1 de junio de 2010

Hospital


Un breve paso por un hospital me ha tenido alejado de este blog. Nada grave pero molesto. Me ha servido, en todo caso, para conocer en vivo y en directo la extensión de la lógica productivista a los servicios de salud madrileños. Un hospital privado pero concertado con la administración autonómica sigue siendo un hospital privado. Esto quiere decir, que somos pacientes pero sobre todo somos clientes, es decir, nos acojen y sonrien con sonrisas de vendedoras de eletrodomésticos de El Corte Inglés, eso sí mucho más jóvenes. Todos son jóvenes, en toda la escala de las innumerables profesiones con las que uno se topa: recepcionistas, celadores, enfermeras, limpiadoras, médicos... y, ya se sabe: mientras más jóvenes, salarios más bajos.

Como en cualquier empresa, la pirámide la han achatado: desaparecen mandos medios y mantienen unos pocos jefes. El "paciente cliente" sólo dialoga con los subordinados y estos a, su vez, con indicadores de las "analíticas" que más o menos traducen a los pacientes. El jefe, invisible, "monitoriza" todo el proceso. Las tecnologías articulan los oficios y saberes y marcan los ritmos de producción.

La medicina se ha convertido en lectura de números dentro de un sistema productor de números. Eficaz, no cabe duda, lo de la eficiencia es más discutible. El orden médico se somete al orden de la producción y el consumo tecnologizado. Y, como es obvio, mientras más tecnología menos trabajo humano y más sustituibilidad de los que quedan. Muchos pueden ser lectores de índices, así como muchos pueden ser lectores de interfaces de cualquier tipo. Un lector de índicadores vale menos que un médico en el sentido cabal del término pero puede realizar un trabajo más o menos equivalente, que es lo que importa a los dueños del hospital.

La fábrica fordista robó el saber obrero, lo fragmentó y lo convirtió en movimientos repetitivos en la cadena de montaje. Las tecnologías informáticas asociadas a tecnologías de todo tipo extraen y codifican el saber de productores, consumidores y... pacientes. Un enfermo, es un in fermo, es decir, alguien que no está firme, que tambalea y que no tiene el saber de su propio cuerpo: su saber no está firme. El del médico tampoco. El médico "clásico" interpretaba directamente los signos del cuerpo, el médico tecnologizado tiene que reurrir al saber de las máquinas. El médico tecnologizado también está in fermo. Las análíticas, pruebas, los TAC etc. son la verdád última del saber médico y pueden refutar groseramente lo que sus ojos han visto. Esto irá a más: la medicina y las ciencias biológicas se desplazan con celeridad desde el fenotipo al genotipo; desde la percepción y la empatía con el paciente a la lectura de sus códigos genéticos. La codificación unversal, sueño de los poderosos y pesadilla de los subordinados avanza sin parar. La genética nos dirá la fecha exacta en que nos moriremos de asco.

Aprovecharé los dias de reposo para imaginarme un hospital decrecentista.

18 de mayo de 2010

Equidad sin crecimiento

Entrevista en la radio a Alan García, presidente de Perú, sobre los acuerdo comerciales que ahora se firmarán entre la UE y el Mercosur. Entre otras obviedades, simplificaciones y alabanzas al libre comercio etc. afirma con total naturalidad que "antes" cuando los ricos se enriquecían sólo lo hacían ellos pero que "ahora" también lo hacen los pobres. Pone como ejemplo a su país donde, según él, "han dejado de ser pobres cerca de cinco millones de personas desde el año 2005 gracias al crecimiento económico". García expresa en retórica política populista burda lo que los economistas expresan en fórmulas y curvas econométricas sofisticadas, ambas falsas y maniqueas.

La famosa "teoría del derrame" o del "chorreo", es decir, la que afirma que las políticas de crecimiento deben preceder a las de distribución porque son la condicion de éstas, ha inundado los discursos y politicas económicas urbi et orbi en todo este período de hegemonía neoliberal. Teoría a la vez que falsa, inmoral. ¿Hasta dónde deben enriquecerse los ricos? ¿Quien pone los límites a su avidez? ¿Cuanto tiempo deben permanecer los pobres con la nariz pegada en el cristal de los escaparates del despilfarro?

Esta posición, supuestamente progresista, comprada y utilizada por derechas e izquierdas, estas últimas sin sonrojarse, durante más de veinte años, ha servido para postergar cualquier estrategia de reparto de riqueza, en particular en los países de América Latina. Todas las evidencias muestran que las transferencias de riqueza no se han producido en ninguno de los países de la región, incluyendo, por supuesto, el que se supone más existoso: Chile. El famoso "crecimiento con equidad" sólo ha conducido a limitadas políticas asistenciales diseñadas como contrapeso a la barbarie neoliberal, hija de la dictadura y no como un cambio del modelo de acumulación.

La religión del crecimiento, vendida a los subditos como promesa de consumo, como toda religión, es un opiaceo adormecedor cuando llama a tener fe en el reparto de los panes y los peces sin mediación de políticas explícitas de distribución. Entre otras cosas, la religión del crecimiento oculta el hecho de que la riqueza producida en un porcentaje importante no vuelve a la sociedad que la creó, ni siquiera a sus propios empresarios. Una parte muy importante se volatiza en los espacios financieros abstractos, etéreos y tendencialmente impredecibles. Aquí, el dinero se transforma en dinero sin pasar, necesariamente, por el mundo de la producción y cuando lo hace es para estimular las producciones excesivas, superfluas, riesgosas o dañinas desde el punto de vista medioambiental. La debilidad de los capitalismos nacionales frente al capital financiero globalizado nunca ha sido tan brutal.

Nuestra visión como decrecentistas es que las políticas de decrecimiento deben ir juntas con politicas de redistribución, tanto en los paises centrales como en los periféricos. Propugnamos una equidad sin crecimiento. El decrecimiento pone límites a la avidez del capital y, a la vez, expande la apropiación social del trabajo de todos. Apostamos por sociedades autoorganizadas, "desde abajo y a la izquierda", dentro de un proyecto de austeridad. No es cierto que en las sociedades perifericas no puedan aplicarse la exigencia decrecencista de la austeridad común. Con todas las diferencias del caso, en muchas de ellas existen importantes capas sociales con sobreconsumo, despilfarro y ecológicamente destructivas. Esos sectores, algunos de los cuales han incrementado groseramente en estas últimas décadas sus ingresos y beneficios, son candidatos preferentes para una limitación redistributiva.

16 de mayo de 2010

Podas salvajes


Todos los años, en primavera, los que apreciamos a los árboles en general y a los urbanos en particular, sufrimos y nos indignamos por las podas salvajes que las subcontratas del Ayuntamiento de Madrid infringen a nuestro patrimonio vegetal. Fuera de época, cuando ya los brotes comienzan a dar nueva forma a las ramas, sin diferenciar entre especies y modificando las configuraciones naturales de las copas, pequeños batallones de podadores, vociferantes, ruidosos y agresivos comienzan su tarea destructiva armados de sus infernales motosierras. El resultado son árboles sobrepodados, enjutos, heridos, debilitados y sin identidad, sometidos a la cirugía amputadora e ignorante de la máquina institucional.

La explicación de estas prácticas está clara. Se trata de cumplir con las exigencias cuantitativas de poda derivadas de los contratos entre esas empresas y el Ayuntamiento. Seguramente les pagan por ejemplares cortados, o por calles o por cualquier otro criterio económico ajeno a los tiempos y a las características de los árboles. Nuevamente, la máquina productivista arrasa con la diferencia y los matices, es decir, con lo vivo. Transforma las podas excepcionales en podas de mantenimiento anuales; las podas de cuidado en talas violentas, por supuesto "creando empleo".

Las podas salvajes son agresiones sistemáticas a la naturaleza, aunque sea la domesticada en las ciudades, y a las personas. Expresan una lógica uniformizadora y autoritaria que merece respuestas políticas.

Ver otras referencias a las podas salvajes y a los tipos y sentido de las podas en general.

13 de mayo de 2010

Vergüenza


Un ave bañada en petroleo es una expresión de barbarie. Barbarie de bárbaros humanos con nombre y apellidos. Barbarie de la alianza del poder tecnológico y del poder petrolero, fusionados para el avasallamiento de la naturaleza. Un ave bañada en petroleo es un dolor y una vergüenza.
Foto: El País.

8 de mayo de 2010

Erosión


Volví a mi tierra verde
y ya no estaba
ya no
estaba
la tierra
se había ido
con el agua
hacia el mar
se había marchado (...)

Tierra
qué darás a tus hijos
madre mía
mañana
así
destruida
así arrasada
tu naturaleza
así desecha
tu matriz eterna
qué pan repartirás
entre los hombres (...)

Pablo Neruda."Oda a la erosión de la provincia de Malleco".
Nuevas odas elementales. 1956.

4 de mayo de 2010

Decrecimiento o barbarie


Desde el original enunciado de Marx, retomado por Rosa Luxemburgo, pasando por el grupo francés de la postguerra del mismo nombre, liderado por Castoriadis y Lefort, y la utilización por parte de algunos grupos y publicaciones en la actualidad, la oposición Socialismo o Barbarie ha sido empleada para indicar una disyuntiva trágica. La barbarie se avalanzaría sobre la humanidad si ésta no se encaminaba hacia alguna forma de socialismo.

Pero ahora la barbarie tiene ahora tintes medioambientales y el enunciado ha sido recuperado desde el campo decrecentista por dos autores: Paul Aries y Paolo Cacciari en sendos libros. Cacciari señala que “decrecimiento o barbarie es una afirmación fuerte, que he robado a Paul Ariès” (Decroissance ou barbarie, Golias, Lyon, 2005) y que la utiliza “porque aún no he conseguido imaginarme una sociedad más densa de sentido que aquella capaz de autoorganizarse pidiendo ‘a cada cual según sus capacidades’ y devolviendo a ‘cada uno según sus necesidades’. Una idea de sociedad que integra derechos y deberes, justicia e igualdad en un marco de democracia auténtica y sustancial. Nada menos que un nuevo humanismo o, para ser más exactos, un ‘biohumanismo’ capaz de recomponer una visión integrada del hombre y del mundo que interprete al ser humano como un sujeto interna y vitalmente conectado con la naturaleza [...] en la causalidad compleja que liga a todos los seres vivos”

La disyuntiva decrecimiento o barbarie llama a la toma de partido en un momento histórico de bifurcación de caminos. La opción por el decrecimiento se inscribe en una vía lúcida y no ingenua que apuesta por agotar el territorio de lo posible sabiendo que lo probable juega en contra nuestra. Lo más probable es la barbarie pero la vía decrecentista no es una posibilidad nula. La tarea de la imaginación decrecentista consiste en proponer colectivamente formas y contenidos nuevos para un mundo agotado y apesadumbrado. A partir de una lucidez descarnada estamos construyendo una utopía razonable y paradójica que llama a diseñar y construir aquí y ahora una sociedad no productivista y convivencial. Mucho tiempo no queda porque algunos de los botones del desastre ya han sido tocados. El ‘biohumanismo’ del que habla Cacciari tendrá que sortear muchos obstáculos para constituirse en un referente común. Pero las utopías, como él mismo afirma, son como las estrellas para los navegantes de la noche: nadie piensa en alcanzarlas, pero ayudan a mantener el rumbo.

Este texto apareció publicado originalmente en DecrecimientoMadrid

2 de mayo de 2010

Perdonen las molestias, pero esto es decrecimiento

Cuentan que cuando los zapatistas, en su primer alzamiento, tomaron San Cristobal de las Casas, quedaron atrapados en medio del conflicto unos turistas que no dejaban de protestar y hacer demandas ajenas a la realidad de la situación en la que se encontraban. Vázquez Montalbán en su libro "Marcos: "El señor de los espejos", lo relata así:
-¿Nos van a dejar ir-preguntó [uno de los turistas]. Los turistas habían sido notificados de que podían regresar a su hogares el 2 de febrero.
-¿Porqué se quieren ir?-contestó con ironía el hombre del pasamontañas. Disfruten de la ciudad.
-Algunos preguntaron a gritos si podían ir en automóvil a Cancún. Todos querían hablar al mismo tiempo. Un guía que viajaba con un grupo de turistas decía que tenía que llevarlos a las ruinas de Palenque. Que no podía esperar más tiempo. Marcos perdió la paciencia pero no su sentido del humor.
-El camino de Palenque está cerrado-dijo-Tomamos Ocosingo. Perdonen las molestias, pero esto es una revolución.

Los turistas del relato pueden ser considerados una caricatura, no falsa, de la ceguera de la mayoría de las personas frente a las evidencias que les rodean. Así como esos turistas no asumían el cambio de su situación producto de la emergencia del conflicto en la zona y por lo tanto, del cambio en las reglas del juego, los consumidores pertenecientes a los percentiles privilegiados del mundo, no han asumido los datos, las evidencias y las razones por las cuales las prácticas de excesos y despilfarros están llegando a su fin. La mayoría, como esos turistas "desubicados", plantean demandas ajenas a la realidad; su imaginario es el de la abundancia ilimitada y el de su derecho a tenerla. Pero la situación es otra: lo que viene por las malas o por la buenas, será una reducción drástica de esos excesos. Si es por las malas, un horizonte de conflictos y barbarie será el escenario más plausible. Si es por la buenas, es decir a través de un camino de decrecimiento pausado y razonado, la austeridad y la frugalidad común será lo inevitable. Frente a las quejas de aquellos a quienes no les gustará ver reducidos sus excesos, y parafraseando al subcomandante, tendremos que decir: perdonen las molestias, pero esto es el decrecimiento.

30 de abril de 2010

Cambio de rumbo e imaginación decrecentista


Nada más y nada menos. De lo que se trata es de cambiar el rumbo seguido hasta ahora por las sociedades humanas a partir de la bifurcación y la correspondiente opción productivista aparecida con el capitalismo industrial a mediados del siglo diecinueve. Esta opción productivista llegó al paroxismo en el siglo veinte, lejos el más destructor de todos, si no tomamos en cuenta al actual. Eso, si éste siglo que comienza llega a finalizar y no acaba inconcluso y catastróficamente como advierte el escenario más probable.

El cambio de rumbo es una necesidad y una posibilidad pero los dados de la historia están cargados y para mal. Sabemos lo que hay que hacer para lograr un bien vivir auténtico y no el sucedáneo consumista actual, pero la máquina termo-industrial es enorme y a su funcionamiento perverso contribuyen sus propias víctimas. No obstante, hay que seguir apostando por la posibilidad más débil, jugándoselo todo en el empeño.

El decrecentismo no es una doctrina de salvación derivada de una profecía apocalíptica. El derrumbe, decimos, no será una consecuencia de castigos divinos: lo será de la estupidez, la avidez, la insensatez y el deseo de poder de grupos sociales concretos, en la actualidad con nombre, apellidos y número de identificación fiscal conocidos. El derrumbe civilizatorio no viene incluido en los genes de la especie sino que es el resultado de las opciones que en cada momento tomaron los que tenían las riendas del carro de la historia. Y el conjunto de esas elecciones nos ha conducido hasta aquí: al límite definitivo, a la frontera final con la biosfera a la cual pertenecemos y nos debemos.

No hay profecía apocalíptica, entonces, sino un diagnóstico descarnado que no puede ofrecer salvación sino orientaciones para una lucha de largo aliento que implicará tanto enfrentamientos directos y estrategias de contrapoder como procesos sociales de desconexión o “deserción masiva” de los modelos de conducta dominantes (Paolo Cacciari). La elección de unos caminos u otros por parte de los objetores del crecimiento dependerá de sus particulares condiciones subjetivas, éticas, culturales y políticas. El decrecentismo no prescribe unos modos u otros para ejercitar la decencia y la voluntad de cambio de rumbo. No es una apuesta por la salvación de algunos, sino por los derechos de las mayorías y minorías, sociales y biológicas, que viven en este planeta.

La imaginación decrecentista es el requisito para el cambio de rumbo. Significa la prefiguración del mundo deseado y de las formas de llegar a él explorando otros caminos en las bifurcaciones de la historia. El decrecentismo no delega en vanguardias supuestamente esclarecidas la concepción y el diseño de las formas convivenciales sino que promueve el derecho a la imaginación en todo el cuerpo social. Imaginar es un ejercicio de libertad que sostiene los proyectos de decrecimiento que promovemos. Imaginar es también un ejercicio de contrapoder. Y el campo de la imaginación decrecentista es inmenso, total, infinito, sin más límites que los que la propia energía creativa colectiva se imponga a sí misma. La imaginación y la inventiva participativa es el fundamento de las prácticas por el decrecimiento.

En Decrecimiento Madrid estamos explorando esa imaginación decrecentista realizando talleres internos para ayudar a configurar los proyectos comunes que sostienen nuestro hacer (Talleres de Imaginación Decrecentista). Se trata de recuperar el deseo colectivo a partir de la explicitación de los deseos individuales, bajo una lógica y una ética de construir “lo común de lo diverso” mediante procesos dialógicos abiertos. En eso estamos.


Artículo publicado originalmente en Decrecimiento.info

22 de abril de 2010

Racismo, barbarie y decrecimiento


La xenofobia y el racismo son formas de la barbarie. Un mundo en crisis, social y ecológica, acentuará estas conductas que siempre palpitan en las colectividades humanas. Hace ya tiempo que en Europa se debilitaron los controles sociales, culturales y políticos antidiscriminatorios. La veda ya se ha abierto y las expresiones directa y literalmente racistas y xenófobas campan a sus anchas en los discursos mediáticos y políticos. Italia es el paradigma de esta barbarie (aunque en España las cosas siguen el mismo camino). En el contexto de unas fuerzas progresistas debilitadas y una crisis económica sin fecha de caducidad el fascismo y el neofascismo han retomado en ese país la capacidad de seducir a las masas con sus enunciados simplones. "I governanti della paura", los gobernantes del miedo, como los llama Moni Ovadia (“Il governo e la legge dell’odio”, “L’Unità”, 14 novembre 2009 – http://www.unita.it/) se han sacado la mordaza y su discurso grosero, rebozante de impunidad, circula sin problemas degradando la convivencia de un país entero.

No cabe duda que tanto en italia como en el resto de Europa debe existir una toma de partido explícita y activa del movimiento decrecentista contra las discriminaciones racistas y xenófobas. Este no es un tema marginal para el decrecentismo: la apuesta por la convivencialidad y la solidaridad así lo exige.

21 de abril de 2010

Caos aéreo y programa decrecentista

La erupción de un volcán con nombre impronunciable a miles de kilómetros de distancia ha creado una crisis de importancia en la navegación aérea europea y con ella en la mundial. El sistema ha activado las conductas de precaución y ha provocado el colapso. Los daños y los costos serán enormes. Paul Virilo hace ya tiempo que advirtió del potencial de peligro del sistema tecnológico interconectado planetario, la excerbación de su velocidad y sus probables crisis catastróficas. Ya hemos visto sus manifestaciones en el caso financiero.

Un mundo inteconectado y centralizado como el actual tiene siempre el potencial de desastre. Nos han dicho que estamos en la fase de la "sociedad red" donde los nodos independientes actúan como fusibles evitando la extensión del daño. Pero eso es parcialmente cierto: existen nodos centrales con mayor poder que otros y, por lo tanto, sus vicisitudes tiene más impactos en los demás. Lo nodos aeroportuarios europeos son nodos centrales que han interferido en el sistema total de navegación y con ello en el sistema económico y sus subsistemas turísticos, de transporte, comercio etc. La situación ha puesto en evidencia la relevencia del transporte aéreo para el actual modelo de sociedad global y, al mismo tiempo, la fragilidad de su funcionamiento. Antes lo habían hecho los atentados del 11-S.

La limitación del transporte aéreo y sus abusos debe formar parte del programa decrecentista. La economía mundial se basa en grado importante en este tipo de medio que es un consumidor intenso de energía, altamente contaminante y que favorece los procesos de deslocalización productiva y las diferentes expresiones del colonialismo. La utopía decrecentista afirma la excepcionalidad de los viajes a larga distancia y apuesta por la utilización de otros medios más acordes con las exigencias medioambientales privilegiando los intercambios de corto recorrido que favorezcan el desarrollo de las sociedades, las economías y las culturas locales. El decrecentismo promueve un autentica sociedad red con nodos a la vez integrados e independientes dentro de una lógica de agrupar "lo común de lo diverso" en un espacio de austeridad y lentitud. No queremos ir de prisa a ninguna parte.

18 de abril de 2010

Siglo veinte cambalache

John R. McNeil, en su interesante libro "Algo nuevo bajo el sol" narra la historia medioambiental del mundo en el siglo veinte. Lo define como un período "ecológicamente convulso", un "siglo despilfarrador" que ha cambiado definitivamente la relación de la especie humana con la naturaleza. "La acción humana ha alterado biológica, química y físicamente la superficie de la Tierra". Sus indicadores más relevantes son: aumento exponencial de la producción y consumo de energía, de la población, de la acumulación, del consumo y de la contaminación.

Ha sido el siglo más dañino para para la biosfera, especialmente después del segunda guerra mundial. Los "gloriosos" treinta años que la siguieron desde el punto de vista económico son, al mismo tiempo, los más desastrosos desde el punto de vista medioambiental. Pocas evidencias hay más claras de la relación entre aumento del PIB y destrucción de la naturaleza. Por eso, algunos definen al PIB como un indicador de la catástrofe.

Este pequeño momento en la historia humana tendrá consecuencias impredecibles para el destino de la biosfera. En este siglo "problemático y febril" los actores económicos, políticos y tecnológicos desarrollaron sus contabilidades sobre la errada e interesada hipótesis de la abundancia y la infinitud del planeta. Y estos son los lodos que quedaron después de sus apuestas irresponsables.

17 de abril de 2010

Biodiversidad y sociodiversidad


Caminar por el campo, por un bosque, incluso por una zona árida, nos lleva al encuentro con lo distinto, con lo diverso; con las mil y una formas de la vida realizada en especies vegetales y animales y sus interacciones. Esta biodiversidad, desde hace ya tiempo, peligra por la acción antrópica. La acción humana, enmarcada dentro de un sistema productivo depredador, destruye la diferencia en la naturaleza.

La agricultura y la ganadería intensiva proyectan sobre la naturaleza el mismo esquema uniformizador, lineal y mimético que organizó a la fábrica y a los trabajadores dentro de ella. La fábrica y su cadena de montaje redujo la sociodiversidad del artesanado. Fraccionó los tiempos y los movimientos y los integró en una cadena monótona infernal que castra la creatividad individual. Ese "encadenamiento", figurado y literal, alcanza en la agricultura indstrializada el paroxismo: la ingeniería genética promovida por los grandes laboratorios reduce la biodiversidad y promueve formas industrializadas y dependientes de cultivo. Los enormes campos de soja trangénicos son ejemplos de formas "biocidas" y "sociocidas" de producción. Reducen el rango de la vida vegetal posible de cultivar y encadenan a los agricultores a saberes y prácticas ajenos a su cultura. Biología y sociedad son víctimas de la misma ofensiva uniformizadora del productivismo desquiciado.
Foto: Cultivos de soja transgénica en el Amazonas

Citas (7) Izquierdas y decrecentismo

“Que el decrecimiento es un proyecto político de izquierdas constituye para mí una evidencia porque se fundamenta en una crítica radical a la sociedad de consumo, al liberalismo y retoma la inspiración original del socialismo. En primer lugar, como crítica radical de la sociedad de consumo, del desarrollo o del desarrollismo, se convierte en una crítica inmediata del capitalismo. El crecimiento no es sino el apelativo “vulgar” de lo que Marx analizó como acumulación ilimitada del capital, fuente de todas las contradicciones e injusticias del capitalismo.

Puesto que el crecimiento y el desarrollo son respectivamente crecimiento de la acumulación del capital y desarrollo del capitalismo, por lo tanto, explotación de la fuerza de trabajo y destrucción ilimitada de la naturaleza, el decrecimiento no puede ser sino un decrecimiento de la acumulación, del capitalismo, de la explotación y de la depredación. No se trata tanto de ralentizar la acumulación como de cuestionar el concepto mismo para invertir el proceso destructor. En segundo lugar, el decrecimiento también es, evidentemente, una crítica radical del liberalismo, entendido como el conjunto de valores que subyacen a la sociedad de consumo”

Serge Latouche

27 de marzo de 2010

Citas (6) Gusto por el humo


"Cuando la humanidad ocupó las cavernas y empezó a quemar leña para calentarse y cocinar, comenzaron a contaminarse los espacios interiores. Muchas cuevas habitadas hace milenios conservan sobre sus paredes una pátina de humo, y es de suponer que sus moradores padecieron dolencias pulmonares y oculares derivadas de su exposicíon a él. En los cadáveres momificados de los hombres del paleolítico son comunes los pulmones ennegrecidos. Cuando los seres humanos construyeron sus propias moradas, no lograron en muchos casos ventilarlas (quizás porque deseaban mantener a raya a los mosquitos) y vivieron envueltos en una cortina de humo. Algunos de los efectos de la contaminación sobre la salud les acompañaron luego durante muchos miles de años" McNeill, J.R. Algo nuevo bajo el sol. Historia medioambiental del mundo en el siglo XX. Alianza Ensayo. Barcelona 2003.


Al parecer, el fuego, la producción de calor y luz, le ha traido lo mejor y lo peor a este homínido listillo. Desde la caverna y la choza calentadas e iluminadas hasta la ciudad termonuclear ese fuego nos ha acompañado creando, a la vez, las condiciones de posiblidad de nuestra existencia social y de nuestra desaparición de la faz de la tierra.

Decrecimiento en la prensa y en las publicaciones

Un buen reportaje sobre decrecimiento ha aparecido en el periódico 20 minutos. Por otra parte, la editorial ICARIA está haciendo una apuesta por títulos de contenido decrecentista.

26 de marzo de 2010

Una plantación no es un bosque


Según la prensa, la FAO afirma que “la tasa de pérdida de los bosques a nivel mundial ha disminuido marcadamente en la última década, con menor tala en el Amazonas y siembra de árboles a gran escala en China”. Bien, hay que alegrarse por la reducción de algunas de las barbaridades que el sistema depredador en el que vivimos causa en la naturaleza. No obstante, se tratará siempre de situaciones inestables y frágiles mientras la causa de las mismas no desaparezca.

Reducir la tala y plantar árboles son cosas diferentes. La primera es positiva per se; la segunda, depende. De acuerdo a la sensata idea de algunos grupos ecologistas que señala que “una plantación no es un bosque" hay que mirar con lupa lo que en este terreno se hace. Un bosque es un ecosistema que tiene una finalidad en sí mismo; existe porque es vida vegetal realizada, expresión vital del cosmos y componente de la biosfera. Por el contrario, una plantación de árboles es la expresión de una voluntad social. Se puede plantar para remedar a la naturaleza y devolverle parte de lo que se le ha quitado o se puede plantar, dentro de una lógica economicista ciega, valga el pleonasmo, para volver a talar. La mayoría de las plantaciones se hacen con este segundo objetivo. Las plantaciones de árboles son monocultivos pensados para facilitar el uso de la maquinaria que los va a serrar; eso explica su diseño lineal y monocorde. Se plantan para ser destruidos. La diversidad es enemiga de las plantaciones. En cambio, la diferencia, la heterogeneidad, incluso el desorden, define a los bosques que incluyen como parte necesaria a la vida animal. Reducir la tala, conservar los bosques y plantar para generar biodiversidad es un buen programa decrecentista.

Contra las plantaciones.

14 de marzo de 2010

Paradoja de Jevons


Las paradojas son fascinantes porque rompen las trayectorias tranquilizadoras del sentido común. El sentido común es un camino confortable que no le gusta verse perturbado por las interpretaciones contradictorias o simplemente paralelas de la realidad. Ideologías y sentido común se requieren mutuamente y van de la mano para ocultar aquello que algunos no quieren mostrar. Las ideologías exitosas utilizan al sentido común en sus estrategias de ocultación.

La ideología del desarrollo sostenible se basa en la idea de que lo mismo que se hace ahora con enormes costos ecológicos se puede hacer de manera “ecoeficente”, es decir, reduciendo los inputs energéticos por unidad producida. Eso, efectivamente, puede lograrse y de hecho, según Latouche, la intensidad energética para producir un euro de PIB disminuye de media un 0,7 % por año en Europa desde 1991. Pero aquí interviene la paradoja, esta vez de la mano de William S. Jevons. A este economista marginalista inglés se le conoce, entre otras cosas, porque formuló la idea del “efecto rebote” que, posteriormente, ha sido denominada “la paradoja de Jevons”, basada en la observación del uso del carbón en las calderas de vapor en la Inglaterra de finales del siglo diecinueve. El perspicaz Jevons se dio cuenta de que aunque estas calderas iban consumiendo menos carbón, gracias a los perfeccionamientos técnicos, el consumo global de carbón iba aumentando por el incremento del número de calderas. Formulada de manera más general, el efecto rebote quiere decir que hay una tendencia al aumento del consumo relacionado con la reducción de los límites al uso de una tecnología, con lo cual lo que había ganado por un lado se pierde por el otro. Qué mala pata.

A la ideología del desarrollo sostenible le gustaría que Jevons no hubiera existido para poder seguir defendiendo toda la monocromía de sus fantasías: coches verdes, empresas verdes, economía verde…Pero Mr. Jevons les seguirá estropeando para siempre sus delirios “sostenibles”. El economista inglés era en sí mismo una paradoja: murió ahogado, a los 47 años, en la piscina de un balneario mientras buscaba curarse de una de sus múltiples dolencias.

7 de marzo de 2010

Fe tecnofílica

La fe de algunos en la evolución de la tecnología limita con la ceguera, la ignorancia o la inmoralidad. En España, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, vaticinó hace unas semanas en un pleno del Congreso que la energía nuclear será un día "una renovable más", cuando puedan utilizarse como combustible los residuos que se guardan en el futuro Almacén Temporal Centralizado (ATC).

El contexto de esta declaración es la vergonzosa competencia de algunos pueblos españoles para ser custodios de la basura radioactiva generada por las centrales dispersas por todo el Estado. Los defensores del modelo productivo termonuclear tienen aquí un argumento aparentemente contundente para justificar su posición: a través del desarrollo tecnológico futuro, la basura nuclear, peligrosa, será convertida en un insumo inocuo para el mismo proceso productivo que lo creó. Sofisma perfecto y, por lo tanto, perverso. Apuesta por un desarrollo tecnológico posible, pero de probabilidad desconocida, sostenido por la inventiva de las generaciones futuras legitimando la idea de que los costes ambientales pueden no estar incluidos en la actividad económica presente. Por el contrario, desde una perspectiva decrecentista el futuro no debe ser cargado con la responsabilidad de solucionar los problemas del presente, sino al revés: es en el presente donde se deben prever y solucionar los problemas para dejar que el futuro se encargue de los propios.

Por otra parte, la estrategia de llevar a la energía nuclear al campo, en principio, más aceptable socialmente de las energías renovables, hace aguas por todas partes. La definición de energía renovable nos dice que se trata de aquellas “que se producen de forma continua y son inagotables a escala humana. El sol está en el origen de todas ellas”. Pero, renovable no quiere decir inocua: los biocombustibles constituyen una de las energías renovables por excelencia y las consecuencias y costes medioambientales negativos en su producción y consumo pueden ser enormes. Con mucha más evidencia sucede en el caso de la nuclear. Las artimañas retóricas para ocultar el peligro nuclear corren paralelas con las artimañas políticas, comprando conciencias, para ocultar los residuos en las poblaciones periféricas del país. En ambos casos, la cosa huele mal.

4 de marzo de 2010

Citas (5)

Un anuncio pagado por el gobierno filipino y publicado en Fortune Magazine decía: "Para atraer empresas como la suya...hemos allanado montañas, desecado humedales, cambiado el curso de los ríos, reubicado ciudades...todo para hacerle más fácil a usted y a su compañía realizar negocios aquí". Goldsmith, E. , The Ecologist, vol. 29, nº 2, mayo junio 1999. Citado por García J. et al. "La dimensión cooperativa". Icaria.Barcelona .2006.

1 de marzo de 2010

Terremotos y clases sociales

Un terremoto es algo serio. Se remecen los cimientos; los físicos y los existenciales. A algunos de los habitantes de este planeta la vida se les "terremotea" más que a otros, dependiendo de la placa tectónica sobre la cual han nacido. Nacer sobre un terreno movedizo probablemente forja el carácter pero no quita el miedo. Nadie le pierde el miedo a un terremoto, aunque su biografía pueda ser ordenada por hitos telúricos. Nacer o vivir sobre un territorio que se mueve aumenta las probabilidades de pasarlo mal en la vida. Pero, como siempre, lo pasan peor los que, en general, lo pasan mal habitualmente, con o sin terremotos. Curioso. Chile no es Haití, pero los pobres de Chile lo están pasando peor que los que no son pobres en Chile. La placa tectónica es democrática pero la distribución de la riqueza no lo es y eso, en general, tiene que ver bastante con que se te caiga o no la casa encima. La geología es ciega pero las clases sociales no lo son: distribuyen muy bien los privilegios. Y los ladrillos.

2 de febrero de 2010

Tecnologías estúpidas

Veo en el Metro de Madrid, sin desearlo, sólo porque sus responsables han situado, al alcance de todas las miradas, pantallas ubicuas en los vagones, la noticia sobre una casa equipada con artilugios "domóticos". La domótica, en el caso del domus” (casa) y la “inmótica” en el caso de los edificios de uso no doméstico (empresas, industrias etc.) con la promesa de confort, ahorro energético y seguridad es la penúltima ofensiva de penetración de las tecnologías banales, aunque peligrosas, en todos los ámbitos de la vida humana.

La coartada del “diseño inteligente” ha abierto las puertas de los hogares a la invasión de artefactos originarios de los espacios automovilísticos, y aeronáuticos, entre otros, atravesados, a su vez, por las tecnologías electrónicas e informáticas. La metáfora del hogar es ahora una nave espacial con un “cuadro de mando” que controla su funcionamiento a través de sensores. La casa es ahora un conjunto integrado de subsistemas de información que una vez procesada, genera órdenes para los actuadores. La digitalización de las prácticas sociales alcanza aquí el paroxismo.

La tecnología al servicio de la banalidad, encandila, causa admiración y parece señalar un camino natural de evolución de la inventiva social. Programación para el encendido de luces halógenas, música ambiental mientras se cocina, persianas que se cierran cuando el habitante deja la casa, en fin, “diseño inteligente” para satisfacer deseos pueriles."Desde el interior de la vivienda, el propietario tiene un control remoto de pequeño tamaño con el que puede regular la temperatura de la calefacción de cada habitación o escoger los canales de televisión que verán los niños cuando lleguen a la casa."

Pero, frente a estas tecnologías estúpidas, afortunadamente, están las tecnologías verdaderamente importantes para el bienestar común. Tecnologías humildes como un horno solar o un biodigestor casero ofrecen mucho más valor social y esperanza de convivencia que la sofisticación obsolescente de las tecnologías triviales.

30 de enero de 2010

Austeridad común

Una crítica habitual a la propuesta por el decrecimiento es que ésta no reconoce que los llamados países del Sur tengan el derecho a crecer económicamente tal como lo han hecho los del Norte. A continuación se añade que los primeros, desgraciadamente, no les queda más remedio que aceptar la repetición de los estragos ambientales y energéticos que, en su momento, los segundos provocaron. Es importante rebatir este argumento porque quiere apuntar a una crítica ética al decrecentismo tratando de inmovilizarlo allí donde tiene mucho que decir y aportar. Nos aventuraremos a comentar brevemente esta cuestión.

En primer lugar, el imperativo decrecentista supone para el Norte una reducción drástica de la sobreproducción y el sobreconsumo y, al mismo tiempo, supone un aumento también drástico de la infra producción y el infraconsumo en el Sur, pero tratando de alcanzar un nivel de austeridad común. Para un país africano, como plantea Latouche una sociedad austera "quiere decir producir y consumir más, porque no están ahora en una situación de austeridad; están por debajo de ella". La diferencia entre pobreza y austeridad debe ser subrayada.

En segundo lugar, las metáforas Sur y Norte describen de manera muy general la complejidad de las realidades socioeconómicas, pues hay "sures" en el Norte y "nortes" en el Sur. En el segundo caso, esto significa que dentro de una tendencia a una austeridad común universal muchos de los países del Sur deberán afrontar procesos de decrecimiento internos destinados a un reparto lo más equitativo posible de la riqueza. No debemos olvidar que, por ejemplo, en los llamados "países emergentes" y en otros no tan emergentes, existen espacios de sobreproducción y sobre consumo equivalentes a la de los países centrales. Las dinámicas de decrecimiento deberán desarrollarse, entonces, en primer lugar, de manera endógena y después abordarse en un contexto mundial en la perspectiva de una austeridad común.

El proyecto de "austeridad común" plantea, por lo tanto, una adecuación o modulación del decrecimiento de acuerdo a las diferentes formas de expresión de las inequidades a partir de iniciativas que no son a priori ni formalizables ni predecibles. Como señala nuevamente Latouche, "detrás del slogan del decrecimiento y su correspondiente ruptura con la sociedad de crecimiento está la apertura en positivo a proyectos extremadamente diversos que simplemente tienen en común proyectos de sociedad austera, de no ser sociedades de despilfarro, de sobreconsumo".

27 de enero de 2010

Citas (4) Cóndores

"Al salvar al condor y sus congéneres lo importante no es tanto el hecho de que tengamos necesidad del condor, sino que para hacerlo necesitamos desarrollar las cualidades humanas que necesitaremos para salvarnos a nosotros mismos"

Ian McMillan. Man and the California Condor: The Embattled History and Uncertain Future of North America's Largest Free-Living Bird. New York.Dutton, 1968.

26 de enero de 2010

Ecologismo y decrecimiento

Aunque lentamente, algunos de las ideas y planteamientos decrecentista, comienzan a formar parte explícita de los análisis críticos de los grupos ecologistas más relevantes. Reproducimos parte de un artículo, aparecido en el sitio web de WWF que alude a la posición de estos colectivos frente a la Ley de Economía Sostenible.

"Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF criticarán esta tarde en la reunión del Consejo Asesor de Medio Ambiente (CAMA) el anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (LES) por considerar que realmente lo único que busca es un crecimiento productivista que en el fondo abunda en una cultura económica insostenible. También valorarán muy críticamente la evaluación de la Estrategia Española de Desarrollo Sostenible (EEspDS) tildándola de autocomplaciente y de estar fuera de la realidad.

Esto supone que, nuevamente, el Gobierno plantea una medida que parte de una premisa falsa: que vivimos en un planeta de recursos y sumideros (basureros) infinitos, en el que el crecimiento continuado es posible. El crecimiento económico no puede realizarse si no es con un incremento constante del consumo energético y de materiales, así como mediante una producción creciente de residuos.

Esto queda claro al analizar los principales indicadores ambientales agregados, como el Requerimiento Total de Materiales o la huella ecológica. El Requerimiento Total de Materiales (RTM) de la economía española se incrementó un 11'8% entre 2000 y 2006, y también lo hizo en términos per cápita (OSE, 2009). Por otra parte, España tiene una huella ecológica global de 5,7 hectáreas globales per cápita y un déficit ecológico del 338% (WWF, 2008).

El mejor ejemplo de que esta es una ley para garantizar el crecimiento y no la sostenibilidad, se refleja también en la multitud de medidas que incluye el anteproyecto cuya finalidad es reanimar la economía e incrementar la competitividad, las cuales conforman la mayoría de medidas.

Además, una parte importante de las propuestas supuestamente sostenibles no lo son, a juicio de las organizaciones ecologistas. Entre ellas se encuentran las de fomento del mercado de emisiones o del coche eléctrico, que no son suficientes para avanzar hacia la sostenibilidad. Además, la LES se olvida por completo de garantizar la no sobre-explotación de los recursos naturales ni de evitar el impacto de las actividades económicas sobre el patrimonio natural y la biodiversidad.

En cualquier caso, esto no impide que algunas de las medidas comprendidas en este anteproyecto de ley sean valoradas positivamente. Tal es el caso del fomento del alquiler de viviendas y el recorte de ayudas para su compra, o los incentivos para innovación ambiental.

Puede ser cierto el avance en algunos indicadores ambientes, como consecuencia de la reducción en el crecimiento por la crisis, como señala la evaluación. Pero la poca fiabilidad del informe se hace patente cuando el resultado de los indicadores sociales presentados también es positivo. Por ejemplo no aparece ni siguiera el indicador de la tasa de paro.

Además, en el balance no aparecen indicadores clave para la sostenibilidad, como el Requerimiento Total de Materiales o la huella ecológica y, en general los usados están mal elegidos si se quiere dibujar un panorama realista de la situación española.

Fuente: WWF

23 de enero de 2010

Basura electrónica


La segunda ley de la ecología, según Barry Commoner, es que “todo debe ir a alguna parte. No hay "residuos" en la naturaleza y no hay un "afuera" adonde las cosas puedan ser arrojadas", ha sido seguramente una de las más ignoradas en la historia de la humanidad. Lo fue en tiempos de nuestros antepasados trogloditas y lo es en estos tiempos de la economía y sociedad del conocimiento, como gustan en llamarla ya casi todos. Los primeros tenían la ventaja de que sus restos orgánicos, físicos y químicos, individuales y colectivos, tenían un volumen y unos tiempos de producción lo suficientemente limitados y pausados como para que la madre tierra los absorbiera, en general, sin grandes dificultades. La economía industrial rompió la escala de producción de basuras y nos dejó este planeta contaminado y ya en muchos aspectos "indescontaminable". Sobre esa entropía sobrevivimos hoy.

Sin embargo, los ilusos y/o hipócritas hablan hoy de la economía “desmaterializada”; una nueva era en la que supuestamente se habría reducido sustancialmente nuestra dependencia de la materia y, por lo tanto, nuestra condena a generar basura. El código informático la habría sustituido y, junto con ella, a sus desagradables residuos. El mundo del chip quiere ser luminoso e inmaculado en comparación con la sucia economía industrial. Pero no es cierto. Tanto en las entradas como en las salidas del nuevo sistema tecnológico hace su aparición la contaminación y la basura. Las heces tecnológicas (chips, cables, pantallas, “ratones”, teléfonos móviles, etc.) y sus componentes continúan inundando al mundo.

Para no verlas y seguir con la ilusión de lo impoluto se envían a los países periféricos. La basura se exporta. Los países pobres aceptan la mierda tecnológica que de este modo sale del sistema dominante pero continúan en el sistema mundo. Allí, son parcialmente reciclados, extrayéndoles los metales preciosos que contienen sus componentes. Pero estos son, literalmente, regalos envenenados: las condiciones manuales de extracción de esta nueva riqueza tóxica son deplorables. Los recicladores arriesgan su vida y su salud para poner en circulación otra vez la máquina de producción de artilugios obsolescentes. La alegría de los defensores de la sostenibilidad debería aquí transformarse en una mueca de horror.

16 de enero de 2010

Citas (3) Agua

"El suministro de agua potable, uno de los elementos más indispensables para la vida, es ya insuficiente para mil millones de personas, es decir, una de cada cuatro personas en el mundo. Según el PNUM, el acceso al gua potable podría todavía reducirse a un tercio en veinte años. Y simultáneamente, ¿qué es lo que se observa?Para fabricar una tarjeta de ordenador, hacen falta 32 litros de agua...Una compañía de fabricación de componentes electrónicos puede consumir 18 millones de litros de agua al día, tanto como una ciudad de 60.000 habitantes en un año" Nicolás Ridoux.

15 de enero de 2010

Haití


Pobre Haití. Pobre la pobreza de los pobres haitianos. Tiembla sobre mojado. Terremotos después de huracanes, dictadores después de dictadores. Haití es el país más pobre de América y el más desforestado. Un dato importante para quienes se resisten a ver la relación entre desastre ambiental y economía. Desde hace varias décadas entró en un circuito perverso: el combustible es caro, luego hay que hacer carbón con la madera disponible. Se talan los bosques, la lluvia erosiona el territorio, aparece el desierto en una zona de tropical y con abundantes huracanes. Inundaciones. Y, de postre, un terremoto.

¿Queda compadecerse? Si, pero. También tratar de explicarlo. La independencia de Haití antecede a la de las demás colonias americanas pero en "desarrollo económico" el país siempre ha ido a la zaga. Aunque ha vivido períodos de mayor bonanza la miseria lo ha rodeado siempre. Su independencia ha sido más nominal que real. Estados Unidos lo ha invadido a su antojo en estos dos siglos y nunca para promocionar su bienestar. Es un patio trasero más, aunque importante, de su geopolítica en el Caribe. Su soberanía alimentaria tiende a cero: el precio del arroz producido por sus campesinos no puede competir con el arroz subvencionado que viene de EEUU. Haiti tiene que importarlo de allí: otro dato sobre la insensatez del sistema de intercambio mundial.

Haití es una de las cloacas de la razón occidental. Arrinconado en una esquina de una isla antes tropical y exuberante, probablemente nunca se le ha perdonado su origen esclavo y rebelde. Sus elites han traicionado ese origen y han sido, como siempre son las elites, déspotas con su pueblo. Haití debe ser reinventado, pero desde dentro. De la desolación debe salir un nuevo pacto de los haitianos consigo mismos y con la naturaleza. Pero, para ello, se requieren unos nuevos términos de intercambio económico con los países hegemónicos. ¿Le dejarán? No, no le dejarán.


9 de enero de 2010

Citas (2): Combate de valores

"No somos objetores del crecimiento a falta de algo mejor o por despecho, los somos porque no es posible continuar como antes. Incluso y sobre todo si un crecimiento infinito fuera posible, esta sería a nuestros ojos otra razón de rechazo con el fin de poder seguir siendo simplemente humanos. (...) Nuestro combate es, sobre todo, un combate de valores. Rechazamos esta sociedad de trabajo y consumo en la monstruosidad cotidiana y no solamente en sus excesos" Paul Aries

6 de enero de 2010

Copenhague (3): Las mazmorras de la sirenita


La pulcra, rubia y desarrollada Dinamarca ha mostrado sus mazmorras. Cuatro activistas de Grenpeace, después de estropear una velada monárquica, han pasado veintiún días de cárcel donde han sido tratados como los pulcros, rubios y desarrollados policías daneses tratan a los delincuentes o a quienes consideran que se les parecen. La democracia de la sirenita se ha portado igualitariamente, hay que reconocerlo. Ya durante la cumbre del clima celebrada en Copenhague se puso de manifiesto que la represión policial iba en serio. Los policías daneses pegan palos como cualquier polícía que pega palos a unos señores que no conocen de nada. Lo que hasta ese momento no se sabía es que la institucionalidad jurídica del país deja bastante que desear en lo que respecta al respeto a los derechos de las personas.

Greenpeace es una organización mediática, educada y políticamente correcta. La respetan las amas de casa, los curas, los alcaldes y los niños. Hasta ahora se suponía que también los policías y los jueces de los países del primer mundo "plus". Pero no. No están los tiempos para estas debilidades. Hemos ingresado en la época de la criminalización universal. Si esto le pasa a los buenos chicos ecologistas de Greenpeace en Dinamarca imagínese Ud. lo que les pasa diariamente a los inmigrantes, indocumentados o no, en el resto de Europa. En Italia por ejemplo. Algo huele mal en Dinamarca y en todas partes.

1 de enero de 2010

Citas (1): Choque de tomates


¿Qué es hoy la alimentación? Es un sector de beneficios considerable. Los grandes trust agroalimetarios se disputan encarnizadamente las partes del mercado de la alimentación. Para estos trusts trabaja la agricultura mundial. Vivimos y comemos bajo la ley del mercado.Id a echar un vistazo a las centrales de compra de los grandes supermercados. Allí no hay lugar para los sentimientos. Miran los precios mundiales de tal o cual producto y se dicen: ¡Mira! Veo que aquí me ofrecen alcachofas o tomates a precios interesantes. Voy a calcular y a integrar los costes del transporte. Ese proveedor se encuentra a tres mil kilómetros, pero no importa. A pesar del coste del transporte mi margen será de todas formas más elevado que si compro esos productos a dos pasos de mi casa. Es así como razonan. De modo que asistimos a un espectáculo increible: la alimentación mundal no cesa de cruzarse por las autopistas.

Os contaré un suceso que ocurrió en los años setenta y que podría ocurrir perfectamente hoy en día. Me sorprende que no se haya hablado más de ello: un camión de tomates salió un día de España en dirección a Alemania el mismo día que un camión de tomates salía de Alemania hacia España. Chocaron en la autopista. Esto ilustra muy bien la política agrícola común"


Pierre Rabhi. "El canto de la Tierra". El Barquero. Barcelona. 2005.

27 de diciembre de 2009

Trenes y locura


Dice la prensa que, en China "el tren más rápido del mundo ha comenzado a funcionar este sábado para unir las ciudades de Wuhan, en el centro, con Cantón, en el sur del país. Los trenes viajarán a una velocidad de 350 kilómetros por hora, informa la agencia oficial de noticias, Xinhua. Los dos primeros trenes han salido de Wuhan y Cantón a las 9.00 (3.00, hora peninsular española) y han concluido el trayecto en tres horas, una reducción de siete horas y media con respecto al trayecto anterior".

El tren ha sido defendido como una alternativa al avión y celebrado como un avance en "sostenibilidad" pero depende de qué tipo de tren estemos hablando. No es lo mismo, desde el punto de vista de consumo energético, un tren que viaje a cien que otro que viaje a trescientos cincuenta kilómetros por hora. Y no es lo mismo que haya uno o que hayan veinte.

Un argumento decrecentista es que el problema y la solución al problema no es la tecnología sino el modelo económico y cultural que la sostiene. Un tren a una velocidad razonable se corresponde con una sociedad razonable. Un tren veloz y cada vez más veloz se corresponde con una sociedad desquiciada. La velocidad de una sociedad, dominada por el capital, se corresponde con la velocidad de acumulación del capital. Viajamos más de prisa no porque sea necesario hacerlo en términos absolutos sino porque para algunos, los que llevan las riendas, es necesario hacerlo. Quienes viajan en los trenes de alta velocidad son principalmente los ejecutivos de las grandes empresas que requieren agilizar sus negocios. El tren de alta velocidad no es para los ciudadanos corrientes; tiene tarifas más caras y su diseño está pensado para reducir los tiempos de viaje entre los extremos de las líneas despreciando los puntos intermedios. Sus recorridos son entre el centro y el centro de las periferias. La provincias y regiones pasan tras las ventanas a trescientos cincuenta kilómetros por hora.

Dejando de lado por un momento los graves impactos negativos que tiene la construcción y uso de las líneas de alta velocidad, una vez que se han instalado siempre se construirán más y más rápidamente. Las declaraciones del ingeniero chino encargado del del diseño de la vía de alta velocidad Wuhan-Cantón son rotundas. "Costó más de 20 años elevar la velocidad de los trenes de pasajeros de los 43 kilómetros hora de 1978 a los 100 kilómetros hora de 2001, pero en sólo nueve años lo hemos triplicado hasta los 350 kilómetros hora", Este ingeniero "ha comparado el nuevo tren con los de Japón, de 243 kilómetros por hora de velocidad media, Alemania, 232, o Francia, 277. En los tres próximos años China pondrá en funcionamiento 42 líneas de alta velocidad, con una longitud total de 13.000 kilómetros, con lo que se prestará servicio a más del 90 por ciento de la población". Y más velocidad implica más desplazamientos y ambos implican más consumo de energía.

Un sistema productivista enloquecido siempre estimulará a su sistema tecnológico para que satisfaga sus delirios. Siempre romperá sus propios limites. Siempre se construirán más trenes que irán a más velocidad en más lugares y así hasta el infinito y más allá. Hasta que el infinito cambie de nombre y se llame catástrofe.

25 de diciembre de 2009

Copenhague (2)

En la reciente cumbre de Copenhague al parecer hubo de todo, incluyendo los negadores del orígen humano del cambio climático. Esta vez fueron algunos congresistas republicanos para los cuales "el fracaso de esta cumbre es una buena noticia". Como dijo el torero: "hay gente pa' tó", incluyendo estúpidos negacionistas que, casualmente, son, en EEUU, representantes de Estados petroleros o con una importante presencia de la industria automovilística. "Su argumento es que no está probado que el cambio climático tenga su origen en las emisiones de gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles, pese a los miles de científicos que lo han probado". (El País.19/12/2009)

En España, José María Aznar es uno de los más preclaros exponentes de esta ideología y fue invitado estrella en la mayor cumbre de negacionistas del cambio climático de la historia celebrada en en Nueva York en marzo de este año y finanaciada por la petrolera EXXONMOBIL.

El negacionismo es una vieja escuela y de amplio rango temático que trata de horadar consensos progresistas acerca de determinados sucesos que han afectado o afectan a la humanidad. El más conocido es el que pretende negar el exterminio de los judíos europeos por los nazis y sus aliados durante la segunda guerra mundial. El más famoso es el inglés David Irving. La Iglesia Católica también los tiene: hace poco Benedicto XVI rehabilitó al también inglés, obispo negacionista Richard Williamson. Este cura afirmó que los judíos que murieron en ese período no pasaron de los trescientos mil y ninguno en las cámaras de gas. También Darwin se enfrentó desde el comienzo a los "creacionistas" que refutarón su teoría de la evolución y que tienen en la actualidad una importante presencia en el discurso de algunas iglesias protestantes de EEUU.

¿Porqué los negacionistas son todos de derechas?

23 de diciembre de 2009

Vacas visibles e invisibles


Todo sistema de dominación-política, económica, cultural o ecológica- crea un espacio de encubrimiento de su dominación y de las consecuencias de ésta. Este es el espacio de las ideologias. El productivismo y el consumismo contaminan, agotan recursos, destruyen culturas y fomentan modos de vida esclavos. Sin embargo, las ideologías del capitalismo "venden" el desarrollo, el bienestar y, ahora, la "sostenibilidad", como fin último de su actividad. Y para que este desarrollo sea vendible se deben esconder los costes medioamientales y el derroche que lleva asociado. Latouche nos recuerda, por ejemplo, que "para que la ganadería intesiva funcione en Europa hace falta que una superficie equivalente a siete veces el continente sea empleada en otros países para producir la alimentación que reclaman los animales criados de este modo industrial: es lo que se llama 'consumo encubierto' . Según William Rees, los Paises Bajos utilizan o importan un territorio de 100.000 kilómetros cuadrados en el mundo, principalmente del Sur, es decir, cinco a siete veces la superficie de las tierras productivas del país y eso sólo para alimentación". Esto significa, aunque parezca paradójico, que los mayores campos de cultivo europeos están fuera de las fronteras del continente.

Para que los consumidores europeos mastiquen y engullan tranquilos los filetes de lomo, que han comprado envasados y sobreenvasados en pulcros centros comerciales, no deben saber todo ésto.Tampoco deben saber que la ganadería genera más emisiones de gases causantes del efecto invernadero que el sector del transporte, según la FAO. Para algunos podría ser causa de una digestión molesta, o no, ¡vaya uno a saber!

El viejo capitalismo de producción, industrial, no podía esconder su suciedad y su podredumbre. Era un capitalismo a cara descubierta. El capitalismo de consumo actual y aún más en esta subetapa informatizada y reticular, es un capitalismo con difraz que tiene la posibilidad de deslocalizar la producción de basura pero, sobre todo, de hacer uso de la cosmética ideológica para ocultar las vacas y poder saborear los filetes de lomo.


19 de diciembre de 2009

Copenhague (1)


La conferencia ha estado alborotada: eso es bueno porque es un signo de que hay posturas diferentes. Los conflictos expresan interesen distintos que deben ser reconocidos. Es malo porque, ya se sabe, a río revuelto gana la OCDE y pierden los perdedores de siempre.

Frente a la postura razonable, necesaria y urgente por comenzar a modificar globalmente las causas del cambio climático, los que mandan han optado por financiar el control de sus consecuencias. El texto “establece un total de 10.000 millones de dólares entre 2010 y 2012 para que los países más vulnerables afronten los efectos del cambio climático, y 100.000 millones anuales a partir de 2020 para mitigación y adaptación (sic)” (El País. 19/12/2009).

En la adaptación está la madre del cordero. Los países ricos, los menos, los que contaminan, podrán seguir contaminando; los países pobres, los más, a quienes se les secarán las cosechas y/o les entrarán los tifones por las ventanas se les dará dinero para que se "adapten a los cambios". Como es previsible, serán dineros en los que intervendrán empresas, consultores y tecnologías de los países donantes que podrán serán incluidos en su PIB "verde" y en el haber de la "sostenibilidad". Negocio redondo. Un mundo de locos y de inmorales.

Cambiemos el sistema no el clima: Declaración de los pueblos en Klimaforum 2009

12 de diciembre de 2009

Decrecentismo es hablar en prosa

Moliere, en “El burgués gentilhombre”, muestra magistralmente el reconocimiento de una ignorancia y de “un darse cuenta” repentino. M. Jourdain, un muy poco ilustrado burgués, de pronto toma consciencia de que durante toda su vida ha hablado “en prosa”. Es decir, descubre una obviedad, tal como se refleja en este diálogo con el “filósofo”:

"—Filósofo: ¿Y son versos los que queréis escribirle?
—M. Jourdain: No, no; nada de versos.
—F:¿Preferís la prosa?
—J: No. No quiero ni verso ni prosa.
—F:¡Pues una cosa u otra ha de ser!
—J:¿Por qué?
—F: Por la sencilla razón, señor mío, de que no hay más que dos maneras de expresarse: en prosa o en verso.
—J:¿Conque no hay más que prosa o verso?
—F: Nada más. Y todo lo que no está en prosa está en verso; y todo lo que no está en verso, está en prosa.
—J: Y cuando uno habla, ¿en qué habla?
—F: En prosa.
—J: ¡Cómo! Cuando yo le digo a Nicolasa: "Tráeme las zapatillas" o "dame el gorro de dormir", ¿hablo en prosa?
—F: Sí, señor.
—J: ¡Por vida de Dios! ¡Más de cuarenta años que hablo en prosa sin saberlo! No sé cómo pagaros esta lección."

El decrecentismo es la prosa de muchos. La nuestra, por supuesto, pero también la de ecologistas y otros activistas sociales que durante muchos años de travesía por el desierto han intentado hacer una propuesta social y política con capacidad de cautivar y aunar voluntades en pro de una sociedad diferente. Este ecologismo, desgraciadamente, ha quedado atrapado en las redes que el sistema ha lanzado para capturarlo integrando el mismo concepto de "sostenibilidad" sobre el que han asentado gran parte de sus propuestas.

El movimiento decrecentista puede tener la capacidad, si las cosas se hacen bien, de reorganizar el imaginario activista, político y teórico de los, en muchos casos, aletargados movimientos sociales si dialoga con ellos, reconoce sus aportes téoricos y sus luchas y comienza a recorrer con ellos la gran transición hacia una sociedad viable. Eso requerirá acentuar las diferencias conceptuales, éticas y prácticas entre "sostenibilidad" y "decrecimiento". Es de vital importancia fortalecer una idea del decrecimiento no asimilable.

La propuesta por el decrecimiento es una obviedad. Es el “dos más dos” del sentido común y de la sensatez: no es viable un crecimiento infinito en un mundo finito y punto. No hay nada más que decir porque todo lo que se puede decir ya ha sido dicho: que si la tecnología, que si los acuerdos internacionales, que si la responsabilidad social corporativa; que si la empresa verde; que si el reciclaje etc. y no han servido para casi nada. Tinta y saliva a raudales han sido vertidas en los cauces de la retórica posibilista para justificar lo injustificable o para aligerar el peso y hacer un poco más lenta la caída a un precipicio que de todas maneras va a ocurrir, si seguimos por el mismo camino. El decrecentismo dice: “si ésto, entonces ésto”. Si el causante del desastre previsible es el crecimiento económico, no un tipo de crecimiento, sino "el" crecimiento en sí mismo entonces hay que dejar de crecer. Lógica y prosa elemental y, a la vez, implacable. Por ello, hay que seguir hablando en prosa: lo demás es poesía.

6 de diciembre de 2009

Jornadas sobre decrecimiento en Madrid


El colectivo Decrecimiento Madrid ha organizado unas intensas y extensas jornadas sobre decrecimiento en el Patio Maravillas, los días 11, 12 y 13 de diciembre. El programa es amplio e incluye una gama importante de temas relacionados con la objeción al crecimiento, desde el punto de vista téorico así como desde el punto de vista de la práctica cotidiana, individual y colectiva.

Para ver el detalle del programa: Decrecimiento Madrid

5 de diciembre de 2009

Serge Latouche


Serge Latouche es alto, delgado, ágil y lleva un bastón. Parece ser también una buena persona. Esto es importante porque para llamar a cambiar la economía, es decir, a cambiar el mundo y sus alrededores, hay que estar loco, ser un dictador megalómano, las dos cosas a la vez o ser una buena persona. Latouche es un tipo razonable que lleva pensando muchos años sobre diversas cosas interesantes, las escribe y convence a mucha gente con argumentos simples, tan simples que parecen triviales. Uno dice: ¡coño, cómo no me había dado cuenta antes¡. Si el crecimiento económico tiene los efectos negativos que tiene lo más razonable es dejar de crecer, no crecer de otra manera. La fuerza de la idea decrecentista es su obviedad paradójica. Muchos hubieran deseado haber acuñado la palabra y desarrollado el concepto antes.

Latouche no utiliza el bastón para caminar: lo emplea para señalar las palabras y gráficos de la presentación en Power Point que apoyan algunos puntos de su exposición. Este catedrático emérito de economía, aunque iconoclasta frente a su propia disciplina, camina perfectamente sin bastón; se apoya más bien en su larga experiencia investigadora y docente con la cual anda por el mundo difundiendo la idea decrecentista. Teníamos que conocerlo personalmente y fuimos a Somosaguas a verle y a oirle a una de sus charlas en su viaje a España. Para quienes lo leemos desde hace ya algún tiempo, fue un placer revivir la experiencia clarificadora de los primeros encuentros con sus escritos. En un momento de crisis de liderazgo el austero Latouche es un buen referente intelectual que, sin estridencias ni protagonismos banales, ha ido trazando un recorrido sistemático por la crítica al productivismo y el bosquejo de los contornos del postdesarrollo.

En la charla traza los rasgos de una política decrecentista resumida en los siguientes diez puntos: 1) reencontrar una huella ecológica sostenible (reducción del 65% en los paises del Norte desarrollado); 2) reducir los transportes; 3) relocalizar las actividades económicas; 4) restaurar la agricultura campesina; 5) transformar las ganancias de productividad en una reducción del tiempo de trabajo; 6) relanzar la producción de bienes relacionales; 7) reducir el gasto de energía en un factor cuatro; 8) limitar la actividad publicitaria; 9) reorientar la investigación tecnocientífica; 10) reapropiarse del dinero y reducir progresivamente el espacio de la banca.

Latouche es una buena persona pero no ingenuo: aunque apuesta por un "decrecimiento sereno", es consciente de las consecuencias que tendría la implantación de tal programa decrecentista. Si se presentara a las elecciones y saliera elegido, fantasea, lo matarían al poco tiempo "como al presidente Allende", dice. Sabe, por lo tanto, que el decrecentismo "no es una moda para intelectuales con culpas", como ironizaba Carlos Taibo, sino una apuesta política con riesgos. Serge Latouche sabe que en la tragedia griega la "catásfrofe"designa la "escritura de la última estrofa", por eso se esfuerza para que no tengamos que escribirla en la tragedia humana.

4 de diciembre de 2009

Bangladesh


El periódico de ayer dice que, según el Banco Mundial, en Bangladesh "20 millones de personas pueden ser desplazadas para 2050 por los efectos del calentamiento global, que dejaría el 17% de su superficie bajo el agua" y que "otros especialistas aseguran que si las peores predicciones se cumplen, hasta 35 millones de bangladesíes perderían sus casas y sus formas de sustento. Se les llama "refugiados climáticos".

Si Ud. vive algunos metros sobre el nivel del mar, digamos a partir de los cuatrocientos o los quinientos, puede dormir, por ahora, tranquilo y despreocuparse del cambio climático. Todavía puede imaginar todo el tiempo del que dispone la tecnología para inventar algo contra el calentamiento global. Mientras tanto, puede seguir consumiendo como lo ha hecho hasta ahora, utilizar el mismo vehículo para desplazarse al trabajo por las mismas carreteras atascadas de todos los días, visitar otra vez el enorme centro comercial de la periferia y engullir lo que engulle siempre.

Pero si vive en Bangladesh (por cierto: ¿sabe Ud. dónde está Bangladesh?), la cosa es un poco más complicada. Tomando en cuenta que una gran parte del territorio del país está al nivel del mar, en algunas zonas le costará pegar ojo temiendo que el mar se le meta por la ventana y arrase por enésima vez con lo poco que ha rescatado de la última inundación o del último ciclón. Pero la sinrazón está en que si viviera allí, su consumo habría sido mínimo, probablemente de susbsistencia, no habría utilizado un todoterreno para ir buscar a sus hijos al colegio, ni habría hecho la compra por Internet esta semana. Es decir, su modo de vida habría tenido poco que ver con los desastres medioambientales que lo acechan. Probablemente sería feliz si no fuera porque, degraciadamente, nació a nivel del mar en una época en la que el nivel del mar está subiendo.

Si Ud. vive a varios metros sobre el nivel de mar pensará que quienes afirman que "el calentamiento lo han creado los países ricos; que Bangladesh, una de las naciones más pobres del mundo sólo aporta el 0,1% de las emisiones de dióxido de carbono mundiales y que cada bangladesí produce 0,3 toneladas por año, a diferencia de las 7,6 de un español o las 20,6 de un estadounidense", son unos catastrofistas. Y que son unos bárbaros amenazantes quienes, como Atiq Rahman, que dirige el Centro de Estudios Avanzados de Bangladesh (BCAS por sus siglas en inglés) afirman que "La gente que está perdiendo sus hogares tiene derecho a irse a los países ricos" añadiendo que va ir personalmente "con varios millones de desplazados hasta países como Holanda y Estados Unidos y ahí exigiremos que les den casa y trabajo: no por caridad, sino por merecida compensación". Si Ud. vive a varios metros sobre el nivel del mar tendrá que comenzar a preocuparse.

27 de noviembre de 2009

Charla decrecentista

La idea decrecentista se expande. Tres actividades relacionadas con el tema se han desarrollado y se desarrollarán en Madrid durante esta semana. La CGT, sindicato anarcosindicalista, organiza una titulada "Las alternativas sociales de la CGT" donde incluyen un espacio para el Decrecimiento y, en el Patio Maravillas, este fin de semana hubo un encuentro sobre economía solidaria tema, en nuestra opinión, central en la propuesta decrecentista, sobre el cual hablaremos en otro post. Por otra parte, el miércoles pasado asistimos a una charla organizada por Ecologistas en Acción con la participación de Carlos Taibo y Fernando Cembranos.

Interesante y didáctica fue la charla. Taibo, con su acostumbrada elocuencia y asertividad, subrayó los principales rasgos de su perspectiva contenida ya en su libro "En defensa del decrecimiento" abogando por una alternativa decrecentista, anticapitalista y antipatriarcal. Según él, la crisis es tal que "ya no estamos en condiciones de afirmar que las generaciones que vienen vivirán mejor que las anteriores" y que "hay que cerrar sectores enteros: automóvil, aeronáutico..."

Cembranos, por su parte, con humor y simpatía, elaboró sus argumentaciones desde la Economía ecológica y realizó una incisiva crítica a la ideología del PIB: "el PIB es una medida directa de la destrucción". Abogó por una "economía de los cuidados" y de los "bienes relacionales" dentro de espacios no monetarizados.

Interesantes y didácticas ambas intervenciones repetimos pero, a tenor de las preguntas del público, las demandas en el momento actual tienen que ver también con los modos de articular y poner en marcha alternativas concretas. Es decir, pasar del diagnóstico a la construcción o, al menos, al esbozo de aquello, deseable, que será distinto a lo actual. No se trata de oponer teoría y práctica despreciando la primera (sigo pensando que no hay mejor práctica que una buena teoría) sino más bien de crear los puentes entre la fase de diagnóstico y la fase de la acción colectiva. El decrecentismo como cualquier movimiento tiene que articular tres "patas": la teórica, la del activismo y la de las propuestas de organización social alternativas. Esta última es particularmente relevante en un movimiento no leninista que, por lo tanto, no aspira a la toma del Palacio de Invierno, entendido como un acto final y único a partir del cual se comenzaría a construir la sociedad imaginada. Esta se construye desde el aquí y ahora. Y, dado que el diagnóstico es radical, la alternativa debe ser también radical y posible pero aquí y ahora.

21 de noviembre de 2009

COOP57

El cooperativismo es una vieja idea y una vieja práctica que ha pasado por períodos de relativo esplendor y decadencia. Se vinculó con el asociacionismo obrero de los siglos pasado y antepasado y fue absorbido en parte por la economía mercantil en diferentes momentos de su historia. Ahora, en la emergente realidad de la economía alternativa y solidaria, vuelve a presentarse como modo posible de restablecer los vínculos sociales y económicos sobre bases democráticas y participativas.

Asistimos hace unos días a una charla dada por un socio de COOP57 que se define como "una cooperativa de servicios (crédito, préstamo e intercambio) integrada por diversas entidades de la economía social, una cooperativa de primer grado nacida en Barcelona en mayo de 1995 que se expande a Aragón en 2005 y ahora a Madrid". Esta organización "destina sus recursos propios a proporcionar ayuda financiera a proyectos de economía social que promuevan la ocupación, fomenten el cooperativismo, el asociacionismo y la solidaridad en general, y promuevan la sostenibilidad sobre la base de principios éticos y solidarios"

La charla, con pocos asistentes pero participativa, nos permitió conocer y valorar positivamente esta iniciativa que permite ir creando una base financiera de apoyo a las empresas de la "otra economía" a partir de la captación de fondos provenientes de los ahorradores solidarios. Un buen punto de partida para organizar proyectos decrecentistas ¿no?

18 de noviembre de 2009

Atunes y decrecimiento

En la llamada crisis del "Alakrana" se ponen en evidencia varias cuestiones que tienen que ver con el decrecentismo. Se me ocurren algunas que expongo aquí sin animo de exhaustividad. En primer lugar, la presencia de un barco español faenando tan lejos de sus propias costas indica, paradójicamente, una débil soberanía alimentaria del país. Es decir, una parte de sus alimentos no proviene de su propio espacio ecológico, sino que es extraído de otro, distinto y muy distante. El hecho de que sean, en principio, "aguas internacionales" no relativiza esta afirmación. En segundo lugar, a diferencia de lo que sucede con la débil soberanía alimentaria de los paises "pobres" en este caso se trata de un país rico que al no "producir lo que come" utiliza su, relativo, poder económico y militar para obtenerlo en otros lugares. En tercer lugar, se pide y se obtiene protección pública para actividades privadas que, debe quedar claro, no son actividades comerciales de intercambio "normales" sino asimétricas y de extracción directa de alimentos en el espacio ecológico de otras comunidades humanas. El punto de partida aquí es, entonces, un modo de producción y consumo de alimentos que no respeta sus condicionantes espaciales locales y se ve obligado a expandirse. La pesca es la prolongación de la ecología y la política por otros medios.

13 de noviembre de 2009

Mercantilización, sobremercantilización y desmercantilización

Trataremos de explicar los, feos, palabros del título. El siglo diecinueve europeo entregó a la humanidad una innovación económica y cultural importante: la ampliación de la esfera del mercado atribuyéndole un rol central en la coordinación de las acciones sociales. Es decir, las "mercantilizó" y, por lo tanto, las entregó a las fuerzas de la oferta y la demanda. Aportó con ello diversidad y dinamismo a las rígidas estructuras económicas precedentes. Pero, su posterior evolución "sobremercantilizó" dichas acciones humanas: situó como referente absoluto al mercado y sometió a casi todos los ámbitos sociales a la lógica del valor de cambio. De este modo, tenemos, entre muchas otras, una cultura, una política, una economía y hasta un ecologismo mercantilizado. Un ecologismo se mercantiliza cuando, por ejemplo, acepta la idea de un mercado de contaminantes (los países ricos compran las "cuotas" de contaminación de los países pobres) o cuando confía a las fuerzas del mercado el desarrollo de energías renovables manteniendo el supuesto de las necesidades humanas ilimitadas.

El decrecentismo, por el contrario, es, en gran medida, una propuesta de "desmercantilización" de las relaciones sociales y de los vínculos de las sociedades con la naturaleza. Supone una apuesta por ampliar los espacios no sometidos a la disciplina del valor de cambio, es decir, una apuesta por la concreción, solidaria, de las relaciones sociales y orgánica con el medio ambiente, frente a la abstracción de los vínculos monetarios. En estos ámbitos, la inventiva decrecentista debe aportar ideas, sueños, pero, sobre todo, proyectos concretos que expresen una lucha contra la expansión ilimitada de la economía mercantil monetarizada.

8 de noviembre de 2009

Tecnologías de la parsimonia

El ministro de Fomento, José Blanco, anuncia que el tren de alta velocidad (AVE) llegará al aeropuerto de Barajas. Es decir, la oferta es velocidad más velocidad; inmediatez más inmediatez. Capitales, esfuerzo humano y tecnologías puestas al servicio del aceleramiento. Una sociedad montada sobre la urgencia y la inminencia. Los tiempos sociales hace tiempo que rompieron los de la naturaleza pero la presión por la velocidad se intensifica cada día más. No hay límites a la compulsión al movimiento acelerado. Todo debe ir más de prisa. ¿Para qué? ¿Qué es lo que nos espera al final del viaje? ¿Cuál es el premio a la premura?.

Aparentemente estas ofertas complacientes que hacen políticos y tecnócratas responden a las demandas sociales de más y más velocidad. Pero, Paul Virilo hace ya tiempo que señaló que tecnología y velocidad han sido unidas en una misma amalgama cultural y económica y que la velocidad es la más importante de las seducciones que realiza la tecnología. Juntas constituyen, bajo la amenaza de que parar significa morir, un factor de control social. "Controlar la tecnología, la velocidad del cambio, es controlar la sociedad, el espacio y la información".

Pero: ¿es todo esto ineluctable? ¿estamos condenados al vértigo de la velocidad? ¿o, por el contrario, es posible pensar y poner en funcionamiento otras tecnologías al servicio de los tiempos de la naturaleza? ¿al servicio de los tiempos comunitarios? ¿al servicio de los tiempos de la solidaridad?¿al servicio de los tiempos de los cuerpos y los sentimientos? ¿son posibles tecnologías de la lentitud, de la calma, incluso de la pachorra? ¿son posibles tecnologías de la parsimonia? La reflexión y la práctica decrecentista debe transitar por estos caminos ofreciendo propuestas para reconstruir el vínculo social sobre la base de otros tiempos distintos a los de la urgencia y la producción.