los términos innovación y decrecimiento debería ser entendido casi como un pleonasmo.
El productivismo es una ideología encarnada hoy en el capitalismo cognitivo como antes lo estuvo en el capitalismo industrial. Sus rasgos de identidad son la desmesura y el avasallamiento de la sociedad y la naturaleza. No tiene conciencia de límites ni se sostiene por una ética de la responsabilidad colectiva. Justamente por esa carencia de base debe procurársela ideológicamente mediante adjetivos eufemísticos tales como "verde", "sostenible", "responsable" etc. La simulación y el maquillaje forman parte de su identidad.
Cuando el productivismo apela a la innovación como "motor" del crecimiento quiere significar con eso que necesita de la energía individual y colectiva para producir, cualquier cosa, en cualquier lugar del mundo, bajo cualquier condición laboral o ecológica etc. siempre y cuando al final del proceso aparezcan beneficios para los dueños del capital inicial. Schumpeter a mediados del siglo pasado, siguiendo a Sombart, describió esta dinámica como "destrucción creativa" encarnándola en la figura del emprendedor individual. Desde entonces esta idea se repite insistentemente en todos los manuales de innovación. Pero no es muy difícil darse cuenta que de lo que en realidad se trata es de "creatividad destructiva", es decir, la imaginación, la energía, y la creatividad puestas al servicio de destruir lo que ella misma ha creado. Esta doctrina llevada al paroxismo se expresa en la llamada "obsolescencia programada" que quiere decir la planificación del fin de los objetos para posibilitar su sustitución por otros funcionalmente equivalentes pero aparentemente diferentes. Una gran parte de la industria y por lo tanto de nuestro "modo de vida" está basada en la creación artificial de caducidad. Y esto es grave.
Pero la innovación no es un privilegio del productivismo. La innovación y la difusión de las innovaciones son una posesión común de la especie, un rasgo propio y distintivo. Se puede expresar bajo diversas formas históricas y sociales, no necesariamente relacionadas ni con la economía ni con la tecnología en su sentido tradicional. Hay innovación cuando se crea una red de cooperativas o un mercado social. Hay innovación cuando se diseña una plantación de frutales siguiendo los criterios de la permacultura. Hay innovación cuando se articula una red huertos urbanos. Hay innovación cuando se crea una plataforma online para apoyar el comercio justo y cuando se diseña un horno solar con desechos metálicos. Hay innovación cuando se crea una banca cooperativa y cuando se pone a punto una estufa rusa de masa térmica. Todos estos son ejemplos de creatividad, imaginación e innovación social, en total sintonía con las propuestas decrecentistas.
El decrecimiento, en tanto alternativa de organización de los vínculos entre los hombres y mujeres entre sí y con la naturaleza necesita, de la innovación social. La imaginación y la innovación constituyen las condiciones de posibilidad de una sociedad decrecentista. Ésta tiene que ser necesariamente innovadora, no hay otra alternativa. La presencia en un enunciado de los términos innovación y decrecimiento debería ser entendido casi como un pleonasmo.
17 de febrero de 2012
Contra el PIB
Como cualquier sistema de indicadores el PIB (Producto interior o interno bruto) es un constructo, un artificio contable diseñado para medir lo que la ciencia económica dominante entiende por producción de un país. Todo sistema de indicadores puede ser evaluado por lo que incluye y por lo que excluye. Los que conocemos incluyen cualquier tipo de actividad colectiva mientras genere actividad económica, mientras circule dinero, mientras se paguen salarios etc. Por ejemplo, la actividad madera está incluida en el PIB brasileño; las instalaciones mineras están incluidas en el PIB de países como Chile y constituyen un componente central de su economía; la construcción de estructuras ferroviarias para trenes de alta velocidad está incluido en el PIB español; la producción de impresoras está incluida en el PIB chino, etcétera. Pero el PIB brasileño no incluye ningún indicador que mida la destrucción de la selva amazónica, el PIB chileno no incluye el brutal consumo de agua no renovable y la contaminación de las capas freáticas; el PIB español no incluye la interrupción y destrucción de los ecosistema naturales que generan las líneas del AVE; el PIB chino no incluye las nefastas consecuencias medioambientales de los productos diseñados con criterios de obsolescencia programada…
Por eso el PIB es un indicador mentiroso. Sin embargo, la actual crisis se mide, entre otras formas por el descenso del PIB. Y en países como España continúa su camino cuesta abajo, lo que vaticina en los próximos meses una “recesión técnica”. Pero, desde una perspectiva decrecentista esto no debería ser una preocupación en sí misma. Es evidente que no podemos alegrarnos por las consecuencias que, en términos de paro, desahucios etc. y sus correlativos sufrimientos psicociales, trae aparejada la crisis de actual sistema, pero no cabe duda que se abre la posibilidad de reflexión y acción colectivas tanto sobre otras formas de actividad productiva como acerca de otras maneras de medirla.
A este decrecimiento “por las malas” que muestran los datos del PIB, debemos oponerle un decrecimiento "por las buenas”, es decir, un decrecimiento, a la vez razonado y ordenado pero radical, que implica una reformulación de las prioridades, los modos y las formas de medir las actividades económicas, con una exigencia de satisfacción de las necesidades de las mayorías dentro de un diálogo con la naturaleza y dentro de un horizonte temporal que incluya a las futuras generaciones.
PD: A propósito de este tema y otros: entrevista a Carlos Taibo en rtv.es
Etiquetas:
Carlos Taibo,
decrecimiento,
Obsolescencia,
PIB
15 de julio de 2011
Emprendedores y decrecimiento (1)
Recientemente la vicepresidenta económica de España, Elena Salgado, manifestó que los emprendedores son los actores principales del nuevo modelo productivo por el que su gobierno apuesta. La figura del emprendedor tiene una excelente imagen en todos los ámbitos sociales: la izquierda política lo ha aceptado con alegría y forma parte en muchos lugares de sus programas electorales. En España, como vemos, comienza en el discurso institucional a sustituir a la figura del trabajador como actor de los cambios necesarios para la "salida de la crisis". Esta sustitución no es trivial y dice mucho acerca de la visión de la izquierda liberal acerca de cuales son sus aliados principales dentro de su proyecto político.
El término emprendedor alcanzó su formulación más precisa con Joseph Schumpeter (1883-1950) y en el contexto de su "destrucción creativa" ha sido considerado como la quitaescencia de la energía capitalista.Por este motivo, la figura del emprendedor, combinación de riesgo, inventiva y capacidad innovadora debe ser adjetivada, de lo contrario los proyectos de innovación social al aceptarlo y utilizarlo corren el riesgo de "comprar" mucha ideología liberal sin darse cuenta.
Del perfil emprendedor debemos rescatar la imaginación, la capacidad de anticipar mundos posibles, la voluntad de cambiar situaciones deficitarias, el esfuerzo y la perseverancia etc. Pero el emprendedor no puede ser defendido per se. La mayoría de las conductas clasificadas como emprendedoras dejan bastante que desear desde el punto de vista de una ética solidaria. Muchas de las iniciativas, desarrolladas en el campo de los negocios son ecológicamente insustentables por despilfarradoras y ciegas a sus consecuencias medioambientales. Muchas de ellas más que adecuarse al modelo de la "destrucción creativa" son expresión directa de una perversa "creatividad destructiva", por ejemplo al someterse a los dictados de la obsolescencia programada. La inmensa mayoría de las seductoras y publicitadas innovaciones tecnológicas son banales, redundantes, superfluas y dañinas desde el punto de vista del bienestar colectivo.
El concepto de "emprendedor social", si no es un pleonasmo, puede indicar adecuadamente una diferencia tanto de medios como de fines en relación al emprendedor económico clásico. No obstante, probablemente sea necesario seguir buscando un término que defina con mayor precisión a esta figura social que no actúa movido por el interés pecuniario pero sobre todo que vincula su proyecto al destino de comunidades emprendedoras o comunidades de iniciativa social. No es un solitario aventurero en la selva económica sino parte de un engranaje colaborativo que emerje desde el terreno de lo común. Como lo es la imaginación decrecentista.
El término emprendedor alcanzó su formulación más precisa con Joseph Schumpeter (1883-1950) y en el contexto de su "destrucción creativa" ha sido considerado como la quitaescencia de la energía capitalista.Por este motivo, la figura del emprendedor, combinación de riesgo, inventiva y capacidad innovadora debe ser adjetivada, de lo contrario los proyectos de innovación social al aceptarlo y utilizarlo corren el riesgo de "comprar" mucha ideología liberal sin darse cuenta.
Del perfil emprendedor debemos rescatar la imaginación, la capacidad de anticipar mundos posibles, la voluntad de cambiar situaciones deficitarias, el esfuerzo y la perseverancia etc. Pero el emprendedor no puede ser defendido per se. La mayoría de las conductas clasificadas como emprendedoras dejan bastante que desear desde el punto de vista de una ética solidaria. Muchas de las iniciativas, desarrolladas en el campo de los negocios son ecológicamente insustentables por despilfarradoras y ciegas a sus consecuencias medioambientales. Muchas de ellas más que adecuarse al modelo de la "destrucción creativa" son expresión directa de una perversa "creatividad destructiva", por ejemplo al someterse a los dictados de la obsolescencia programada. La inmensa mayoría de las seductoras y publicitadas innovaciones tecnológicas son banales, redundantes, superfluas y dañinas desde el punto de vista del bienestar colectivo.
El concepto de "emprendedor social", si no es un pleonasmo, puede indicar adecuadamente una diferencia tanto de medios como de fines en relación al emprendedor económico clásico. No obstante, probablemente sea necesario seguir buscando un término que defina con mayor precisión a esta figura social que no actúa movido por el interés pecuniario pero sobre todo que vincula su proyecto al destino de comunidades emprendedoras o comunidades de iniciativa social. No es un solitario aventurero en la selva económica sino parte de un engranaje colaborativo que emerje desde el terreno de lo común. Como lo es la imaginación decrecentista.
Etiquetas:
decrecimiento,
Emprededor,
innovación,
shumpeter
30 de diciembre de 2010
Crisis y obsolescencia
"El deseo se esfuma antes de que el objeto envejezca"
Deyan Sidjic.
Deyan Sidjic.
El documental Comprar, tirar, comprar ha contribuido a aumentar la difusión de la crítica a la obsolescencia programada. Enhorabuena. Conviene, eso sí, profundizar en algunos temas que se abren a partir de él.
Entre todas las perversiones del productivismo, la obsolescencia programada es probablemente la más irritante. Consiste en una estrategia deliberada para acortar la vida útil de las mercancías con el objetivo de aumentar la velocidad del ciclo producción-consumo. Mientras menos duren más se fabrican. Los productos nuevos reemplazan a los antiguos que, así considerados, se convierten en basura. No se los deja envejecer con dignidad.
La obsolescencia programada requiere de dos mecanismos interrelacionados: una planificación conciente, racional y técnica de la caducidad, por una parte y el deseo social, publicitariamente estimulado, de renovación permanente de los símbolos de identidad y estatus social, por otra. Es decir, para que el engranaje funcione a la perfección es necesario que la razón productivista tenga como contrapunto necesario la razón consumista: lo nuevo, o aparentemente nuevo, que emerge de lo destruido, tiene que ser deseado. Para ello, la ideología publicitaria debe dar argumentos para que lo nuevo deseado sea considerado "mejor". El círculo así se cierra, pero se cierra mal puesto que la caducidad permanente genera desechos permanentes cuya mayor parte no ingresan en ningún circuito de reciclaje sino que, o bien se dispersan aleatoriamemente por la naturaleza, caso de las llamadas sopas de plásticos en los océanos o, son enviadas descarada e ilegalmente a países asiáticos o africanos, como Ghana, como bien ilustra el documental. Las cloacas están siempre en algún sitio: mejor si están lejos del paisaje de la opulencia.
La planificación de la obsolescencia y su efecto sobre la reducción de la vida útil de los objetos debilita las ancestrales prácticas de la reparación, del arreglo, de la compostura y los oficios vinculados a ellos: zurcidor, tapicero, afilador, modista... Oficios nobles, y totales, depositarios de saberes colectivos no entrópicos que establecían una relación afectiva con los artefactos a los cuales se les concedían nuevas oportunidades de vida. La actual construcción modular, fragmenta los objetos en unidades autónomas desechables. Un módulo es una pieza autónoma, una caja negra, acoplable, mediante un conector o interfaz, con otras. El oficio técnico actual, parcial y arrogante, desconoce gran parte la lógica de funcionamiento interior de las piezas. Sabe como acoplarlas y sustituirlas pero no sabe lo que bulle dentro de ellas.
Que la inteligencia, la técnica, la ciencia y el saber colectivo en general estén al servicio de la caducidad de los objetos de consumo revela hasta qué punto el productivismo linda con la inmoralidad. Lo mismo sucede con la industria militar. La famosa "destrucción creativa" shumpeteriana se revela como simple destrucción, sin más, sin apellidos. Es sabido que el capitalismo presenta una alta racionalidad en sus procesos parciales y una alta irracionalidad sistémica. Pues bien, la obsolescencia programada lo ejemplifica a la perfección pero añade una información nueva: los procesos parciales, fabricar una bombilla eléctrica, por ejemplo, pueden ser racionales y, a la vez, inmorales. La razón tecnocientífica y toda la estructura de prácticas profesionales y discursivas sobre ella asentada esconde su función obsolescente, es decir la producción voluntaria de caducidad.
El proyecto del crecimiento ilimitado del capitalismo requiere dos dinámicas aberrantes: por una parte, la absorción voraz de recursos y, por otra parte, la destrucción contínua de lo que el trabajo social ha realizado. Sobre la contaminación, el agotamiento de recursos y sobre la destrucción ilimitada y sistemática de los productos del trabajo social se asienta la llamada prosperidad y del llamado bienestar de la que creen gozar una parte importante de las capas sociales de los países centrales y de una minoría de las periféricas. La prosperidad tiene los pies de barro; es circunstancial, precaria y falsa. Existe porque está basada en un principio de ceguera social: las evidencias del desastre y las injusticias no están incorporados en sus alegres cómputos. La prosperidad sólo se vive como tal si se mira para otro lado; si no se ven los agujeros negros hacia donde fluyen los detritus de la máquina económica.
La obsolescencia programada nació con el propósito declarado de estimular a las economías en crisis de los años treinta del siglo pasado. Pero forma parte del funcionamiento normal de la producción de masas. La fundamenta, sostiene y justifica. Sobre esta aberración se asientan todas las actuales llamadas al consumo para salir de la crisis. La misma innovación tecnológica, mantra de los ideólogos del sistema, está asentada sobre el imperativo de la caducidad. Las recetas keynesianas para el fomento de la actividad productiva de cualquier tipo se complementan con el estímulo al consumo, también de cualquier tipo. Todo vale para las cuentas de la economía. El PIB es ciego y sordo (pero no mudo); no le importa lo que llene sus indicadores. Su lógica es irresponsable y obscena.
Pero, no hay salida posible de la crisis, si la entendemos en su sentido amplio como crisis social y medioambiental, estimulando justamente uno de sus factores causales. No hay salida productivista ni consumista a la crisis, salvo como engaño y desplazamiento de los problemas a las generaciones venideras, si es que éstas consiguen llegar a existir.
La manoseada expresión "cambio de modelo productivo" debe significar otra cosa para que tenga valor. Debería significar limitación cuantitativa (menos objetos), redireccionamiento cualitativo (respondiendo a las necesidades de las mayorías) y reorientación ecológica de la producción y consumo social de bienes. La tercera sin las dos anteriores es simple maquillaje. La apuesta por el decrecimiento es una apuesta por la perennidad sobrela caducidad. Una apuesta por la vigencia de los objetos que son producto del trabajo social extrayéndolos del vértigo de la obsolescencia. El decrecimiento no quiere añadir más entropía a la naturaleza.
Pero, no hay salida posible de la crisis, si la entendemos en su sentido amplio como crisis social y medioambiental, estimulando justamente uno de sus factores causales. No hay salida productivista ni consumista a la crisis, salvo como engaño y desplazamiento de los problemas a las generaciones venideras, si es que éstas consiguen llegar a existir.
La manoseada expresión "cambio de modelo productivo" debe significar otra cosa para que tenga valor. Debería significar limitación cuantitativa (menos objetos), redireccionamiento cualitativo (respondiendo a las necesidades de las mayorías) y reorientación ecológica de la producción y consumo social de bienes. La tercera sin las dos anteriores es simple maquillaje. La apuesta por el decrecimiento es una apuesta por la perennidad sobre
18 de noviembre de 2010
Magnitudes y escalofrios
Cualquier mirada mínimamente crítica hacia lo que sucede en nuestra relación con la naturaleza se encuentra de inmediato con medidas, indicadores, valores, números en definitiva, escalofriantes. Extraigo algunos de estos números al azar de la bolsa de las "externalidades" de nuestro reverenciado "modo de vida".
"Seguir con la dinámica actual de crecimiento nos enfrenta a la perspectiva de la desaparición de la civilización tal como la conocemos, no en millones de años ni tan sólo en milenios, sino desde ahora y hasta el fin de este siglo" Peter Barrett.
"La UNESCO considera que entre dos mil (hipótesis baja) y siete mil (hipótesis alta) millones de personas sufrirán falta de agua en 2050. El Informe Candessus, elaborado por el antiguo Director del FMI, avanza la cifra de cuatro mil millones" Serge Latouche
"Es probable que estemos viviendo la sexta extinción de las especies. (...) la quinta extinción se produjo hace 65 millones años vio el fin de los dinosaurios y otras grandes bestias, probablemente tras el choque de un asteroide. (...) Pero a diferencia de las precedentes, el ser humano es directamente responsable de la disminución actual de los seres vivos y podría muy bien ser su víctima" Serge Latouche.
"Desde el año de 1993, el biólogo de Harvard E. O. Wilson estimó que la Tierra está perdiendo alrededor de 30,000 especies por año , lo cual se traduce a la estadística aún más espeluznante de tres especies cada hora. Algunos biólogos han comenzado a pensar que esta crisis de la biodiversidad (esta “Sexta Extinción”) es aún más severa y más inminente que lo que Wilson supuso" Instituto Americano de Ciencias Biológicas
"(Durante el siglo veinte) se cuadruplicó la población del mundo y su economía de multiplicó por 14, mientras que el consumo energético aumentó 16 veces y el factor de expansión de la producción industrial fue de 40. Pero las emisiones de dióxido de carbono fueron también 13 veces superiores y el consumo de agua se multiplicó por 9" Paúl Kennedy
Como se sabe, frente a este inventario, muy sumario, de catástrofes caben, por lo menos, tres actitudes y posiciones ideológicas: La primera, la más fácil, el negacionismo. Se trata de refutar las evidencias y aportar datos, en el mejor de los casos, que vinculen, por ejemplo, los cambios climáticos con cambios naturales. Desde esta perspectiva los desastres advertidos por científicos desde diversos ámbitos de investigación no tienen carácter antrópico: corresponden a las fluctuaciones de la naturaleza frente a las cuales nada se puede hacer.
La segunda, la más conciliadora, afirma que los daños son antrópicos pero es posible ecologizar la producción y el consumo manteniendo el ritmo de vida. Aquí encontramos todas las variedades de desarrollo "sostenible", la economía verde etc. La confianza ilimitada en la tecnología como factor de salvación es propia de esta posición y de la anterior. De allí la apuesta por automóviles eléctricos, la energía nuclear, considerada "limpia, el reciclaje" y otras ingenuidades, algunas de ellas muy peligrosas.
La tercera la más difícil: la decrecentista afirma que la participación humana en los desastres medioambientales no admite discusión y que de lo que se trata es de detener, más o menos paulatinamente, la actual producción económica desbocada y guiada por una lógica social insana. Decrecimiento generalizado de la producción y consumo en los países centrales y decrecimiento focalizado en los estamentos altos de los países periféricos. Por aquí va la propuesta decrecentista.
Para los decrecrentistas, la magnitudes de las catástrofes que nos producen escalofríos son un estímulo para pensar e imaginar la posibilidad de una sociedad diferente, sin conocer a ciencia cierta la probabilidad de que pueda realizarse.
"Seguir con la dinámica actual de crecimiento nos enfrenta a la perspectiva de la desaparición de la civilización tal como la conocemos, no en millones de años ni tan sólo en milenios, sino desde ahora y hasta el fin de este siglo" Peter Barrett.
"La UNESCO considera que entre dos mil (hipótesis baja) y siete mil (hipótesis alta) millones de personas sufrirán falta de agua en 2050. El Informe Candessus, elaborado por el antiguo Director del FMI, avanza la cifra de cuatro mil millones" Serge Latouche
"Es probable que estemos viviendo la sexta extinción de las especies. (...) la quinta extinción se produjo hace 65 millones años vio el fin de los dinosaurios y otras grandes bestias, probablemente tras el choque de un asteroide. (...) Pero a diferencia de las precedentes, el ser humano es directamente responsable de la disminución actual de los seres vivos y podría muy bien ser su víctima" Serge Latouche.
"Desde el año de 1993, el biólogo de Harvard E. O. Wilson estimó que la Tierra está perdiendo alrededor de 30,000 especies por año , lo cual se traduce a la estadística aún más espeluznante de tres especies cada hora. Algunos biólogos han comenzado a pensar que esta crisis de la biodiversidad (esta “Sexta Extinción”) es aún más severa y más inminente que lo que Wilson supuso" Instituto Americano de Ciencias Biológicas
"(Durante el siglo veinte) se cuadruplicó la población del mundo y su economía de multiplicó por 14, mientras que el consumo energético aumentó 16 veces y el factor de expansión de la producción industrial fue de 40. Pero las emisiones de dióxido de carbono fueron también 13 veces superiores y el consumo de agua se multiplicó por 9" Paúl Kennedy
Como se sabe, frente a este inventario, muy sumario, de catástrofes caben, por lo menos, tres actitudes y posiciones ideológicas: La primera, la más fácil, el negacionismo. Se trata de refutar las evidencias y aportar datos, en el mejor de los casos, que vinculen, por ejemplo, los cambios climáticos con cambios naturales. Desde esta perspectiva los desastres advertidos por científicos desde diversos ámbitos de investigación no tienen carácter antrópico: corresponden a las fluctuaciones de la naturaleza frente a las cuales nada se puede hacer.
La segunda, la más conciliadora, afirma que los daños son antrópicos pero es posible ecologizar la producción y el consumo manteniendo el ritmo de vida. Aquí encontramos todas las variedades de desarrollo "sostenible", la economía verde etc. La confianza ilimitada en la tecnología como factor de salvación es propia de esta posición y de la anterior. De allí la apuesta por automóviles eléctricos, la energía nuclear, considerada "limpia, el reciclaje" y otras ingenuidades, algunas de ellas muy peligrosas.
La tercera la más difícil: la decrecentista afirma que la participación humana en los desastres medioambientales no admite discusión y que de lo que se trata es de detener, más o menos paulatinamente, la actual producción económica desbocada y guiada por una lógica social insana. Decrecimiento generalizado de la producción y consumo en los países centrales y decrecimiento focalizado en los estamentos altos de los países periféricos. Por aquí va la propuesta decrecentista.
Para los decrecrentistas, la magnitudes de las catástrofes que nos producen escalofríos son un estímulo para pensar e imaginar la posibilidad de una sociedad diferente, sin conocer a ciencia cierta la probabilidad de que pueda realizarse.
Etiquetas:
agua,
catástrofes,
decrecentismo,
decrecimiento,
Latouche,
sexta extinción
7 de noviembre de 2010
Citas (12)

"El crecimiento hoy en día sólo es un asunto rentable a condición de que el peso y el precio recaigan en la naturaleza, en las generaciones futuras, en la salud de los consumidores, en las condiciones de trabajo de los asalariados y, más aún, en los países del Sur"
“Nuestro sobrecrecimiento económico llega hasta los límites finales de la biosfera. La capacidad regeneradora de la Tierra ya no puede atender a la demanda: el ser humano transforma los recursos en desechos mucho más rápido de lo que la naturaleza tarda en transformar esos desechos en nuevos recursos”
"¿Hacia dónde vamos? Directos hacia la pared"
Serge Latouche: "Pequeño tratado del decrecimiento sereno"
21 de septiembre de 2010
Huelga y decrecentismo

Está en marcha en España una huelga convocada por los sindicatos mayoritarios. En esta convocatoria están concentradas al día de hoy la mayoría de las energías sociales y políticas críticas al actual modelo económico. Podemos estar en desacuerdo con su comportamiento en general pero, en actualidad, los sindicatos son, en el mundo del trabajo, una referencia ineludible. Ellos lideran una iniciativa que implicará, si sale bien, una fuerte movilización social con la que, en nuestra opinión, los decrecentistas debemos estar en sintonía.
Esta huelga es una huelga del mundo del trabajo asalariado pero representa una oportunidad importante para que tenga presencia y se muestre al conjunto de la sociedad el mundo de los movimientos de base, el de la economía solidaria, el de la ecología, el del cooperativismo y otros. Es decir, todo el espacio social que está fuera de las relaciones salariales. Un ámbito complejo y heterogéneo que hasta ahora ha quedado generalmente extramuros de las protestas sociales y que, usando la capacidad amplificadora de la huelga, puede dar a conocer formas de producción, comercialización, consumo y crédito distintas a las capitalistas.
Si aportamos creatividad y motivación puede ser la ocasión para crear un momento lúdico a la vez que reivindicativo. Podemos, aunque sea una paradoja, llevar un mensaje antiproductivista, que en un contexto de defensa del empleo, pasa, en el discurso hegemónico, por el crecimiento de la economía. Podemos aportar una nota disruptiva en el sentido común. Esa es entre otras, nuestra tarea y misión como movimiento. Mostrar formas de vida y trabajo que no transcurren por la relación de subordinación salarial y su horizonte productivista.
Pero representa también la ocasión para reclamar espacios y políticas públicas que sean más favorables a la economía solidaria, a las redes de intercambio, a la acción cultural, a las iniciativas de banca ética etc. Es una oportunidad para presionar y luchar también por nuestros propios objetivos. Es importante, entonces, que se participe con reivindicaciones explícitas propias del sector.
Otra cosa distinta es cómo participar en esta huelga. Y aquí aparecen 3 momentos posibles: a) durante su preparación (junto a otros colectivos) b) durante el mismo día de la huelga en nuestros lugares de trabajo y c) en las manifestaciones callejeras. Debemos estar en los tres.
La huelga debería servir también para estimular la reflexión acerca del estatuto político del movimiento por el decrecimiento y su estrategia de transformaciones. Somos un movimiento político, en su acepción más amplia, que debe encontrar su lugar en el conjunto de las luchas sociales. Y cualquier proyecto de transformaciones decrecentistas debe hacerse en alianza con el mundo del trabajo. Las contrahegemonías se construirán en la confluencia de proyectos de emancipación diferentes. Debemos mostrar que la posibilidad teórica de "lo común de lo diverso" encuentra su expresión práctica en las movilizaciones y acciones conjuntas con otros sujetos de los cambios, dentro de un proyecto destinado a aumentar la multiplicidad del mundo.
Esta huelga nos encuentra en la infancia del movimiento decrecentista y evidentemente se pondrán de manifiesto todos los balbuceos correspondientes a la edad. Esto no es lo importante; lo importante es saber que "decir no es decir si a algo diferente" y verla como parte de un recorrido que debe llevar a actualizar las posibilidades de la realidad. "En cada momento hay un horizonte limitado de posibilidades y por ello es importante no desperdiciar la oportunidad única de una transformación específica que el presente ofrece" (Boaventura de Sousa Santos)
Etiquetas:
contrahegemonía,
decrecimiento,
diverso,
Huelga
4 de julio de 2010
Progreso, innovación y decrecimiento

Los discursos hegemónicos sobre la ciencia y la tecnología sitúan a estas prácticas sociales sobre el eje del progreso."A pesar de los constantes retrocesos y sus graves consecuencias, como guerras, dictaduras y catástrofes insuperables el Renacimiento y la Ilustración fueron sin duda etapas decisivas de la historia de la ciencia, del desarrollo de las civilizaciones y de la emancipación de la humanidad de sus ataduras naturales y sociales. Desde entonces, el desarrollo científico nos ha permitido tener una vida larga y grata" (Detlev Ganten, et al. Vida, naturaleza y ciencia).
Como señala Carl Amery (Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?) refiriéndose en particular al nazismo, este discurso concibe a las catástrofes, políticas, económicas, medioambientales etc. como momentos particulares y anómalos dentro de una senda de avance y progreso evidente "a partir de la fórmula, hacia la luz a través de la noche". Lo nuevo siempre supera a lo antiguo; lo moderno a lo tradicional; la tecnología actual a la de hace diez años. "Siempre ha habido y habrá pequeñas crisis de confianza en relación a los adelantos técnicos. Estas crisis forman parte del progreso, igual que la ciencia y la técnica" (Ganten)
La objeción al crecimiento es también una objeción a la ideología del progreso y, en particular, a su vertiente tecnocientífica. Las evidencias muestran, en el largo plazo y en las dimensiones macrosociales, una tendencia de las sociedades productivistas hacia la autodestrución más que el avance hacia la luz. La alta racionalidad en sus procesos parciales esconde una alta irracionalidad sistémica. Y el papel de la tecnociencia aliada con la industria ha sido hasta ahora central. Evidentemente no compartimos la opinión de que "hay motivos más que sobrados para mirar hacia el futuro con optimismo” (ibid.). Creemos más bien que el futuro es un bien escaso y que por este motivo hay que cuidar el presente para aumentar las posibilidades de que no todo termine en desastre.
Los decrecentistas no negamos el potencial positivo de la ciencia y la tecnología. Por el contrario, creemos que este puede ampliarse incluso aún más saliendo de su modelo piramidal y elitista. Creemos que hay un desperdicio de talento y creatividad social que no encuentra vías de expresión en los cauces dominantes. Imaginamos una innovación tecnocientífica basada en la sociodiversidad, horizontal, ampliada y distribuida. Una innovación que sea iniciativa de sujetos sociales hasta ahora ausentes y excluidos, distintos a los mercantiles y militares. Una innovación distanciada de los imperativos del consumo, de la velocidad y de la obsolescencia programada. Al igual que otras iniciativas de cambio, el decrecentismo apuesta por “revelar la diversidad y multiplicidad de las prácticas sociales y hacerlas creíbles por contraposición a la credibilidad exclusivista de las prácticas hegemónicas” (Boaventura de Sousa Santos).
Un programa de transformaciones decrecentistas debería apostar por un modelo de ciencia y tecnología “descalza” vinculada a las comunidades y a sus necesidades. Frente a las ciencias y tecnologías estúpidas y banales, afortunadamente están las tecnologías verdaderamente importantes para el bienestar común. Tecnologías humildes como un horno solar o un “biodigestor” casero ofrecen mucho más valor social y esperanza de convivencia que la sofisticación obsolescente de las tecnologías triviales.
Sacar a la tecnología y a la ciencia de la lógica de la acumulación y de la lógica de la guerra constituye un programa decrecentista máximo. Crear iniciativas de conexión y encuentro de experiencias actuales fuera de estas lógicas y estimular la emergencia de nuevas prácticas es una excelente política en el corto plazo. La función traductora y catalizadora de experiencias sociales dispersas que debe asumir el movimiento decrecentista encuentra en la ciencia y las tecnologías plebeyas un terreno fértil para ponerse a prueba.
Como señala Carl Amery (Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?) refiriéndose en particular al nazismo, este discurso concibe a las catástrofes, políticas, económicas, medioambientales etc. como momentos particulares y anómalos dentro de una senda de avance y progreso evidente "a partir de la fórmula, hacia la luz a través de la noche". Lo nuevo siempre supera a lo antiguo; lo moderno a lo tradicional; la tecnología actual a la de hace diez años. "Siempre ha habido y habrá pequeñas crisis de confianza en relación a los adelantos técnicos. Estas crisis forman parte del progreso, igual que la ciencia y la técnica" (Ganten)
La objeción al crecimiento es también una objeción a la ideología del progreso y, en particular, a su vertiente tecnocientífica. Las evidencias muestran, en el largo plazo y en las dimensiones macrosociales, una tendencia de las sociedades productivistas hacia la autodestrución más que el avance hacia la luz. La alta racionalidad en sus procesos parciales esconde una alta irracionalidad sistémica. Y el papel de la tecnociencia aliada con la industria ha sido hasta ahora central. Evidentemente no compartimos la opinión de que "hay motivos más que sobrados para mirar hacia el futuro con optimismo” (ibid.). Creemos más bien que el futuro es un bien escaso y que por este motivo hay que cuidar el presente para aumentar las posibilidades de que no todo termine en desastre.
Los decrecentistas no negamos el potencial positivo de la ciencia y la tecnología. Por el contrario, creemos que este puede ampliarse incluso aún más saliendo de su modelo piramidal y elitista. Creemos que hay un desperdicio de talento y creatividad social que no encuentra vías de expresión en los cauces dominantes. Imaginamos una innovación tecnocientífica basada en la sociodiversidad, horizontal, ampliada y distribuida. Una innovación que sea iniciativa de sujetos sociales hasta ahora ausentes y excluidos, distintos a los mercantiles y militares. Una innovación distanciada de los imperativos del consumo, de la velocidad y de la obsolescencia programada. Al igual que otras iniciativas de cambio, el decrecentismo apuesta por “revelar la diversidad y multiplicidad de las prácticas sociales y hacerlas creíbles por contraposición a la credibilidad exclusivista de las prácticas hegemónicas” (Boaventura de Sousa Santos).
Un programa de transformaciones decrecentistas debería apostar por un modelo de ciencia y tecnología “descalza” vinculada a las comunidades y a sus necesidades. Frente a las ciencias y tecnologías estúpidas y banales, afortunadamente están las tecnologías verdaderamente importantes para el bienestar común. Tecnologías humildes como un horno solar o un “biodigestor” casero ofrecen mucho más valor social y esperanza de convivencia que la sofisticación obsolescente de las tecnologías triviales.
Sacar a la tecnología y a la ciencia de la lógica de la acumulación y de la lógica de la guerra constituye un programa decrecentista máximo. Crear iniciativas de conexión y encuentro de experiencias actuales fuera de estas lógicas y estimular la emergencia de nuevas prácticas es una excelente política en el corto plazo. La función traductora y catalizadora de experiencias sociales dispersas que debe asumir el movimiento decrecentista encuentra en la ciencia y las tecnologías plebeyas un terreno fértil para ponerse a prueba.
Artículo publicado originalmente en Decrecimiento.info
Etiquetas:
catástrofes,
decrecimiento,
innovación,
Progreso
29 de junio de 2010
Biotecnología, genes y decrecimiento
Dice el biólogo Edward O. Wilson en su texto "La creación":"Más allá de la curación de enfermedades hereditarias como la esclerosis múltiple y la anemia falciforme mediante la sustitución de genes, la modificación del genoma humano sólo entraña riesgos: es mucho más seguro operar sobre la naturaleza humana tal como es, modificando las instituciones sociales para conseguir una adaptación mejor a nuestras condiciones de genéticas. Jugar con algo que llevó millones de años de pruebas y errores es peligroso".
La manipulación genética, como proyecto, goza de amplia popularidad y cuenta con el beneplácito de la clase tecnocientífica y de la opinión pública. Algunos la describen como expresión del paso de la biología del fenotipo a la biología del genotipo. De lo visible a lo invisible; del síntoma al código. Encapsulada como "biotecnología" promete la solución a grandes males y ha ingresado directamente en la economía como paradigma de innovación (i+d+i). La biotecnología se ha convertido en una industria y en la industria cabe de todo mientras genere beneficios.
La manipulación del genoma vegetal ha dado lugar a la industria de los alimentos transgénicos. Recubierta con el discurso de la innovación, esta industria violenta a la naturaleza desplazando y exluyendo formas sociales y organizativas de cultivo que no requieren de la manipulación de lo invisible sino un simple respeto a la biodiversidad y a las formas ancestrales del buen hacer campesino.
Por su parte, la manipulación del genoma humano puede dar lugar a todo tipo de perversiones a partir de los intereses de los laboratorios industrializados. "La evolución de la vida ya no es un fenómeno natural", dice Craig Venter creador de una posible bacteria "artificial" y a continuación agrega que "El árbol de la vida tiene a partir de ahora unas ramas sintéticas". Con arrogancia de biotecnólogo y empresario exitoso, la peor combinación posible para la naturaleza y las sociedades humanas, Venter decreta el fin de millones de años evolución y viaja a España en el marco de su actual proyecto: catalogar la variedad microbiana del Mediterráneo. Es decir, codificar la biodiversidad con el fin de transformarlas en mercancías. Todo el esfuerzo de la biotecnología puede resumirse asi: develar los códigos de los seres vivos de la naturaleza ya sea para intervenirlos o realizar simulaciones informacionales de ellos con el objetivo de diseñar productos patentables y vendibles.
Desde una perspectiva decrecentista, el problema no está tanto en las tecnologías sino en su uso social y en los mecanismos de satisfacción de necesidades de las mayorías. La empresa de Venter ha firmado un contrato con la petrolera Exxon para diseñar un alga unicelular que convierta en combustible la luz solar y el CO2 atmosférico y tiene otros proyectos cono sintetizar microrganismos descontaminadores. El objetivo está claro: comenzar a elaborar sustitutos del petroleo dentro de una lógica de mantenimiento de los mismos modelos de desarrollo contaminante y despilfarrador.
Existen muchas posibilidades sociales, inexploradas o despreciadas, de vínculo con la naturaleza animal, humana y vegetal antes de jugar interesadamente con el legado de la evolución. Eso creemos los decrecentistas.
La manipulación genética, como proyecto, goza de amplia popularidad y cuenta con el beneplácito de la clase tecnocientífica y de la opinión pública. Algunos la describen como expresión del paso de la biología del fenotipo a la biología del genotipo. De lo visible a lo invisible; del síntoma al código. Encapsulada como "biotecnología" promete la solución a grandes males y ha ingresado directamente en la economía como paradigma de innovación (i+d+i). La biotecnología se ha convertido en una industria y en la industria cabe de todo mientras genere beneficios.
La manipulación del genoma vegetal ha dado lugar a la industria de los alimentos transgénicos. Recubierta con el discurso de la innovación, esta industria violenta a la naturaleza desplazando y exluyendo formas sociales y organizativas de cultivo que no requieren de la manipulación de lo invisible sino un simple respeto a la biodiversidad y a las formas ancestrales del buen hacer campesino.
Por su parte, la manipulación del genoma humano puede dar lugar a todo tipo de perversiones a partir de los intereses de los laboratorios industrializados. "La evolución de la vida ya no es un fenómeno natural", dice Craig Venter creador de una posible bacteria "artificial" y a continuación agrega que "El árbol de la vida tiene a partir de ahora unas ramas sintéticas". Con arrogancia de biotecnólogo y empresario exitoso, la peor combinación posible para la naturaleza y las sociedades humanas, Venter decreta el fin de millones de años evolución y viaja a España en el marco de su actual proyecto: catalogar la variedad microbiana del Mediterráneo. Es decir, codificar la biodiversidad con el fin de transformarlas en mercancías. Todo el esfuerzo de la biotecnología puede resumirse asi: develar los códigos de los seres vivos de la naturaleza ya sea para intervenirlos o realizar simulaciones informacionales de ellos con el objetivo de diseñar productos patentables y vendibles.
Desde una perspectiva decrecentista, el problema no está tanto en las tecnologías sino en su uso social y en los mecanismos de satisfacción de necesidades de las mayorías. La empresa de Venter ha firmado un contrato con la petrolera Exxon para diseñar un alga unicelular que convierta en combustible la luz solar y el CO2 atmosférico y tiene otros proyectos cono sintetizar microrganismos descontaminadores. El objetivo está claro: comenzar a elaborar sustitutos del petroleo dentro de una lógica de mantenimiento de los mismos modelos de desarrollo contaminante y despilfarrador.
Existen muchas posibilidades sociales, inexploradas o despreciadas, de vínculo con la naturaleza animal, humana y vegetal antes de jugar interesadamente con el legado de la evolución. Eso creemos los decrecentistas.
Etiquetas:
Biotecnología,
decrecimiento,
fenotipo,
Genoma,
genotipo
21 de abril de 2010
Caos aéreo y programa decrecentista
La erupción de un volcán con nombre impronunciable a miles de kilómetros de distancia ha creado una crisis de importancia en la navegación aérea europea y con ella en la mundial. El sistema ha activado las conductas de precaución y ha provocado el colapso. Los daños y los costos serán enormes. Paul Virilo hace ya tiempo que advirtió del potencial de peligro del sistema tecnológico interconectado planetario, la excerbación de su velocidad y sus probables crisis catastróficas. Ya hemos visto sus manifestaciones en el caso financiero.
Un mundo inteconectado y centralizado como el actual tiene siempre el potencial de desastre. Nos han dicho que estamos en la fase de la "sociedad red" donde los nodos independientes actúan como fusibles evitando la extensión del daño. Pero eso es parcialmente cierto: existen nodos centrales con mayor poder que otros y, por lo tanto, sus vicisitudes tiene más impactos en los demás. Lo nodos aeroportuarios europeos son nodos centrales que han interferido en el sistema total de navegación y con ello en el sistema económico y sus subsistemas turísticos, de transporte, comercio etc. La situación ha puesto en evidencia la relevencia del transporte aéreo para el actual modelo de sociedad global y, al mismo tiempo, la fragilidad de su funcionamiento. Antes lo habían hecho los atentados del 11-S.
La limitación del transporte aéreo y sus abusos debe formar parte del programa decrecentista. La economía mundial se basa en grado importante en este tipo de medio que es un consumidor intenso de energía, altamente contaminante y que favorece los procesos de deslocalización productiva y las diferentes expresiones del colonialismo. La utopía decrecentista afirma la excepcionalidad de los viajes a larga distancia y apuesta por la utilización de otros medios más acordes con las exigencias medioambientales privilegiando los intercambios de corto recorrido que favorezcan el desarrollo de las sociedades, las economías y las culturas locales. El decrecentismo promueve un autentica sociedad red con nodos a la vez integrados e independientes dentro de una lógica de agrupar "lo común de lo diverso" en un espacio de austeridad y lentitud. No queremos ir de prisa a ninguna parte.
Un mundo inteconectado y centralizado como el actual tiene siempre el potencial de desastre. Nos han dicho que estamos en la fase de la "sociedad red" donde los nodos independientes actúan como fusibles evitando la extensión del daño. Pero eso es parcialmente cierto: existen nodos centrales con mayor poder que otros y, por lo tanto, sus vicisitudes tiene más impactos en los demás. Lo nodos aeroportuarios europeos son nodos centrales que han interferido en el sistema total de navegación y con ello en el sistema económico y sus subsistemas turísticos, de transporte, comercio etc. La situación ha puesto en evidencia la relevencia del transporte aéreo para el actual modelo de sociedad global y, al mismo tiempo, la fragilidad de su funcionamiento. Antes lo habían hecho los atentados del 11-S.
La limitación del transporte aéreo y sus abusos debe formar parte del programa decrecentista. La economía mundial se basa en grado importante en este tipo de medio que es un consumidor intenso de energía, altamente contaminante y que favorece los procesos de deslocalización productiva y las diferentes expresiones del colonialismo. La utopía decrecentista afirma la excepcionalidad de los viajes a larga distancia y apuesta por la utilización de otros medios más acordes con las exigencias medioambientales privilegiando los intercambios de corto recorrido que favorezcan el desarrollo de las sociedades, las economías y las culturas locales. El decrecentismo promueve un autentica sociedad red con nodos a la vez integrados e independientes dentro de una lógica de agrupar "lo común de lo diverso" en un espacio de austeridad y lentitud. No queremos ir de prisa a ninguna parte.
Etiquetas:
Caos aéreo,
decrecentismo,
decrecimiento,
Islandia,
volcán
27 de marzo de 2010
Decrecimiento en la prensa y en las publicaciones
Un buen reportaje sobre decrecimiento ha aparecido en el periódico 20 minutos. Por otra parte, la editorial ICARIA está haciendo una apuesta por títulos de contenido decrecentista.
Etiquetas:
decrecimiento,
Joan Martínez Alier
30 de enero de 2010
Austeridad común
Una crítica habitual a la propuesta por el decrecimiento es que ésta no reconoce que los llamados países del Sur tengan el derecho a crecer económicamente tal como lo han hecho los del Norte. A continuación se añade que los primeros, desgraciadamente, no les queda más remedio que aceptar la repetición de los estragos ambientales y energéticos que, en su momento, los segundos provocaron. Es importante rebatir este argumento porque quiere apuntar a una crítica ética al decrecentismo tratando de inmovilizarlo allí donde tiene mucho que decir y aportar. Nos aventuraremos a comentar brevemente esta cuestión.En primer lugar, el imperativo decrecentista supone para el Norte una reducción drástica de la sobreproducción y el sobreconsumo y, al mismo tiempo, supone un aumento también drástico de la infra producción y el infraconsumo en el Sur, pero tratando de alcanzar un nivel de austeridad común. Para un país africano, como plantea Latouche una sociedad austera "quiere decir producir y consumir más, porque no están ahora en una situación de austeridad; están por debajo de ella". La diferencia entre pobreza y austeridad debe ser subrayada.
En segundo lugar, las metáforas Sur y Norte describen de manera muy general la complejidad de las realidades socioeconómicas, pues hay "sures" en el Norte y "nortes" en el Sur. En el segundo caso, esto significa que dentro de una tendencia a una austeridad común universal muchos de los países del Sur deberán afrontar procesos de decrecimiento internos destinados a un reparto lo más equitativo posible de la riqueza. No debemos olvidar que, por ejemplo, en los llamados "países emergentes" y en otros no tan emergentes, existen espacios de sobreproducción y sobre consumo equivalentes a la de los países centrales. Las dinámicas de decrecimiento deberán desarrollarse, entonces, en primer lugar, de manera endógena y después abordarse en un contexto mundial en la perspectiva de una austeridad común.
El proyecto de "austeridad común" plantea, por lo tanto, una adecuación o modulación del decrecimiento de acuerdo a las diferentes formas de expresión de las inequidades a partir de iniciativas que no son a priori ni formalizables ni predecibles. Como señala nuevamente Latouche, "detrás del slogan del decrecimiento y su correspondiente ruptura con la sociedad de crecimiento está la apertura en positivo a proyectos extremadamente diversos que simplemente tienen en común proyectos de sociedad austera, de no ser sociedades de despilfarro, de sobreconsumo".
Etiquetas:
Austeridad,
decrecimiento,
Norte,
Sur
6 de diciembre de 2009
Jornadas sobre decrecimiento en Madrid

El colectivo Decrecimiento Madrid ha organizado unas intensas y extensas jornadas sobre decrecimiento en el Patio Maravillas, los días 11, 12 y 13 de diciembre. El programa es amplio e incluye una gama importante de temas relacionados con la objeción al crecimiento, desde el punto de vista téorico así como desde el punto de vista de la práctica cotidiana, individual y colectiva.
Etiquetas:
decrecimiento,
patio maravillas
5 de diciembre de 2009
Serge Latouche

Serge Latouche es alto, delgado, ágil y lleva un bastón. Parece ser también una buena persona. Esto es importante porque para llamar a cambiar la economía, es decir, a cambiar el mundo y sus alrededores, hay que estar loco, ser un dictador megalómano, las dos cosas a la vez o ser una buena persona. Latouche es un tipo razonable que lleva pensando muchos años sobre diversas cosas interesantes, las escribe y convence a mucha gente con argumentos simples, tan simples que parecen triviales. Uno dice: ¡coño, cómo no me había dado cuenta antes¡. Si el crecimiento económico tiene los efectos negativos que tiene lo más razonable es dejar de crecer, no crecer de otra manera. La fuerza de la idea decrecentista es su obviedad paradójica. Muchos hubieran deseado haber acuñado la palabra y desarrollado el concepto antes.
Latouche no utiliza el bastón para caminar: lo emplea para señalar las palabras y gráficos de la presentación en Power Point que apoyan algunos puntos de su exposición. Este catedrático emérito de economía, aunque iconoclasta frente a su propia disciplina, camina perfectamente sin bastón; se apoya más bien en su larga experiencia investigadora y docente con la cual anda por el mundo difundiendo la idea decrecentista. Teníamos que conocerlo personalmente y fuimos a Somosaguas a verle y a oirle a una de sus charlas en su viaje a España. Para quienes lo leemos desde hace ya algún tiempo, fue un placer revivir la experiencia clarificadora de los primeros encuentros con sus escritos. En un momento de crisis de liderazgo el austero Latouche es un buen referente intelectual que, sin estridencias ni protagonismos banales, ha ido trazando un recorrido sistemático por la crítica al productivismo y el bosquejo de los contornos del postdesarrollo.
Latouche no utiliza el bastón para caminar: lo emplea para señalar las palabras y gráficos de la presentación en Power Point que apoyan algunos puntos de su exposición. Este catedrático emérito de economía, aunque iconoclasta frente a su propia disciplina, camina perfectamente sin bastón; se apoya más bien en su larga experiencia investigadora y docente con la cual anda por el mundo difundiendo la idea decrecentista. Teníamos que conocerlo personalmente y fuimos a Somosaguas a verle y a oirle a una de sus charlas en su viaje a España. Para quienes lo leemos desde hace ya algún tiempo, fue un placer revivir la experiencia clarificadora de los primeros encuentros con sus escritos. En un momento de crisis de liderazgo el austero Latouche es un buen referente intelectual que, sin estridencias ni protagonismos banales, ha ido trazando un recorrido sistemático por la crítica al productivismo y el bosquejo de los contornos del postdesarrollo.
En la charla traza los rasgos de una política decrecentista resumida en los siguientes diez puntos: 1) reencontrar una huella ecológica sostenible (reducción del 65% en los paises del Norte desarrollado); 2) reducir los transportes; 3) relocalizar las actividades económicas; 4) restaurar la agricultura campesina; 5) transformar las ganancias de productividad en una reducción del tiempo de trabajo; 6) relanzar la producción de bienes relacionales; 7) reducir el gasto de energía en un factor cuatro; 8) limitar la actividad publicitaria; 9) reorientar la investigación tecnocientífica; 10) reapropiarse del dinero y reducir progresivamente el espacio de la banca.
Latouche es una buena persona pero no ingenuo: aunque apuesta por un "decrecimiento sereno", es consciente de las consecuencias que tendría la implantación de tal programa decrecentista. Si se presentara a las elecciones y saliera elegido, fantasea, lo matarían al poco tiempo "como al presidente Allende", dice. Sabe, por lo tanto, que el decrecentismo "no es una moda para intelectuales con culpas", como ironizaba Carlos Taibo, sino una apuesta política con riesgos. Serge Latouche sabe que en la tragedia griega la "catásfrofe"designa la "escritura de la última estrofa", por eso se esfuerza para que no tengamos que escribirla en la tragedia humana.
Etiquetas:
catástrofe,
decrecimiento,
Latouche,
política
27 de septiembre de 2009
Acerca del decrecimiento
Término incómodo, el decrecimiento, sin embargo, apunta directamente al corazón de las aberraciones productivistas y consumistas. Tiene el potencial para ordenar las prácticas sociales y políticas dispersas del “viejo” mundo ecologista y proponer nuevas prácticas extraídas de sus propios conceptos y principios, todavía en gestación.
Según Serge Latouche el decrecimiento es “simplemente el estandarte detrás del cual se reagrupan los que han optado por una crítica radical al desarrollo y quieren delinear los contornos de un proyecto alternativo para una política del postdesarrollo”
El punto de partida es simple y radical. No es posible el crecimiento económico infinito en una biósfera finita. Y la finitud y las heridas de nuestro pequeño mundo hace tiempo que se han hecho evidentes.
Y a buen entendedor pocas palabras y manos a la obra: a decrecer.
Sus sinónimos aparentes no lo son: ni crecimiento cero ni no crecimiento. El decrecimiento como acción colectiva, propositiva, no se reduce a la crítica intelectual o política al capitalismo depredador. Busca superar tanto la locura de la ideología productivista y consumista como del callejón sin salida de la economía sostenible, a través de la inventiva social. Ahora más que nunca es necesario convocar a la inteligencia, la imaginación y la pasión de los ciudadanos para inventar los mundo sociales posibles.
Según Serge Latouche el decrecimiento es “simplemente el estandarte detrás del cual se reagrupan los que han optado por una crítica radical al desarrollo y quieren delinear los contornos de un proyecto alternativo para una política del postdesarrollo”
El punto de partida es simple y radical. No es posible el crecimiento económico infinito en una biósfera finita. Y la finitud y las heridas de nuestro pequeño mundo hace tiempo que se han hecho evidentes.
Y a buen entendedor pocas palabras y manos a la obra: a decrecer.
Sus sinónimos aparentes no lo son: ni crecimiento cero ni no crecimiento. El decrecimiento como acción colectiva, propositiva, no se reduce a la crítica intelectual o política al capitalismo depredador. Busca superar tanto la locura de la ideología productivista y consumista como del callejón sin salida de la economía sostenible, a través de la inventiva social. Ahora más que nunca es necesario convocar a la inteligencia, la imaginación y la pasión de los ciudadanos para inventar los mundo sociales posibles.
Etiquetas:
biosfera,
decrecimiento,
Latouche
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





