12 de octubre de 2010

Citas (11)

"Dado que no hay una práctica social o un sujeto colectivo privilegiado en abstracto para conferir sentido y dirección a la historia, el trabajo de traducción [entre sujetos sociales] es decisivo para definir, en concreto, en cada momento histórico qué constelaciones de prácticas tienen un mayor potencial contrahegemónico"

Boaventura de Sousa Santos: El Milenio Huérfano.

8 de octubre de 2010

Desastres y prosperidad


Dos desastres en pocos días: la rotura de una balsa conteniendo diversos minerales pesados en Hungría y el choque contra un barco cargado con disolventes en el canal de la Mancha. En el primer caso, se trata de residuos del proceso de fabricación de aluminio y, en el segundo, de una variedad de disolvente y combustible pesado. Es decir, materiales o insumos relacionados con la fabricación de productos industriales, imperfectamente guardados o arriesgadamente transportados.

Nada nuevo que agregar a la larga lista de desastres ecológicos, conocidos o desconocidos. Más de lo mismo y de lo que seguira siempre siendo lo mismo dentro de un modelo productivo que, asentado sobre el riesgo, lo actualiza periódicamente bajo la forma de desastre. El aluminio y los combustibles están en la base de muchos de los "inocentes" productos de consumo cotidianos, aquellos que se entienden como signos de desarrollo y de bienestar. Pero nosotros, los decrecentistas, invertimos la ecuación perversa de la prosperidad: cada envase de refresco, cada automóvil, cada teléfono móvil etc. producido masivamente en las fábricas ubicuas del capitalismo arrogante reposa sobre capas de peligro. No existe el capitalismo verde ni el capitalismo sostenible: su razón y su lógica es siempre depredadora y destructiva. Es urgente desconectar la idea del bienestar de la ideología del desarrollo y el productivismo; cambiar las servidumbres del consumo y las estructuras generadoras del desastre. No hay mucho tiempo.

30 de septiembre de 2010

Citas (10)

"Hemos llegado entonces a un punto de imposibilidad de satisfacción de las necesidades que el capitalismo nos ha creado, inventado, impuesto y persuadido que debemos tener, con el fin de poder hacernos consumir las mercancías que nos ha enseñado a desear. Para renunciar a esto, la eco-dictadura parece ser el camino más corto y contaría con el apoyo de quienes tienen al capitalismo y al mercado como los únicos capaces de crear y distribuir riquezas y que prevén desde ya una reconstitución del capitalismo sobre nuevas bases-después de que las catástrofes ecológicas hayan puesto los contadores a cero, provocando una anulación de las deudas y los deudores.

Sin embargo, otra salida muy diferente se perfila, que conduce a la extinción del mercado y de los asalariados por la expansión de la autoproducción, la redistribución de la misma y la gratuidad. (...) Producir lo que consumimos y consumir lo que producimos es el mejor camino para salir del todo-mercado"

Manifiesto Utopía. Icaria Barcelona. 2010.

29 de septiembre de 2010

Cementerio productivista


La ideología productivista es implacable: somete a la acción humana a los imperativos del gigantismo, del despilfarro y de la sinrazón. Una vez dentro de ella no cabe más que comportarse de acuerdo a sus exigencias y rigores. La locomotora de la producción y el consumo sólo se mueve hacia adelante, aunque lo más nítido que se vea en el horizonte sea el precipicio.

En Madrid, el desarrollismo de los años setenta dejó como herencia una autopista gigante, la M-30, que rasgaba el rostro de la ciudad. Parte de un cauce fluvial fue convertido en un curso asfaltado que ha visto pasar durante décadas gran parte de la producción contaminante de la industria nacional y extranjera de automóviles.

Durante años la idea de “soterrar la M.-30” estuvo sobre la mesa de las brillantes ideas municipales. Hace algo más de tres años comenzaron las obras. Todavía continúan. Se ha cumplido, efectivamente, el objetivo del soterramiento: se han metido, literalmente, bajo tierra, hierros y asfalto, la autopista y sus coches, el ruido y los humos. De paso, (¿de paso?) el megaproyecto, ha aportado la actividad necesaria para aumentar el PIB regional, el índice de empleo y enriquecer a las empresas constructoras, bajo la coartada del bienestar ciudadano.

Las máquinas térmicas han sido silenciadas por máquinas térmicas. Sobre la superficie reina el silencio o, más bien la sordina de los ruidos del fondo abisal del tráfico impune. Triunfo, por aclamación, de la razón ingenieril sobre sí misma: ha resuelto, por ahora, parte de los problemas que ella se había provocado. ¿No le llaman a eso sostenibilidad? Pero fracaso total de la razón urbanística y la razón ecológica pues, coincidiendo con la crisis económica y el desvío de fondos hacia otras actividades más rentables para el narcisismo de la autoridad edilicia, el espacio urbano y paisajístico que nos han entregado a los habitantes de Madrid es desolador. Kilómetros de polvorientos descampados, precariamente maquillados por manchas arboladas y puentes de dudoso gusto sin evidencias de que participen de un proyecto visual, urbanístico y estético con sentido. En medio, un río convertido aún más que antes, si cabe, en un canal de regadío escuálido y avergonzado.

El entierro de la M-30 ha sido realizado de espaldas a la participación y la innovación colectiva. Los ciudadanos han quedado literalmente en sus márgenes, físicos y sociales, observando la destrucción de sus espacios de tránsito y esparcimiento habituales, respirando durante años polvo y más polvo de las interminables “obras” ofrecidas en nombre del progreso y anestesiados por promesas cuya impudicia nace de la desmovilización y la amnesia colectiva.

Y, lo que pudo ser la gran intervención de mejoramiento de la calidad de vida de Madrid a comienzos del siglo veintiuno, ha sido sólo la inhumación, arrogante pero provisional, de uno de los cadáveres del productivismo y del gigantismo. Metáfora elocuente de lo único que éstos, a estas alturas de su delirio, pueden hacer sobre sí mismos: esconder los muertos de sus propios desastres. Pero los signos de la gran fosa común aparecen por todos lados: respiraderos, chimeneas, salidas de coches… imposibles de ocultar ni por la “alfombra verde” prometida ni por la alfombra ideológica construida a fuerza de propaganda e “información al ciudadano”. Sobre ese cementerio, y otros más, se construye la gloria del desarrollo. Sobre ellos habrá que construir la utopía decrecentista.

21 de septiembre de 2010

Huelga y decrecentismo


Está en marcha en España una huelga convocada por los sindicatos mayoritarios. En esta convocatoria están concentradas al día de hoy la mayoría de las energías sociales y políticas críticas al actual modelo económico. Podemos estar en desacuerdo con su comportamiento en general pero, en actualidad, los sindicatos son, en el mundo del trabajo, una referencia ineludible. Ellos lideran una iniciativa que implicará, si sale bien, una fuerte movilización social con la que, en nuestra opinión, los decrecentistas debemos estar en sintonía.

Esta huelga es una huelga del mundo del trabajo asalariado pero representa una oportunidad importante para que tenga presencia y se muestre al conjunto de la sociedad el mundo de los movimientos de base, el de la economía solidaria, el de la ecología, el del cooperativismo y otros. Es decir, todo el espacio social que está fuera de las relaciones salariales. Un ámbito complejo y heterogéneo que hasta ahora ha quedado generalmente extramuros de las protestas sociales y que, usando la capacidad amplificadora de la huelga, puede dar a conocer formas de producción, comercialización, consumo y crédito distintas a las capitalistas.

Si aportamos creatividad y motivación puede ser la ocasión para crear un momento lúdico a la vez que reivindicativo. Podemos, aunque sea una paradoja, llevar un mensaje antiproductivista, que en un contexto de defensa del empleo, pasa, en el discurso hegemónico, por el crecimiento de la economía. Podemos aportar una nota disruptiva en el sentido común. Esa es entre otras, nuestra tarea y misión como movimiento. Mostrar formas de vida y trabajo que no transcurren por la relación de subordinación salarial y su horizonte productivista.

Pero representa también la ocasión para reclamar espacios y políticas públicas que sean más favorables a la economía solidaria, a las redes de intercambio, a la acción cultural, a las iniciativas de banca ética etc. Es una oportunidad para presionar y luchar también por nuestros propios objetivos. Es importante, entonces, que se participe con reivindicaciones explícitas propias del sector.

Otra cosa distinta es cómo participar en esta huelga. Y aquí aparecen 3 momentos posibles: a) durante su preparación (junto a otros colectivos) b) durante el mismo día de la huelga en nuestros lugares de trabajo y c) en las manifestaciones callejeras. Debemos estar en los tres.

La huelga debería servir también para estimular la reflexión acerca del estatuto político del movimiento por el decrecimiento y su estrategia de transformaciones. Somos un movimiento político, en su acepción más amplia, que debe encontrar su lugar en el conjunto de las luchas sociales. Y cualquier proyecto de transformaciones decrecentistas debe hacerse en alianza con el mundo del trabajo. Las contrahegemonías se construirán en la confluencia de proyectos de emancipación diferentes. Debemos mostrar que la posibilidad teórica de "lo común de lo diverso" encuentra su expresión práctica en las movilizaciones y acciones conjuntas con otros sujetos de los cambios, dentro de un proyecto destinado a aumentar la multiplicidad del mundo.

Esta huelga nos encuentra en la infancia del movimiento decrecentista y evidentemente se pondrán de manifiesto todos los balbuceos correspondientes a la edad. Esto no es lo importante; lo importante es saber que "decir no es decir si a algo diferente" y verla como parte de un recorrido que debe llevar a actualizar las posibilidades de la realidad. "En cada momento hay un horizonte limitado de posibilidades y por ello es importante no desperdiciar la oportunidad única de una transformación específica que el presente ofrece" (Boaventura de Sousa Santos)

7 de septiembre de 2010

Obsolescencia y uso decrecentista


La producción en masa y los procesos de acumulación de capital asociados a ella, requieren de la aceleración de los ritmos de generación y consumo de bienes. Dentro de esta lógica, los bienes de uso requieren ser mercantilizados y transformados en objetos de consumo con una alta tasa de rotación. Para ello, es imprescindible programar su obsolescencia, es decir, su deterioro progresivo o repentino. La racionalidad y la inventiva empresarial se aplica a limitar la vida útil de los objetos. Esta es la irracionalidad de la racionalidad capitalista: la inteligencia técnica se vuelca a pensar cómo reducir la duración de lo que se ha fabricado y, con ello, aumentar el volumen total de objetos circulantes. El exceso de ellos, convertidos en basuras después de un breve uso y un alto consumo energético, daña los ecosistemas pero genera sensación de abundancia y progreso. Esta es la perversión infinita de la alianza entre producción y consumo.

Por el contrario, la innovación decrecentista y la inteligencia colectiva que la sustenta, entre otras tareas, debe aplicarse, a pensar en la reducción del número absoluto de objetos circulantes mediante el aumento de la "tasa de uso" de los mismos. El esfuerzo decrecentista no está en el reciclaje sino en la limitación de la producción de objetos efímeros y en el incremento de la duración de los bienes. Se trata de pensar la permanencia y la identificación con los objetos cotidianos que nos rodean para alargar su vida junto a nosotros. El imperativo es ralentizar la producción de objetos banales y efímeros dejando la acción entrópica a la naturaleza y no a los ingenieros. Crear objetos comunitarios, objetos "buenos" y sanos; diseñarlos para que la colectividad "reconozca en ellos sus habilidades y capacidades" no para que proyecte en ellos sus frustraciones.

1 de septiembre de 2010

Setecientos metros


Que unos mineros en el desierto chileno queden atrapados a setecientos metros de profundidad cabía dentro de lo posible. La minería es una actividad de alto riesgo; lo ha sido y lo será siempre. Las probabilidades de ocurrencia del accidente aumentaron por la inmoralidad y desidia de los dueños de la mina. Hasta aquí estamos en el plano de los condicionantes microsociales. Vayamos a los macrosociales: ¿cuanta voracidad es necesaria para desarrollar procesos económicos y tecnológicos que requieran desgarrar la tierra en esas profundidades? ¿cuanta ambición de riqueza es necesaria para hurgar las entrañas del desierto con esa saña ? Mucha, no cabe duda. Por eso no hay que analizar lo sucedido como un accidente o una anomalía. Ya sabemos que el horror está en lo cotidiano y lo cotidiano, es la megaindustria minera que como otras, se considera "normal" y, en países como Chile, goza de gran prestigio social por ser la base de su economía.

Los ingenieros señalan, ufanos, que "las estadísticas indican que mientras mayor es el nivel de desarrollo de un país, más elevado es su consumo de cobre. Los países más industrializados, con una población promedio de 1.100 millones de habitantes, tienen un consumo de 10 a 15 kilos de cobre por persona al año. Los países en vías de desarrollo, en cambio, con una población de 4.900 millones de personas, consumen en torno a 2 kilos de cobre por habitante al año" (Codelco-Chile). Por eso hay que seguir arañando la tierra y producir cada vez más. Lo que no dicen es que este recurso, como muchos otros, tiene los días contados y que el impacto ecológico de su extracción es enorme.

La anomalía no es el accidente sino el gigantismo productivo, el avasallamiento de la naturaleza, la arrogancia del capital insaciable. Los treinta y tres mineros son víctimas de unos empresarios inescrupulosos, evidentemente, pero también de una lógica económica perversa que ha identificado desarrollo con gigantismo; bienestar con abundancia material de objetos banales y premeditamente obsolescentes. Uno de los principales usos del cobre son los aparatos telefónicos móviles, es decir, una de las basuras más contaminantes que existen en la actualidad, pensados para una corta vida en el uso y larga en los basureros.

La megaindustria extractiva del cobre, así como la de otros minerales, es inviable ecológicamente. No es imprescindible para el desarrollo humano; lo es para una forma concreta de crecimiento económico despilfarrador, contaminante y violento con la naturaleza. Es una actividad que debe ser excluida de cualquier diseño decrecentista.


30 de agosto de 2010

Velocidad

El capitalismo, cambia, se excede, se transgrede y se reinventa a sí mismo. El capitalismo siempre ha tenido a la velocidad y la cantidad como objetivo y condición de su existencia. Grandes cantidades de mercancías y grandes velocidades de producción y consumo dentro de un circuito infernal: hay que producir para consumir y hay que consumir para producir. La rueda loca del sinsentido que, sin embargo, es la condición del sentido de sus súbditos.

El capitalismo actual es digitalizado y aún más acelerado que los anteriores. Sustituyó al antiguo capitalismo industrial, pesado, ruidoso y, relativamente, lento con byts ligeros, silenciosos y veloces hasta el paroxismo. Todo es mecantilizable e integrable a grandes velocidades: sujetos, objetos y mensajes. Franco Berardi "Bifo" llama a ésto "semiocapitalismo"; "capitalismo recombinante y rizomático" sin centro, pero total y universal, que ha abolido las distinciones entre tiempo y espacio. Capitalismo de la seducción y de la guerra; armado de retórica y de misiles, es decir, la combinación perfecta.

Las diversas formas de capitalismo obedecen, sin embargo, a un único imperativo: el beneficio económico mediante la acumulación, es decir, mediante el crecimiento sin límites. Pensar el decrecimiento es pensar en otra velocidad y en otra producción. La imaginación de las formas posibles de post-capitalismo, tarea necesaria y mayor, requiere de la articulación de realismo y utopismo para desligar el tiempo social y el tiempo individual del tiempo de la producción y el consumo. Desligar el tiempo humano del tiempo de la máquina digitalizada, ubicua y voraz.

15 de agosto de 2010

Eterna juventud

¿Quién no quiere vivir más años o conseguir la eterna juventud?. Se preguntaba hace algún tiempo el periodista a propósito de las opiniones del biogerontólogo inglés Aubrey de Grey , quien está convencido de que podremos conseguir algún día aumentar la esperanza de vida si se aumenta la inversión en el desarrollo de técnicas biomédicas, aprovechando el conocimiento científico ya existente. Este exótico y barbado científico, presidente y responsable de la Methuselah Foundation (Fundación Matusalén), una organización contra el envejecimiento, y anteriormente científico de la Universidad de Cambridge " trabaja en el desarrollo de estrategias de bioingeniería para reparar la senescencia, es decir, hacer posible la reparación de tejidos dañados para rejuvenecer el cuerpo humano y, al mismo tiempo, aumentar considerablemente la longevidad"

El envejecimiento forma parte del ciclo de la vida y de la muerte. La finitud es el sino de todo lo viviente. Es, al mismo tiempo, una tragedia y una bendición: para que la vida resurja tiene que precederla la muerte. Aquí está la paradoja: la vida necesita morir. De Grey quiere vencer la resistencia de la vida humana a prolongarse. Sabemos que hasta ahora todos los esfuerzos científicos por extender la vida de los seres humanos han fracasado. Se ha logrado aumentar significativamente la esperanza media de vida de las poblaciones humanas pero no la vida humana en términos abosolutos. Aquí vienen entonces De Grey y otros a decirnos que, bioingeniería mediante, esto es posible. El envejecimiento para él es un proceso degenerativo, una desviación, un error que puede y debe ser reparado. Para ello se requieren, por supuesto, fondos, inversiones, recursos humanos y técnicos para que unas minorías puedan extender su vida. La inmoralidad de este proyecto es evidente cuando la esperanza de vida de una parte importante de la población mundial ni siquiera alcanza la esperanza de vida actual que se quiere aumentar en los paises centrales.

Por otra parte, frente a la pregunta sobre la eterna juventud, debemos responder taxativamente: ¡no! No tenemos interés en prolongar nuestra vida individual más allá de lo que hasta ahora nuestra biología ha permitido. Ni creemos que otros tengan el derecho a hacerlo, porque es un objetivo alcanzable, por su alto coste, sólo por minorías. Debemos aceptar el ciclo de la vida y de la muerte y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones de vida y muerte de las mayorías. Re-dignificar la vejez, oponerse a la violencia médica cuando quiere prolongar la vida biológica desligada de la vida social y existencial; favorecer que muchas personas puedan tener una vida digna dentro de los actuales temporalidades vitales de la especie. Y, por supuesto, defender el derecho a finalizarla voluntariamente cuando las condiciones biológicas, sociales y exstenciales no satisfagan las expectativas de los individuos. Esto, en nuestra opinión, debería formar parte de la ética decrecentista, benevolente y respetuosa de la naturaleza y sus ciclos.

11 de agosto de 2010

Caracoles y prudencia

El caracol ha sido utilizado por los decrecentistas como símbolo de una sociedad posible porque es un ser viviente cuyos ritmos y maneras de desarrollo muestran una sensatez y una prudencia ejemplares. Iván Illich. en la "Lógica del caracol" afirma que "el caracol construye la delicada arquitectura de su concha añadiendo una tras otra las espiras cada vez más amplias; después cesa bruscamente y comienza a enroscarse esta vez en decrecimiento, ya que una sola espira más daría a la concha una dimensión 16 veces más grande, lo que en lugar de contribuir al bienestar del animal, lo sobrecargaría. Y desde entonces, cualquier aumento de su productividad serviría sólo para paliar las dificultades creadas por esta ampliación de la concha, fuera de los límites fijados por su finalidad. Pasado el punto límite de la ampliación de las espiras, los problemas del sobrecrecimiento se multiplican en progresión geométrica, mientras que la capacidad biológica del caracol sólo puede, en el mejor de los casos, seguir una progresión aritmética"

El decrecimiento, es una racionalidad distinta, no un ejemplo de pasividad. Es una cuestión de límites y de sensatez. No es posible un crecimiento económico infinito en un contexto de finitud, afirmamos. Ni es razonable destinar esfuerzos sociales a paliar los efectos negativos de ese crecimiento. Por ello, por ejemplo, es absurdo plantear políticas de reciclaje de basuras como solución a la sobreproducción de desechos. El mejor desecho es el que no se produce. La anticipación es una virtud social posible y deseable; se trata de administrar el riesgo y actuar de acuerdo al principio de precaución. La sabiduría de la naturaleza, expresada en el comportamiento del caracol, que detiene su crecimiento justo antes de que se convierta en catástrofe es un referente para nuestro debilitado sentido común.


3 de agosto de 2010

Violencia racista


El racismo, enfermedad de la razón y del alma, avanza a paso lento pero seguro en este país que es el resultado de miles de años de confluencia y mezcla de razas. Se infiltra en la cotidianeidad de las calles y de las mentes. Se hace ordinario, vulgar y vociferante en los ritos de las pandillas ociosas de las periferias urbanas y un poco más sofisticado, sólo un poco, en las peroratas de los tertulianos fascistoides y cínicos que han inundado los medios de comunicación. El huevo de la serpiente deja traslucir a la bestia babeando sus odios analfabetos.

El Departamento de Estado de EE UU advierte a los turistas de su país que "prejuicios racistas pueden contribuir al arresto de los afroamericanos que viajen a España". Hace tres años un ciudadano congoleño queda tetrapléjico después de que un descerebrado racista le diera un brutal golpe por la espalda. "el 10 de febrero de 2007 sobre las 10.30 horas coincidieron a la salida del Bar de copas 'Comandachina', en la calle Río Tajuña de Alcalá de Henares, Roberto Alonso y Miwa Buene Monake. Roberto, quien habitualmente no fuma, se dirigió a Miwa pidiéndole tabaco y fuego, diciéndole éste que no tenía ni tabaco ni fuego, a lo que Roberto, ya con gran agresividad, sin causa aparente alguna, le dijo "que era un hijo de puta por no tener tabaco ni fuego". Miwa le contestó diciéndole: "pues ya somos dos, los hijos de puta, pues tu tampoco tienes ni tabaco ni fuego".

Según la sentencia, la respuesta tranquila y sagaz de Miwa irritó extraordinariamente a Roberto, quien con grandes voces y agresividad siguió insultándole: "puto negro, puto mono, tu sitio no está en este país". "Tu sitio es el jardín zoológico con tus compañeros. Arriba España, viva España". Acto seguido, Roberto, con la mano abierta y en el momento en el que Miwa comenzaba a girarse para apartarse, le propinó un brutal golpe en la zona inferior del lado izquierdo de la cara y comienzo del cuello, que le fracturó de inmediato las vértebras C4, C5 y C6 lo que provocó que la víctima cayera desplomado al suelo" El resultado es una persona inmovilizada de por vida. La condena a diez años de cárcel al agresor no repara el daño hecho pero permite reunir fuerzas a los agredidos para seguir viviendo la vida truncada que les dejó el odio de los miserables.

Ver informe Raxen

31 de julio de 2010

Fetiches

"¡¡¡¡Guauuuuu!!!!!" Fue el chillido que pegó Guillermo Martín, de 23 años, al salir de la única tienda que anoche empezó a vender en España el iPhone 4. Eso le costó 200 euros y esperar ocho horas delante de una tienda de la calle de Goya (distrito de Salamanca) (...) Afuera esperan unas 150 personas ansiosas por hacerse con el nuevo teléfono móvil y estrenarlo".

La subordinación individual y colectiva al poder tecnológico alcanza cotas sublimes. Un aparatito telefónico sofisticado en su concepción y producción, pero banal en sus usos, llena los titulares de los medios de comunicación y empuja a miles de individuos a hacer colas de madrugada frente a las tiendas para tener la primicia. El fan de la tecnología, sujeto fetichista, busca para paliar su subordinación cotidiana, un poder definitivo en un artilugio o amuleto condenado a la obsolescencia casi inmediata. El fan cree comprar libertad y poder y lo que obtiene a cambio de su devoción es control exterior renovado cada vez que aparece una nueva versión de su juguete.

La alianza entre los fabricantes y consumidores llega a la perfección en una marca como Apple: un ligero toque de progresismo combinado con una tecnología de ajuste fino y una estética siempre de vanguardia seduce en oleadas sucesivas desde hace décadas a generaciones y generaciones de consumidores. El deseo transformado en tecnología y viceversa; la perfección del mercado y el triunfo de las tecnologías, a la vez excesivas y triviales, en un mundo desquiciado.

24 de julio de 2010

Citas (9)

"...no sabemos qué ocurre en este momento con la mayor parte de los seres vivientes porque ni siquiera los conocemos. La humanidad no necesita una base en la Luna ni un viaje tripulado a Marte: tiene desesperada necesidad de una expedición al planeta Tierra, del que se conocen probablemente menos del 10% de las formas de vida existentes, entre las cuales menos del 1% ha sido estudiado con cierto detenimiento, de modo que sólo contamos al respecto con sencillas descripciones anatómicas y algunas notas de historia natural"

"Nuestra ignorancia sobre la biodiversidad es tan grande que estamos perdiéndola aún antes de saber que existe" Edward O. Wilson.

Las miradas de la ciencia y la tecnología y con ellas las miradas de todos, son selectivas. Sus caminos son el resultado de opciones ante bifurcaciones posibles. No hay neutralidad sino decisiones condicionadas por los intereses en juego. Mirada y ceguera son parte de lo mismo. Nos hacen saber de cosas irrelevantes y nos ocultan las importantes. Desapareceremos en medio de una ignorancia arrogante.

18 de julio de 2010

Otra de mosquitos


La prensa lo señala como un "Crucial avance en la lucha contra la malaria: científicos en Estados Unidos lograron crear mosquitos inmunes a la malaria y, por lo tanto, incapaces de contagiar al ser humano"(...) Los científicos lograron alterar genéticamente al insecto para hacerlo totalmente inmune al parásito Plasmodium, lo cual lo incapacita para actuar como vector de la enfermedad y transmitirla al ser humano".

Pero sabemos que en los últimos años gobiernos de países africanos y organizaciones no gubernamentales, entre ellas la Cruz Roja y la Media Luna Roja internacionales, han logrado desarrollar una eficaz, aunque limitada por falta de fondos, estrategia preventiva de la malaria mediante el uso de mosquiteros que protegen, principalmente a los niños, durante las horas de sueño.

Tenemos, entonces, dos maneras de afrontar un mismo problema: la primera, la solución tecnocientífica, desarrollada desde el saber biotecnológico de los países centrales, supone una acción intensiva sobre una de las variables del fenómeno, es decir, sobre los mecanismos de transmisión biológicos de la enfermedad. Se realiza una intervención "dura" dejando de lado cualquier participación de los afectados y sin la consideración de los factores económicos, culturales, sociales y políticos de propagación de la malaria. Esta es una intervencíón de riesgo, como todas las que tienen que ver con la modificación genética de los seres vivos que, además, deja el control sobre la pandemia al arbitrio de poderes y saberes situados fuera del ámbito de intervención de los colectivos afectados. ¿Quién poseerá la patente de la modificación genética realizada?

La segunda es una intervención "blanda" sobre el conjunto "sociobiológico"enfermedad-pobreza. Estas acciones acompañadas de planes de educación y prevención con la participación de las propias comunidades, implican iniciativas "desde abajo" que crean una manera colectiva y horizontal de hacer frente a la enfermedad. Estas estrategias, no sin dificultades para su implantación, forman o pueden formar parte de la propia lucha contra la pobreza con la cual la malaria o paludismo está fuertemente correlacionada.

Siempre hay formas alternativas de enfrentar los problemas sociales y las decisiones que se toman dependen de los intereses de los actores. La estrategia de los mosquiteros probablemente no recibirá nunca el adjetivo de "crucial" en la lucha contra la enfermedad pero, silenciosamente, si recibe el apoyo que necesita, mostrará sus éxitos como innovación social para el bienestar de las mayorías.

13 de julio de 2010

Ruidos molestos


La capacidad de invención de los seres humanos es infinita y la estupidez también. Sobre la tecnología se proyectan sus grandezas y sus miserias. Un señor británico de apellido Stapleton ha inventado un aparato para auyentar a los jóvenes ruidosos y molestos.

“El mecanismo, llamado Mosquito (…) emite un sonido intermitente de alta frecuencia que, según él, pueden oír la mayoría de los jóvenes menores de 20 años y casi ningún mayor de 30. El sonido está pensado para irritar a los chicos, que tras varios minutos no pueden soportarlo y se van”.

“Hasta ahora, el Mosquito sólo se ha probado en un lugar, a la entrada del supermercado Spar de esta ciudad de Gales del Sur. Hoscos adolescentes se plantaban en la barandilla de la entrada, fumando, bebiendo, insultando a gritos a los clientes y efectuando periódicas incursiones destructivas al interior. “Lo menos que hacían era intimidar a los clientes”, comenta Robert Gough, propietario, junto con sus padres, del supermercado. “Lo más, entraban en la tienda a pelear, robar y asaltar al personal”.

Bien, la justificación del invento está clara y su eficacia comprobada. Ahora sólo falta que algún biotecnólogo explique genéticamente la diferente percepción de los ultrasonidos en la población humana, los catalogue por decibelios y alguien se ponga a fabricar aparatitos para ahuyentar a todo tipo de sujetos molestos: pobres, minorías raciales, sexuales, inmigrantes (os imaginais estos maravillosos dispositivos en las fronteras de Ceuta y Melilla con Marruecos?) grupos políticos radicales, decrecentistas etc. El sueño del pequeño fascista que todos llevamos dentro por fin se concreta en una tecnología de discriminación barata, limpia, “sostenible” y cuya fabricación contribuirá con unas décimas al PIB. ¡Maravilloso!

Artículo publicado originalmente en DecreceMadrid

4 de julio de 2010

Progreso, innovación y decrecimiento


Los discursos hegemónicos sobre la ciencia y la tecnología sitúan a estas prácticas sociales sobre el eje del progreso."A pesar de los constantes retrocesos y sus graves consecuencias, como guerras, dictaduras y catástrofes insuperables el Renacimiento y la Ilustración fueron sin duda etapas decisivas de la historia de la ciencia, del desarrollo de las civilizaciones y de la emancipación de la humanidad de sus ataduras naturales y sociales. Desde entonces, el desarrollo científico nos ha permitido tener una vida larga y grata" (Detlev Ganten, et al. Vida, naturaleza y ciencia).

Como señala Carl Amery (Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?) refiriéndose en particular al nazismo, este discurso concibe a las catástrofes, políticas, económicas, medioambientales etc. como momentos particulares y anómalos dentro de una senda de avance y progreso evidente "a partir de la fórmula, hacia la luz a través de la noche". Lo nuevo siempre supera a lo antiguo; lo moderno a lo tradicional; la tecnología actual a la de hace diez años. "Siempre ha habido y habrá pequeñas crisis de confianza en relación a los adelantos técnicos. Estas crisis forman parte del progreso, igual que la ciencia y la técnica" (Ganten)

La objeción al crecimiento es también una objeción a la ideología del progreso y, en particular, a su vertiente tecnocientífica. Las evidencias muestran, en el largo plazo y en las dimensiones macrosociales, una tendencia de las sociedades productivistas hacia la autodestrución más que el avance hacia la luz. La alta racionalidad en sus procesos parciales esconde una alta irracionalidad sistémica. Y el papel de la tecnociencia aliada con la industria ha sido hasta ahora central. Evidentemente no compartimos la opinión de que "hay motivos más que sobrados para mirar hacia el futuro con optimismo” (ibid.). Creemos más bien que el futuro es un bien escaso y que por este motivo hay que cuidar el presente para aumentar las posibilidades de que no todo termine en desastre.

Los decrecentistas no negamos el potencial positivo de la ciencia y la tecnología. Por el contrario, creemos que este puede ampliarse incluso aún más saliendo de su modelo piramidal y elitista. Creemos que hay un desperdicio de talento y creatividad social que no encuentra vías de expresión en los cauces dominantes. Imaginamos una innovación tecnocientífica basada en la sociodiversidad, horizontal, ampliada y distribuida. Una innovación que sea iniciativa de sujetos sociales hasta ahora ausentes y excluidos, distintos a los mercantiles y militares. Una innovación distanciada de los imperativos del consumo, de la velocidad y de la obsolescencia programada. Al igual que otras iniciativas de cambio, el decrecentismo apuesta por “revelar la diversidad y multiplicidad de las prácticas sociales y hacerlas creíbles por contraposición a la credibilidad exclusivista de las prácticas hegemónicas” (Boaventura de Sousa Santos).

Un programa de transformaciones decrecentistas debería apostar por un modelo de ciencia y tecnología “descalza” vinculada a las comunidades y a sus necesidades. Frente a las ciencias y tecnologías estúpidas y banales, afortunadamente están las tecnologías verdaderamente importantes para el bienestar común. Tecnologías humildes como un horno solar o un “biodigestor” casero ofrecen mucho más valor social y esperanza de convivencia que la sofisticación obsolescente de las tecnologías triviales.

Sacar a la tecnología y a la ciencia de la lógica de la acumulación y de la lógica de la guerra constituye un programa decrecentista máximo. Crear iniciativas de conexión y encuentro de experiencias actuales fuera de estas lógicas y estimular la emergencia de nuevas prácticas es una excelente política en el corto plazo. La función traductora y catalizadora de experiencias sociales dispersas que debe asumir el movimiento decrecentista encuentra en la ciencia y las tecnologías plebeyas un terreno fértil para ponerse a prueba.

Artículo publicado originalmente en Decrecimiento.info

29 de junio de 2010

Biotecnología, genes y decrecimiento

Dice el biólogo Edward O. Wilson en su texto "La creación":"Más allá de la curación de enfermedades hereditarias como la esclerosis múltiple y la anemia falciforme mediante la sustitución de genes, la modificación del genoma humano sólo entraña riesgos: es mucho más seguro operar sobre la naturaleza humana tal como es, modificando las instituciones sociales para conseguir una adaptación mejor a nuestras condiciones de genéticas. Jugar con algo que llevó millones de años de pruebas y errores es peligroso".

La manipulación genética, como proyecto, goza de amplia popularidad y cuenta con el beneplácito de la clase tecnocientífica y de la opinión pública. Algunos la describen como expresión del paso de la biología del fenotipo a la biología del genotipo. De lo visible a lo invisible; del síntoma al código. Encapsulada como "biotecnología" promete la solución a grandes males y ha ingresado directamente en la economía como paradigma de innovación (i+d+i). La biotecnología se ha convertido en una industria y en la industria cabe de todo mientras genere beneficios.

La manipulación del genoma vegetal ha dado lugar a la industria de los alimentos transgénicos. Recubierta con el discurso de la innovación, esta industria violenta a la naturaleza desplazando y exluyendo formas sociales y organizativas de cultivo que no requieren de la manipulación de lo invisible sino un simple respeto a la biodiversidad y a las formas ancestrales del buen hacer campesino.

Por su parte, la manipulación del genoma humano puede dar lugar a todo tipo de perversiones a partir de los intereses de los laboratorios industrializados. "La evolución de la vida ya no es un fenómeno natural", dice Craig Venter creador de una posible bacteria "artificial" y a continuación agrega que "El árbol de la vida tiene a partir de ahora unas ramas sintéticas". Con arrogancia de biotecnólogo y empresario exitoso, la peor combinación posible para la naturaleza y las sociedades humanas, Venter decreta el fin de millones de años evolución y viaja a España en el marco de su actual proyecto: catalogar la variedad microbiana del Mediterráneo. Es decir, codificar la biodiversidad con el fin de transformarlas en mercancías. Todo el esfuerzo de la biotecnología puede resumirse asi: develar los códigos de los seres vivos de la naturaleza ya sea para intervenirlos o realizar simulaciones informacionales de ellos con el objetivo de diseñar productos patentables y vendibles.

Desde una perspectiva decrecentista, el problema no está tanto en las tecnologías sino en su uso social y en los mecanismos de satisfacción de necesidades de las mayorías. La empresa de Venter ha firmado un contrato con la petrolera Exxon para diseñar un alga unicelular que convierta en combustible la luz solar y el CO2 atmosférico y tiene otros proyectos cono sintetizar microrganismos descontaminadores. El objetivo está claro: comenzar a elaborar sustitutos del petroleo dentro de una lógica de mantenimiento de los mismos modelos de desarrollo contaminante y despilfarrador.

Existen muchas posibilidades sociales, inexploradas o despreciadas, de vínculo con la naturaleza animal, humana y vegetal antes de jugar interesadamente con el legado de la evolución. Eso creemos los decrecentistas.

19 de junio de 2010

Citas (8)


"El trabajo contra la angustia vital y los manejos del miedo es un trabajo contra quienes los causan, en su mayoría muy identificables, y busca en el mundo mismo lo que sirve de ayuda al mundo: algo que es susceptible de ser encontrado. ¡Con qué abundancia se soñó en todo tiempo, se soñó con una vida mejor que fuera posible! La vida de todos los hombres se halla cruzada por sueños soñados despierto; una parte de dichos sueños es simplemente un fuga banal, también enervante, también presa para impostores; pero otra parte incita, no permite la renuncia. Esta otra parte tiene en su núcleo la esperanza y es transmisible. Puede ser extraída del desvaído soñar despierto y de su taimado abuso, es activable sin vislumbres engañosos".


Ernst Bloch. "El principio esperanza"

16 de junio de 2010

Arrogancia y dinosaurios


"Cuando parece que hasta las más altas torres ya se han caído algunos siguen creyendo que el espectáculo debe continuar. Es el caso de Mohamed Alabbar, presidente de la innobilaria árabe Emaar y socio de Giorgio Armani en su última aventura: los hoteles de lujo: En Dubai, en la base del edificio más alto del mundo [Burj Khalifa]. Alabbar y Armani presentaron en abril su primer establecimiento a 48 periodistas internacionales invitados por ellos".

El hotel en cuestión es un monumento al despilfarro en la ciudad que lo es por antonomasia: Dubai. Habitaciones para la lujuria de unos privilegiados a precios de privilegiados. La más batarata, a 830 euros la noche y la más cara, la suite Dubai, por 8.300 euros. Dubai es una ciudad construida por ricos para ricos. Pretende convertirse y, en parte ya lo es, en la referencia comercial y financiera del mundo. Para ello, no escatima gastos y esconde los enormes daños medioambientales de su locura. La ciudad, un simulacro urbanístico grotesco, se construye en un desierto y requiere de enormes esfuerzos energéticos para su mantenimiento. No posee nada que permita sostener su forma de vida, salvo el dinero para comprar todo lo que no tiene. Es, además, un ejemplo patético de tecnología al servicio de la banalidad y el kistch arquitectónico: han construido islas artificiales con forma de palmera...

En alguna parte leí que si a los dinosaurios les hubieran preguntado si creían que su dominio sobre la tierra alguna vez terminaría, habrían contestado con una sonora carcajada. Tan seguros estaban de su permanecia y poder. Los actuales dinosaurios petroleros y sus bufones cortesanos también. "Las crisis van y vienen, pero estos proyectos están hechos para durar siglos" afirmaba el socio del diseñador.

El poder siempre sueña con su permanencia, siglos para algunos, milenos para otros. Afortunadamente, la historia es implacable con la arrogancia: la tapa con la arena del desierto y la vuelve objeto de la arqueología.

13 de junio de 2010

Abundancia y miseria

"La inmensa mayoría de los israelíes que han alcanzado tan altos niveles de vida como los de los países más avanzados, no sospechan siquiera que, a muy poca distancia de sus higiénicas viviendas, lindos jardines, fértiles tierras e industrias de alta tecnología malvive una sociedad miserable condenada-si no cambian antes las cosas- a su desaparición". Esto lo dice Mario Vargas Llosa. No tenemos particular aprecio por las ideas de este escritor cuyo proyecto político está instalado en las antípodas del nuestro. Pero esto que ha escrito recientemente nos parece certero y razonable. Aún más, esta descripción de la sociedad israelí nos parece una imagen generalizable a cualquier sociedad de las llamadas "de la abundancia". Vargas LLosa no ha realizado este análisis; al parecer su fe liberal se lo impide. Pero, toda sociedad donde se han "alcanzado tan altos niveles de vida" esconde un reverso de dominación, miseria y destrucción mediambiental, ya sea dentro o fuera de sus fronteras. La riqueza en un mundo finito es un juego de suma cero. Lo que tienen en abundancia unos es una resta a los otros. Sean o no visibles, para quien quiere ver, en todo caso, todo es visible, las cloacas existen y huele mal.

El bienestar material alcanzado en la parte hegemónica de Israel se debe, además del aporte magnánimo de EEUU, a un modelo de desarrollo basado fuertemente en la industria militar y un proyecto de construcción nacional de base religiosa y excluyente asentado en gran parte en la explotación de la fuerza de trabajo palestina. Pero ese mismo mecanismo se reproduce en la sociedad mundial. La exclusión de las mayorias para el beneficio de las minorías. No decimos nada nuevo, evidentemente; repetimos los argumentos que sostienen a cualquier idea de emancipación social y de reparto de riqueza. Los decrecentistas incorporamos como argumento central la cuestión de los límites de la biósfera y las consecuencias que para el medio ambiente tiene el modelo de abundancia que adjetivamos como despilfarrador. La imagen de una sociedad rica asentada sobre la miseria y la destruccción de otros corresponde exactamente a la de la sociedad mundial y su modelo de desarrollo. Y aquí también, "si no cambian antes las cosas", estamos condenados a la desaparición. El drecentismo es un esfuerzo por cambiar las cosas antes del desastre posible.