1 de septiembre de 2010

Setecientos metros


Que unos mineros en el desierto chileno queden atrapados a setecientos metros de profundidad cabía dentro de lo posible. La minería es una actividad de alto riesgo; lo ha sido y lo será siempre. Las probabilidades de ocurrencia del accidente aumentaron por la inmoralidad y desidia de los dueños de la mina. Hasta aquí estamos en el plano de los condicionantes microsociales. Vayamos a los macrosociales: ¿cuanta voracidad es necesaria para desarrollar procesos económicos y tecnológicos que requieran desgarrar la tierra en esas profundidades? ¿cuanta ambición de riqueza es necesaria para hurgar las entrañas del desierto con esa saña ? Mucha, no cabe duda. Por eso no hay que analizar lo sucedido como un accidente o una anomalía. Ya sabemos que el horror está en lo cotidiano y lo cotidiano, es la megaindustria minera que como otras, se considera "normal" y, en países como Chile, goza de gran prestigio social por ser la base de su economía.

Los ingenieros señalan, ufanos, que "las estadísticas indican que mientras mayor es el nivel de desarrollo de un país, más elevado es su consumo de cobre. Los países más industrializados, con una población promedio de 1.100 millones de habitantes, tienen un consumo de 10 a 15 kilos de cobre por persona al año. Los países en vías de desarrollo, en cambio, con una población de 4.900 millones de personas, consumen en torno a 2 kilos de cobre por habitante al año" (Codelco-Chile). Por eso hay que seguir arañando la tierra y producir cada vez más. Lo que no dicen es que este recurso, como muchos otros, tiene los días contados y que el impacto ecológico de su extracción es enorme.

La anomalía no es el accidente sino el gigantismo productivo, el avasallamiento de la naturaleza, la arrogancia del capital insaciable. Los treinta y tres mineros son víctimas de unos empresarios inescrupulosos, evidentemente, pero también de una lógica económica perversa que ha identificado desarrollo con gigantismo; bienestar con abundancia material de objetos banales y premeditamente obsolescentes. Uno de los principales usos del cobre son los aparatos telefónicos móviles, es decir, una de las basuras más contaminantes que existen en la actualidad, pensados para una corta vida en el uso y larga en los basureros.

La megaindustria extractiva del cobre, así como la de otros minerales, es inviable ecológicamente. No es imprescindible para el desarrollo humano; lo es para una forma concreta de crecimiento económico despilfarrador, contaminante y violento con la naturaleza. Es una actividad que debe ser excluida de cualquier diseño decrecentista.


30 de agosto de 2010

Velocidad

El capitalismo, cambia, se excede, se transgrede y se reinventa a sí mismo. El capitalismo siempre ha tenido a la velocidad y la cantidad como objetivo y condición de su existencia. Grandes cantidades de mercancías y grandes velocidades de producción y consumo dentro de un circuito infernal: hay que producir para consumir y hay que consumir para producir. La rueda loca del sinsentido que, sin embargo, es la condición del sentido de sus súbditos.

El capitalismo actual es digitalizado y aún más acelerado que los anteriores. Sustituyó al antiguo capitalismo industrial, pesado, ruidoso y, relativamente, lento con byts ligeros, silenciosos y veloces hasta el paroxismo. Todo es mecantilizable e integrable a grandes velocidades: sujetos, objetos y mensajes. Franco Berardi "Bifo" llama a ésto "semiocapitalismo"; "capitalismo recombinante y rizomático" sin centro, pero total y universal, que ha abolido las distinciones entre tiempo y espacio. Capitalismo de la seducción y de la guerra; armado de retórica y de misiles, es decir, la combinación perfecta.

Las diversas formas de capitalismo obedecen, sin embargo, a un único imperativo: el beneficio económico mediante la acumulación, es decir, mediante el crecimiento sin límites. Pensar el decrecimiento es pensar en otra velocidad y en otra producción. La imaginación de las formas posibles de post-capitalismo, tarea necesaria y mayor, requiere de la articulación de realismo y utopismo para desligar el tiempo social y el tiempo individual del tiempo de la producción y el consumo. Desligar el tiempo humano del tiempo de la máquina digitalizada, ubicua y voraz.

15 de agosto de 2010

Eterna juventud

¿Quién no quiere vivir más años o conseguir la eterna juventud?. Se preguntaba hace algún tiempo el periodista a propósito de las opiniones del biogerontólogo inglés Aubrey de Grey , quien está convencido de que podremos conseguir algún día aumentar la esperanza de vida si se aumenta la inversión en el desarrollo de técnicas biomédicas, aprovechando el conocimiento científico ya existente. Este exótico y barbado científico, presidente y responsable de la Methuselah Foundation (Fundación Matusalén), una organización contra el envejecimiento, y anteriormente científico de la Universidad de Cambridge " trabaja en el desarrollo de estrategias de bioingeniería para reparar la senescencia, es decir, hacer posible la reparación de tejidos dañados para rejuvenecer el cuerpo humano y, al mismo tiempo, aumentar considerablemente la longevidad"

El envejecimiento forma parte del ciclo de la vida y de la muerte. La finitud es el sino de todo lo viviente. Es, al mismo tiempo, una tragedia y una bendición: para que la vida resurja tiene que precederla la muerte. Aquí está la paradoja: la vida necesita morir. De Grey quiere vencer la resistencia de la vida humana a prolongarse. Sabemos que hasta ahora todos los esfuerzos científicos por extender la vida de los seres humanos han fracasado. Se ha logrado aumentar significativamente la esperanza media de vida de las poblaciones humanas pero no la vida humana en términos abosolutos. Aquí vienen entonces De Grey y otros a decirnos que, bioingeniería mediante, esto es posible. El envejecimiento para él es un proceso degenerativo, una desviación, un error que puede y debe ser reparado. Para ello se requieren, por supuesto, fondos, inversiones, recursos humanos y técnicos para que unas minorías puedan extender su vida. La inmoralidad de este proyecto es evidente cuando la esperanza de vida de una parte importante de la población mundial ni siquiera alcanza la esperanza de vida actual que se quiere aumentar en los paises centrales.

Por otra parte, frente a la pregunta sobre la eterna juventud, debemos responder taxativamente: ¡no! No tenemos interés en prolongar nuestra vida individual más allá de lo que hasta ahora nuestra biología ha permitido. Ni creemos que otros tengan el derecho a hacerlo, porque es un objetivo alcanzable, por su alto coste, sólo por minorías. Debemos aceptar el ciclo de la vida y de la muerte y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones de vida y muerte de las mayorías. Re-dignificar la vejez, oponerse a la violencia médica cuando quiere prolongar la vida biológica desligada de la vida social y existencial; favorecer que muchas personas puedan tener una vida digna dentro de los actuales temporalidades vitales de la especie. Y, por supuesto, defender el derecho a finalizarla voluntariamente cuando las condiciones biológicas, sociales y exstenciales no satisfagan las expectativas de los individuos. Esto, en nuestra opinión, debería formar parte de la ética decrecentista, benevolente y respetuosa de la naturaleza y sus ciclos.

11 de agosto de 2010

Caracoles y prudencia

El caracol ha sido utilizado por los decrecentistas como símbolo de una sociedad posible porque es un ser viviente cuyos ritmos y maneras de desarrollo muestran una sensatez y una prudencia ejemplares. Iván Illich. en la "Lógica del caracol" afirma que "el caracol construye la delicada arquitectura de su concha añadiendo una tras otra las espiras cada vez más amplias; después cesa bruscamente y comienza a enroscarse esta vez en decrecimiento, ya que una sola espira más daría a la concha una dimensión 16 veces más grande, lo que en lugar de contribuir al bienestar del animal, lo sobrecargaría. Y desde entonces, cualquier aumento de su productividad serviría sólo para paliar las dificultades creadas por esta ampliación de la concha, fuera de los límites fijados por su finalidad. Pasado el punto límite de la ampliación de las espiras, los problemas del sobrecrecimiento se multiplican en progresión geométrica, mientras que la capacidad biológica del caracol sólo puede, en el mejor de los casos, seguir una progresión aritmética"

El decrecimiento, es una racionalidad distinta, no un ejemplo de pasividad. Es una cuestión de límites y de sensatez. No es posible un crecimiento económico infinito en un contexto de finitud, afirmamos. Ni es razonable destinar esfuerzos sociales a paliar los efectos negativos de ese crecimiento. Por ello, por ejemplo, es absurdo plantear políticas de reciclaje de basuras como solución a la sobreproducción de desechos. El mejor desecho es el que no se produce. La anticipación es una virtud social posible y deseable; se trata de administrar el riesgo y actuar de acuerdo al principio de precaución. La sabiduría de la naturaleza, expresada en el comportamiento del caracol, que detiene su crecimiento justo antes de que se convierta en catástrofe es un referente para nuestro debilitado sentido común.


3 de agosto de 2010

Violencia racista


El racismo, enfermedad de la razón y del alma, avanza a paso lento pero seguro en este país que es el resultado de miles de años de confluencia y mezcla de razas. Se infiltra en la cotidianeidad de las calles y de las mentes. Se hace ordinario, vulgar y vociferante en los ritos de las pandillas ociosas de las periferias urbanas y un poco más sofisticado, sólo un poco, en las peroratas de los tertulianos fascistoides y cínicos que han inundado los medios de comunicación. El huevo de la serpiente deja traslucir a la bestia babeando sus odios analfabetos.

El Departamento de Estado de EE UU advierte a los turistas de su país que "prejuicios racistas pueden contribuir al arresto de los afroamericanos que viajen a España". Hace tres años un ciudadano congoleño queda tetrapléjico después de que un descerebrado racista le diera un brutal golpe por la espalda. "el 10 de febrero de 2007 sobre las 10.30 horas coincidieron a la salida del Bar de copas 'Comandachina', en la calle Río Tajuña de Alcalá de Henares, Roberto Alonso y Miwa Buene Monake. Roberto, quien habitualmente no fuma, se dirigió a Miwa pidiéndole tabaco y fuego, diciéndole éste que no tenía ni tabaco ni fuego, a lo que Roberto, ya con gran agresividad, sin causa aparente alguna, le dijo "que era un hijo de puta por no tener tabaco ni fuego". Miwa le contestó diciéndole: "pues ya somos dos, los hijos de puta, pues tu tampoco tienes ni tabaco ni fuego".

Según la sentencia, la respuesta tranquila y sagaz de Miwa irritó extraordinariamente a Roberto, quien con grandes voces y agresividad siguió insultándole: "puto negro, puto mono, tu sitio no está en este país". "Tu sitio es el jardín zoológico con tus compañeros. Arriba España, viva España". Acto seguido, Roberto, con la mano abierta y en el momento en el que Miwa comenzaba a girarse para apartarse, le propinó un brutal golpe en la zona inferior del lado izquierdo de la cara y comienzo del cuello, que le fracturó de inmediato las vértebras C4, C5 y C6 lo que provocó que la víctima cayera desplomado al suelo" El resultado es una persona inmovilizada de por vida. La condena a diez años de cárcel al agresor no repara el daño hecho pero permite reunir fuerzas a los agredidos para seguir viviendo la vida truncada que les dejó el odio de los miserables.

Ver informe Raxen

31 de julio de 2010

Fetiches

"¡¡¡¡Guauuuuu!!!!!" Fue el chillido que pegó Guillermo Martín, de 23 años, al salir de la única tienda que anoche empezó a vender en España el iPhone 4. Eso le costó 200 euros y esperar ocho horas delante de una tienda de la calle de Goya (distrito de Salamanca) (...) Afuera esperan unas 150 personas ansiosas por hacerse con el nuevo teléfono móvil y estrenarlo".

La subordinación individual y colectiva al poder tecnológico alcanza cotas sublimes. Un aparatito telefónico sofisticado en su concepción y producción, pero banal en sus usos, llena los titulares de los medios de comunicación y empuja a miles de individuos a hacer colas de madrugada frente a las tiendas para tener la primicia. El fan de la tecnología, sujeto fetichista, busca para paliar su subordinación cotidiana, un poder definitivo en un artilugio o amuleto condenado a la obsolescencia casi inmediata. El fan cree comprar libertad y poder y lo que obtiene a cambio de su devoción es control exterior renovado cada vez que aparece una nueva versión de su juguete.

La alianza entre los fabricantes y consumidores llega a la perfección en una marca como Apple: un ligero toque de progresismo combinado con una tecnología de ajuste fino y una estética siempre de vanguardia seduce en oleadas sucesivas desde hace décadas a generaciones y generaciones de consumidores. El deseo transformado en tecnología y viceversa; la perfección del mercado y el triunfo de las tecnologías, a la vez excesivas y triviales, en un mundo desquiciado.

24 de julio de 2010

Citas (9)

"...no sabemos qué ocurre en este momento con la mayor parte de los seres vivientes porque ni siquiera los conocemos. La humanidad no necesita una base en la Luna ni un viaje tripulado a Marte: tiene desesperada necesidad de una expedición al planeta Tierra, del que se conocen probablemente menos del 10% de las formas de vida existentes, entre las cuales menos del 1% ha sido estudiado con cierto detenimiento, de modo que sólo contamos al respecto con sencillas descripciones anatómicas y algunas notas de historia natural"

"Nuestra ignorancia sobre la biodiversidad es tan grande que estamos perdiéndola aún antes de saber que existe" Edward O. Wilson.

Las miradas de la ciencia y la tecnología y con ellas las miradas de todos, son selectivas. Sus caminos son el resultado de opciones ante bifurcaciones posibles. No hay neutralidad sino decisiones condicionadas por los intereses en juego. Mirada y ceguera son parte de lo mismo. Nos hacen saber de cosas irrelevantes y nos ocultan las importantes. Desapareceremos en medio de una ignorancia arrogante.

18 de julio de 2010

Otra de mosquitos


La prensa lo señala como un "Crucial avance en la lucha contra la malaria: científicos en Estados Unidos lograron crear mosquitos inmunes a la malaria y, por lo tanto, incapaces de contagiar al ser humano"(...) Los científicos lograron alterar genéticamente al insecto para hacerlo totalmente inmune al parásito Plasmodium, lo cual lo incapacita para actuar como vector de la enfermedad y transmitirla al ser humano".

Pero sabemos que en los últimos años gobiernos de países africanos y organizaciones no gubernamentales, entre ellas la Cruz Roja y la Media Luna Roja internacionales, han logrado desarrollar una eficaz, aunque limitada por falta de fondos, estrategia preventiva de la malaria mediante el uso de mosquiteros que protegen, principalmente a los niños, durante las horas de sueño.

Tenemos, entonces, dos maneras de afrontar un mismo problema: la primera, la solución tecnocientífica, desarrollada desde el saber biotecnológico de los países centrales, supone una acción intensiva sobre una de las variables del fenómeno, es decir, sobre los mecanismos de transmisión biológicos de la enfermedad. Se realiza una intervención "dura" dejando de lado cualquier participación de los afectados y sin la consideración de los factores económicos, culturales, sociales y políticos de propagación de la malaria. Esta es una intervencíón de riesgo, como todas las que tienen que ver con la modificación genética de los seres vivos que, además, deja el control sobre la pandemia al arbitrio de poderes y saberes situados fuera del ámbito de intervención de los colectivos afectados. ¿Quién poseerá la patente de la modificación genética realizada?

La segunda es una intervención "blanda" sobre el conjunto "sociobiológico"enfermedad-pobreza. Estas acciones acompañadas de planes de educación y prevención con la participación de las propias comunidades, implican iniciativas "desde abajo" que crean una manera colectiva y horizontal de hacer frente a la enfermedad. Estas estrategias, no sin dificultades para su implantación, forman o pueden formar parte de la propia lucha contra la pobreza con la cual la malaria o paludismo está fuertemente correlacionada.

Siempre hay formas alternativas de enfrentar los problemas sociales y las decisiones que se toman dependen de los intereses de los actores. La estrategia de los mosquiteros probablemente no recibirá nunca el adjetivo de "crucial" en la lucha contra la enfermedad pero, silenciosamente, si recibe el apoyo que necesita, mostrará sus éxitos como innovación social para el bienestar de las mayorías.

13 de julio de 2010

Ruidos molestos


La capacidad de invención de los seres humanos es infinita y la estupidez también. Sobre la tecnología se proyectan sus grandezas y sus miserias. Un señor británico de apellido Stapleton ha inventado un aparato para auyentar a los jóvenes ruidosos y molestos.

“El mecanismo, llamado Mosquito (…) emite un sonido intermitente de alta frecuencia que, según él, pueden oír la mayoría de los jóvenes menores de 20 años y casi ningún mayor de 30. El sonido está pensado para irritar a los chicos, que tras varios minutos no pueden soportarlo y se van”.

“Hasta ahora, el Mosquito sólo se ha probado en un lugar, a la entrada del supermercado Spar de esta ciudad de Gales del Sur. Hoscos adolescentes se plantaban en la barandilla de la entrada, fumando, bebiendo, insultando a gritos a los clientes y efectuando periódicas incursiones destructivas al interior. “Lo menos que hacían era intimidar a los clientes”, comenta Robert Gough, propietario, junto con sus padres, del supermercado. “Lo más, entraban en la tienda a pelear, robar y asaltar al personal”.

Bien, la justificación del invento está clara y su eficacia comprobada. Ahora sólo falta que algún biotecnólogo explique genéticamente la diferente percepción de los ultrasonidos en la población humana, los catalogue por decibelios y alguien se ponga a fabricar aparatitos para ahuyentar a todo tipo de sujetos molestos: pobres, minorías raciales, sexuales, inmigrantes (os imaginais estos maravillosos dispositivos en las fronteras de Ceuta y Melilla con Marruecos?) grupos políticos radicales, decrecentistas etc. El sueño del pequeño fascista que todos llevamos dentro por fin se concreta en una tecnología de discriminación barata, limpia, “sostenible” y cuya fabricación contribuirá con unas décimas al PIB. ¡Maravilloso!

Artículo publicado originalmente en DecreceMadrid

4 de julio de 2010

Progreso, innovación y decrecimiento


Los discursos hegemónicos sobre la ciencia y la tecnología sitúan a estas prácticas sociales sobre el eje del progreso."A pesar de los constantes retrocesos y sus graves consecuencias, como guerras, dictaduras y catástrofes insuperables el Renacimiento y la Ilustración fueron sin duda etapas decisivas de la historia de la ciencia, del desarrollo de las civilizaciones y de la emancipación de la humanidad de sus ataduras naturales y sociales. Desde entonces, el desarrollo científico nos ha permitido tener una vida larga y grata" (Detlev Ganten, et al. Vida, naturaleza y ciencia).

Como señala Carl Amery (Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?) refiriéndose en particular al nazismo, este discurso concibe a las catástrofes, políticas, económicas, medioambientales etc. como momentos particulares y anómalos dentro de una senda de avance y progreso evidente "a partir de la fórmula, hacia la luz a través de la noche". Lo nuevo siempre supera a lo antiguo; lo moderno a lo tradicional; la tecnología actual a la de hace diez años. "Siempre ha habido y habrá pequeñas crisis de confianza en relación a los adelantos técnicos. Estas crisis forman parte del progreso, igual que la ciencia y la técnica" (Ganten)

La objeción al crecimiento es también una objeción a la ideología del progreso y, en particular, a su vertiente tecnocientífica. Las evidencias muestran, en el largo plazo y en las dimensiones macrosociales, una tendencia de las sociedades productivistas hacia la autodestrución más que el avance hacia la luz. La alta racionalidad en sus procesos parciales esconde una alta irracionalidad sistémica. Y el papel de la tecnociencia aliada con la industria ha sido hasta ahora central. Evidentemente no compartimos la opinión de que "hay motivos más que sobrados para mirar hacia el futuro con optimismo” (ibid.). Creemos más bien que el futuro es un bien escaso y que por este motivo hay que cuidar el presente para aumentar las posibilidades de que no todo termine en desastre.

Los decrecentistas no negamos el potencial positivo de la ciencia y la tecnología. Por el contrario, creemos que este puede ampliarse incluso aún más saliendo de su modelo piramidal y elitista. Creemos que hay un desperdicio de talento y creatividad social que no encuentra vías de expresión en los cauces dominantes. Imaginamos una innovación tecnocientífica basada en la sociodiversidad, horizontal, ampliada y distribuida. Una innovación que sea iniciativa de sujetos sociales hasta ahora ausentes y excluidos, distintos a los mercantiles y militares. Una innovación distanciada de los imperativos del consumo, de la velocidad y de la obsolescencia programada. Al igual que otras iniciativas de cambio, el decrecentismo apuesta por “revelar la diversidad y multiplicidad de las prácticas sociales y hacerlas creíbles por contraposición a la credibilidad exclusivista de las prácticas hegemónicas” (Boaventura de Sousa Santos).

Un programa de transformaciones decrecentistas debería apostar por un modelo de ciencia y tecnología “descalza” vinculada a las comunidades y a sus necesidades. Frente a las ciencias y tecnologías estúpidas y banales, afortunadamente están las tecnologías verdaderamente importantes para el bienestar común. Tecnologías humildes como un horno solar o un “biodigestor” casero ofrecen mucho más valor social y esperanza de convivencia que la sofisticación obsolescente de las tecnologías triviales.

Sacar a la tecnología y a la ciencia de la lógica de la acumulación y de la lógica de la guerra constituye un programa decrecentista máximo. Crear iniciativas de conexión y encuentro de experiencias actuales fuera de estas lógicas y estimular la emergencia de nuevas prácticas es una excelente política en el corto plazo. La función traductora y catalizadora de experiencias sociales dispersas que debe asumir el movimiento decrecentista encuentra en la ciencia y las tecnologías plebeyas un terreno fértil para ponerse a prueba.

Artículo publicado originalmente en Decrecimiento.info

29 de junio de 2010

Biotecnología, genes y decrecimiento

Dice el biólogo Edward O. Wilson en su texto "La creación":"Más allá de la curación de enfermedades hereditarias como la esclerosis múltiple y la anemia falciforme mediante la sustitución de genes, la modificación del genoma humano sólo entraña riesgos: es mucho más seguro operar sobre la naturaleza humana tal como es, modificando las instituciones sociales para conseguir una adaptación mejor a nuestras condiciones de genéticas. Jugar con algo que llevó millones de años de pruebas y errores es peligroso".

La manipulación genética, como proyecto, goza de amplia popularidad y cuenta con el beneplácito de la clase tecnocientífica y de la opinión pública. Algunos la describen como expresión del paso de la biología del fenotipo a la biología del genotipo. De lo visible a lo invisible; del síntoma al código. Encapsulada como "biotecnología" promete la solución a grandes males y ha ingresado directamente en la economía como paradigma de innovación (i+d+i). La biotecnología se ha convertido en una industria y en la industria cabe de todo mientras genere beneficios.

La manipulación del genoma vegetal ha dado lugar a la industria de los alimentos transgénicos. Recubierta con el discurso de la innovación, esta industria violenta a la naturaleza desplazando y exluyendo formas sociales y organizativas de cultivo que no requieren de la manipulación de lo invisible sino un simple respeto a la biodiversidad y a las formas ancestrales del buen hacer campesino.

Por su parte, la manipulación del genoma humano puede dar lugar a todo tipo de perversiones a partir de los intereses de los laboratorios industrializados. "La evolución de la vida ya no es un fenómeno natural", dice Craig Venter creador de una posible bacteria "artificial" y a continuación agrega que "El árbol de la vida tiene a partir de ahora unas ramas sintéticas". Con arrogancia de biotecnólogo y empresario exitoso, la peor combinación posible para la naturaleza y las sociedades humanas, Venter decreta el fin de millones de años evolución y viaja a España en el marco de su actual proyecto: catalogar la variedad microbiana del Mediterráneo. Es decir, codificar la biodiversidad con el fin de transformarlas en mercancías. Todo el esfuerzo de la biotecnología puede resumirse asi: develar los códigos de los seres vivos de la naturaleza ya sea para intervenirlos o realizar simulaciones informacionales de ellos con el objetivo de diseñar productos patentables y vendibles.

Desde una perspectiva decrecentista, el problema no está tanto en las tecnologías sino en su uso social y en los mecanismos de satisfacción de necesidades de las mayorías. La empresa de Venter ha firmado un contrato con la petrolera Exxon para diseñar un alga unicelular que convierta en combustible la luz solar y el CO2 atmosférico y tiene otros proyectos cono sintetizar microrganismos descontaminadores. El objetivo está claro: comenzar a elaborar sustitutos del petroleo dentro de una lógica de mantenimiento de los mismos modelos de desarrollo contaminante y despilfarrador.

Existen muchas posibilidades sociales, inexploradas o despreciadas, de vínculo con la naturaleza animal, humana y vegetal antes de jugar interesadamente con el legado de la evolución. Eso creemos los decrecentistas.

19 de junio de 2010

Citas (8)


"El trabajo contra la angustia vital y los manejos del miedo es un trabajo contra quienes los causan, en su mayoría muy identificables, y busca en el mundo mismo lo que sirve de ayuda al mundo: algo que es susceptible de ser encontrado. ¡Con qué abundancia se soñó en todo tiempo, se soñó con una vida mejor que fuera posible! La vida de todos los hombres se halla cruzada por sueños soñados despierto; una parte de dichos sueños es simplemente un fuga banal, también enervante, también presa para impostores; pero otra parte incita, no permite la renuncia. Esta otra parte tiene en su núcleo la esperanza y es transmisible. Puede ser extraída del desvaído soñar despierto y de su taimado abuso, es activable sin vislumbres engañosos".


Ernst Bloch. "El principio esperanza"

16 de junio de 2010

Arrogancia y dinosaurios


"Cuando parece que hasta las más altas torres ya se han caído algunos siguen creyendo que el espectáculo debe continuar. Es el caso de Mohamed Alabbar, presidente de la innobilaria árabe Emaar y socio de Giorgio Armani en su última aventura: los hoteles de lujo: En Dubai, en la base del edificio más alto del mundo [Burj Khalifa]. Alabbar y Armani presentaron en abril su primer establecimiento a 48 periodistas internacionales invitados por ellos".

El hotel en cuestión es un monumento al despilfarro en la ciudad que lo es por antonomasia: Dubai. Habitaciones para la lujuria de unos privilegiados a precios de privilegiados. La más batarata, a 830 euros la noche y la más cara, la suite Dubai, por 8.300 euros. Dubai es una ciudad construida por ricos para ricos. Pretende convertirse y, en parte ya lo es, en la referencia comercial y financiera del mundo. Para ello, no escatima gastos y esconde los enormes daños medioambientales de su locura. La ciudad, un simulacro urbanístico grotesco, se construye en un desierto y requiere de enormes esfuerzos energéticos para su mantenimiento. No posee nada que permita sostener su forma de vida, salvo el dinero para comprar todo lo que no tiene. Es, además, un ejemplo patético de tecnología al servicio de la banalidad y el kistch arquitectónico: han construido islas artificiales con forma de palmera...

En alguna parte leí que si a los dinosaurios les hubieran preguntado si creían que su dominio sobre la tierra alguna vez terminaría, habrían contestado con una sonora carcajada. Tan seguros estaban de su permanecia y poder. Los actuales dinosaurios petroleros y sus bufones cortesanos también. "Las crisis van y vienen, pero estos proyectos están hechos para durar siglos" afirmaba el socio del diseñador.

El poder siempre sueña con su permanencia, siglos para algunos, milenos para otros. Afortunadamente, la historia es implacable con la arrogancia: la tapa con la arena del desierto y la vuelve objeto de la arqueología.

13 de junio de 2010

Abundancia y miseria

"La inmensa mayoría de los israelíes que han alcanzado tan altos niveles de vida como los de los países más avanzados, no sospechan siquiera que, a muy poca distancia de sus higiénicas viviendas, lindos jardines, fértiles tierras e industrias de alta tecnología malvive una sociedad miserable condenada-si no cambian antes las cosas- a su desaparición". Esto lo dice Mario Vargas Llosa. No tenemos particular aprecio por las ideas de este escritor cuyo proyecto político está instalado en las antípodas del nuestro. Pero esto que ha escrito recientemente nos parece certero y razonable. Aún más, esta descripción de la sociedad israelí nos parece una imagen generalizable a cualquier sociedad de las llamadas "de la abundancia". Vargas LLosa no ha realizado este análisis; al parecer su fe liberal se lo impide. Pero, toda sociedad donde se han "alcanzado tan altos niveles de vida" esconde un reverso de dominación, miseria y destrucción mediambiental, ya sea dentro o fuera de sus fronteras. La riqueza en un mundo finito es un juego de suma cero. Lo que tienen en abundancia unos es una resta a los otros. Sean o no visibles, para quien quiere ver, en todo caso, todo es visible, las cloacas existen y huele mal.

El bienestar material alcanzado en la parte hegemónica de Israel se debe, además del aporte magnánimo de EEUU, a un modelo de desarrollo basado fuertemente en la industria militar y un proyecto de construcción nacional de base religiosa y excluyente asentado en gran parte en la explotación de la fuerza de trabajo palestina. Pero ese mismo mecanismo se reproduce en la sociedad mundial. La exclusión de las mayorias para el beneficio de las minorías. No decimos nada nuevo, evidentemente; repetimos los argumentos que sostienen a cualquier idea de emancipación social y de reparto de riqueza. Los decrecentistas incorporamos como argumento central la cuestión de los límites de la biósfera y las consecuencias que para el medio ambiente tiene el modelo de abundancia que adjetivamos como despilfarrador. La imagen de una sociedad rica asentada sobre la miseria y la destruccción de otros corresponde exactamente a la de la sociedad mundial y su modelo de desarrollo. Y aquí también, "si no cambian antes las cosas", estamos condenados a la desaparición. El drecentismo es un esfuerzo por cambiar las cosas antes del desastre posible.

6 de junio de 2010

Cloacas de la tecnociencia


Boris Patho, 97 años, esloveno prisonero de los nazis y autor del libro "Necrópolis" donde relata su paso por los campos de trabajo, afirma que en los de Dora y los Vosgos "se hacían misiles. Tenían presos a ingenieros rusos trabajando en sótanos excavados en la montaña. Los prisioneros hacían sabotajes muy a menudo, y cuando los cohetes fallaban y no llegaban a su destino, Wernher von Braun, el célebre ingeniero de las SS, ordenaba una investigación y ahorcaban a todos los del departamento responsable del fallo. Von Braun era ese tipo que se hizo tan famoso porque después de la guerra los americanos lo llevaron a trabajar a la NASA. Se hizo toda una celebridad y le hicieron grandes honores porque el cohete que llevó al hombre a la Luna lo hizo él. Es decir, el Saturno IV se hizo aprovechando lo ensayado en los campos nazis con los misiles"

La gran empresa tecnológica y científica de este siglo esconde debajo de sus éxitos muchas inmundicias. La de Von Braun es una de ellas. Los norteamericanos lo convirtieron en héroe y le borraron su pasado en las SS, así como su papel en la creación de los cohetes que asolaron Londres al final de la guerra, a cambio de que dispusiera su saber tecnológico al servicio de la industria aeroespacial y militar de EEUU. Los soviéticos hicieron lo mismo con otro grupo de científicos alemanes.

La tecnociencia hegemónica aliada de un modo de producción arrogante, voraz y depredador ha contribuido a que este sea el siglo con más desastres humanos y medioambientales de todos. En los armarios de la tecnociencia se ocultan muchos cadáveres. La admiración bobalicona por la tecnociencia se asienta en una contabilidad humana y medioambiental falseada. La suma y resta de sus contribuciones al bienestar humano y al de las otras especies con las que compartimos hogar, deja bastante que desear. Si en el lado del "haber" están, por ejemplo, sus aportes en la curación de enfermedades y sus efectos en el alargamiento de la esperanza de vida media, su participación en la ampliación de la educación y en las condiciones alimenticias y de higiene de una parte, minoritaria, de la población, o su contribución a la extensión de "comodidades" etc. en el lado del "debe", la cosa de complica. La misma tecnociencia que cura produce componentes cancerígenos en los alimentos; aliada con la industria farmaceutica fabrica psicofármacos que contribuyen a la alienación vital; aliada con la industria petrolera produce contaminación en los mares y en el aire; aliada con la industria química produce fosfatos y gases de efecto invernadero; como biotecnología produce transgénicos y aliada con las industrias informáticas inventa formas sofisticadas de control social etc. No es oro todo lo que reluce y es importante reconocerlo para imaginar y diseñar nuevas formas decrecentistas de tecnociencia.

3 de junio de 2010

Sueños tecnológicos


Dice la prensa: "el futuro soldado estará equipado con conexión a través de internet, enlace inalámbrico con el pelotón, visores para poder actuar de día y de noche, sensores para poder informar del estado de salud del combatiente y un chaleco más ligero y resistente que ofrecerá más protección y seguridad. Aligerar el peso sin afectar a la seguridad de los combatientes es uno de los objetivos de este programa, que ha contado con un presupuesto de 26 millones de euros desde 2006"

Internet tuvo un orígen militar y un desarrollo civil. Se dice que, en plena Guerra Fría, un imperativo estratégico era preservar un sistema de comunicación dentro de EEUU a salvo de un ataque nuclear soviético. La solución consistía en la creación de una red tecnológica cuyas partes tuvieran autonomía entre si, es decir, que no dependieran de un núcleo central, fácilmente neutralizable. Esta sencilla idea, caló muy bien en la cultura californiana post-hippista, antiautoritaria y felicista y, en una amplia estructura académica, que asumieron la tarea de desarrollar tecnológica y culturalmente la idea de una red de redes. Los aportes europeos posteriores, como los de Tim Berners-Lee, con la WWW fueron cruciales para la consolidación de lo que hoy conocemos por Internet. En medio de este camino la empresa privada percibió el valor de esta sociotecnología y se lanzó en picado a aprovechar sus ventajas. En pocos años nació una economía basada en gran parte en los intercambios en la Red. Paralelamente la industria militar ha ido aprovechando el fuerte desarrollo civil de los programas y aplicaciones destinados a ésta. El círculo se cierra: idea militar, desarrollo civil, aprovechamiento empresarial, uso militar...

Para algunos, la vinculación de Internet a un traje militar es un sueño; para otros una pesadilla, o más bien la fagocitación del sueño libertario y comunitario por la pesadilla militarista. Pero la tecnología es una frágil hierba sometida a los vientos de las fuerzas sociales que la utilizan para sus proyectos e intereses. Por eso,se abre el importante debate acerca de la tecnología y su vinculación con los colectivos agrupados bajo la idea del decrecimiento. El movimiento decrecentista no puede soslayar la "cuestión tecnológica" pues es una dimensión inherente a cualquier sociedad imaginada. Pero se trata de refexionar desde los proyectos decrecentistas, sus valores y sus objetivos.

La pregunta es cómo utilizar las tecnologías en general y de Internet en particular desde una perspectiva decrecentista, pero también como crear desde la base tecnologías que sean decrecentistas en su concepción y diseño y que no reproduzcan la actual banalidad de las tecnologías "sostenibles" ¿Tecnologías convivenciales? ¿Tecnologías de la parsimonia? ¿Tecnologías de la traducción sociopolítica? ¿Tecnologías catalizadoras? ¿Tecnologías de la austeridad? El debate está abierto.

1 de junio de 2010

Hospital


Un breve paso por un hospital me ha tenido alejado de este blog. Nada grave pero molesto. Me ha servido, en todo caso, para conocer en vivo y en directo la extensión de la lógica productivista a los servicios de salud madrileños. Un hospital privado pero concertado con la administración autonómica sigue siendo un hospital privado. Esto quiere decir, que somos pacientes pero sobre todo somos clientes, es decir, nos acojen y sonrien con sonrisas de vendedoras de eletrodomésticos de El Corte Inglés, eso sí mucho más jóvenes. Todos son jóvenes, en toda la escala de las innumerables profesiones con las que uno se topa: recepcionistas, celadores, enfermeras, limpiadoras, médicos... y, ya se sabe: mientras más jóvenes, salarios más bajos.

Como en cualquier empresa, la pirámide la han achatado: desaparecen mandos medios y mantienen unos pocos jefes. El "paciente cliente" sólo dialoga con los subordinados y estos a, su vez, con indicadores de las "analíticas" que más o menos traducen a los pacientes. El jefe, invisible, "monitoriza" todo el proceso. Las tecnologías articulan los oficios y saberes y marcan los ritmos de producción.

La medicina se ha convertido en lectura de números dentro de un sistema productor de números. Eficaz, no cabe duda, lo de la eficiencia es más discutible. El orden médico se somete al orden de la producción y el consumo tecnologizado. Y, como es obvio, mientras más tecnología menos trabajo humano y más sustituibilidad de los que quedan. Muchos pueden ser lectores de índices, así como muchos pueden ser lectores de interfaces de cualquier tipo. Un lector de índicadores vale menos que un médico en el sentido cabal del término pero puede realizar un trabajo más o menos equivalente, que es lo que importa a los dueños del hospital.

La fábrica fordista robó el saber obrero, lo fragmentó y lo convirtió en movimientos repetitivos en la cadena de montaje. Las tecnologías informáticas asociadas a tecnologías de todo tipo extraen y codifican el saber de productores, consumidores y... pacientes. Un enfermo, es un in fermo, es decir, alguien que no está firme, que tambalea y que no tiene el saber de su propio cuerpo: su saber no está firme. El del médico tampoco. El médico "clásico" interpretaba directamente los signos del cuerpo, el médico tecnologizado tiene que reurrir al saber de las máquinas. El médico tecnologizado también está in fermo. Las análíticas, pruebas, los TAC etc. son la verdád última del saber médico y pueden refutar groseramente lo que sus ojos han visto. Esto irá a más: la medicina y las ciencias biológicas se desplazan con celeridad desde el fenotipo al genotipo; desde la percepción y la empatía con el paciente a la lectura de sus códigos genéticos. La codificación unversal, sueño de los poderosos y pesadilla de los subordinados avanza sin parar. La genética nos dirá la fecha exacta en que nos moriremos de asco.

Aprovecharé los dias de reposo para imaginarme un hospital decrecentista.

18 de mayo de 2010

Equidad sin crecimiento

Entrevista en la radio a Alan García, presidente de Perú, sobre los acuerdo comerciales que ahora se firmarán entre la UE y el Mercosur. Entre otras obviedades, simplificaciones y alabanzas al libre comercio etc. afirma con total naturalidad que "antes" cuando los ricos se enriquecían sólo lo hacían ellos pero que "ahora" también lo hacen los pobres. Pone como ejemplo a su país donde, según él, "han dejado de ser pobres cerca de cinco millones de personas desde el año 2005 gracias al crecimiento económico". García expresa en retórica política populista burda lo que los economistas expresan en fórmulas y curvas econométricas sofisticadas, ambas falsas y maniqueas.

La famosa "teoría del derrame" o del "chorreo", es decir, la que afirma que las políticas de crecimiento deben preceder a las de distribución porque son la condicion de éstas, ha inundado los discursos y politicas económicas urbi et orbi en todo este período de hegemonía neoliberal. Teoría a la vez que falsa, inmoral. ¿Hasta dónde deben enriquecerse los ricos? ¿Quien pone los límites a su avidez? ¿Cuanto tiempo deben permanecer los pobres con la nariz pegada en el cristal de los escaparates del despilfarro?

Esta posición, supuestamente progresista, comprada y utilizada por derechas e izquierdas, estas últimas sin sonrojarse, durante más de veinte años, ha servido para postergar cualquier estrategia de reparto de riqueza, en particular en los países de América Latina. Todas las evidencias muestran que las transferencias de riqueza no se han producido en ninguno de los países de la región, incluyendo, por supuesto, el que se supone más existoso: Chile. El famoso "crecimiento con equidad" sólo ha conducido a limitadas políticas asistenciales diseñadas como contrapeso a la barbarie neoliberal, hija de la dictadura y no como un cambio del modelo de acumulación.

La religión del crecimiento, vendida a los subditos como promesa de consumo, como toda religión, es un opiaceo adormecedor cuando llama a tener fe en el reparto de los panes y los peces sin mediación de políticas explícitas de distribución. Entre otras cosas, la religión del crecimiento oculta el hecho de que la riqueza producida en un porcentaje importante no vuelve a la sociedad que la creó, ni siquiera a sus propios empresarios. Una parte muy importante se volatiza en los espacios financieros abstractos, etéreos y tendencialmente impredecibles. Aquí, el dinero se transforma en dinero sin pasar, necesariamente, por el mundo de la producción y cuando lo hace es para estimular las producciones excesivas, superfluas, riesgosas o dañinas desde el punto de vista medioambiental. La debilidad de los capitalismos nacionales frente al capital financiero globalizado nunca ha sido tan brutal.

Nuestra visión como decrecentistas es que las políticas de decrecimiento deben ir juntas con politicas de redistribución, tanto en los paises centrales como en los periféricos. Propugnamos una equidad sin crecimiento. El decrecimiento pone límites a la avidez del capital y, a la vez, expande la apropiación social del trabajo de todos. Apostamos por sociedades autoorganizadas, "desde abajo y a la izquierda", dentro de un proyecto de austeridad. No es cierto que en las sociedades perifericas no puedan aplicarse la exigencia decrecencista de la austeridad común. Con todas las diferencias del caso, en muchas de ellas existen importantes capas sociales con sobreconsumo, despilfarro y ecológicamente destructivas. Esos sectores, algunos de los cuales han incrementado groseramente en estas últimas décadas sus ingresos y beneficios, son candidatos preferentes para una limitación redistributiva.

16 de mayo de 2010

Podas salvajes


Todos los años, en primavera, los que apreciamos a los árboles en general y a los urbanos en particular, sufrimos y nos indignamos por las podas salvajes que las subcontratas del Ayuntamiento de Madrid infringen a nuestro patrimonio vegetal. Fuera de época, cuando ya los brotes comienzan a dar nueva forma a las ramas, sin diferenciar entre especies y modificando las configuraciones naturales de las copas, pequeños batallones de podadores, vociferantes, ruidosos y agresivos comienzan su tarea destructiva armados de sus infernales motosierras. El resultado son árboles sobrepodados, enjutos, heridos, debilitados y sin identidad, sometidos a la cirugía amputadora e ignorante de la máquina institucional.

La explicación de estas prácticas está clara. Se trata de cumplir con las exigencias cuantitativas de poda derivadas de los contratos entre esas empresas y el Ayuntamiento. Seguramente les pagan por ejemplares cortados, o por calles o por cualquier otro criterio económico ajeno a los tiempos y a las características de los árboles. Nuevamente, la máquina productivista arrasa con la diferencia y los matices, es decir, con lo vivo. Transforma las podas excepcionales en podas de mantenimiento anuales; las podas de cuidado en talas violentas, por supuesto "creando empleo".

Las podas salvajes son agresiones sistemáticas a la naturaleza, aunque sea la domesticada en las ciudades, y a las personas. Expresan una lógica uniformizadora y autoritaria que merece respuestas políticas.

Ver otras referencias a las podas salvajes y a los tipos y sentido de las podas en general.

13 de mayo de 2010

Vergüenza


Un ave bañada en petroleo es una expresión de barbarie. Barbarie de bárbaros humanos con nombre y apellidos. Barbarie de la alianza del poder tecnológico y del poder petrolero, fusionados para el avasallamiento de la naturaleza. Un ave bañada en petroleo es un dolor y una vergüenza.
Foto: El País.