La capacidad destructiva de la energía nuclear es absoluta, espacial y temporalmente. Es una tecnología agresiva que contiene un potencial de muerte sólo apaciguado por un permanente, precario y costoso sistema de vigilancia. Por sí sola, o en combinación con los desastres naturales, es una espada de Damócles sobre la biosfera.
Es una tecnología inmoral que, a través de los residuos que genera, desplaza de forma premeditada la responsabilidad de su gestión a las generaciones futuras. No sabe qué hacer con las basuras de su actividad y le propone a la humanidad superviviente que encuentre los conocimientos y los procedimientos para tratarlos. Una minoría de individuos legitimados por su saber técnico y sostenido por su poder militar se ha arrogado a sí misma el derecho a decidir sobre el destino de la humanidad y de la biosfera.
El reciente aniversario de la catástrofe de Fukushima vuelve a poner de actualidad el debate sobre la energía nuclear. Esta tecnología de origen militar y que justamente inauguró su camino de muerte en Japón, es defendida por los mismos partidarios del modelo productivista dominante. La defensa de la energía nuclear es la defensa de este modelo de producción y consumo. Todos los que defienden el uso de la energía nuclear como base para la economía están defendiendo esta economía. Pero lo contrario no es cierto: muchos de los que defienden este modelo se pronuncian por el desarrollo de energías "alternativas" en su versión "renovables".
Los que no defendemos este modelo nos oponemos tanto a la energía térmica de origen nuclear como a cualquier tipo de energía destinada a sostener su voraz demanda energética. Lo que hay que modificar, decimos, no son tanto las tecnologías para la generación de energía como la ingente demanda de ésta proveniente de un modelo de producción y consumo irracional, desbocado y destinado al colapso. En un contexto donde la relación entre consumo y gasto energético es directa, cualquier energía alternativa tarde o temprano escaseará y/o se convertirá en dañina por exceso de demanda. Por ejemplo: si bien la energía proveniente del Sol es renovable la masificación tanto de la producción como del uso de paneles fotovoltaicos, necesaria para competir en cantidad con la producción energética con las centrales nucleares o las que usan combustibles fósiles, generará a corto o largo plazo problemas medioambientales. Reemplazar una central como la nuclear de Almaraz ocuparía unos doscientos kilómetros cuadrados de paneles, dice Pedro Prieto quien, por otra parte, añade: "El sol y el viento son renovables; los módulos fotovoltaicos y los generadores eólicos, no lo son".
El sueño de la energía, limpia, barata, inacabable y eficaz dentro del modelo producivista, es eso, un sueño. Pero no un sueño inocente sino de aquelllos que entorpecen la búsqueda de alternativas sociales que construyan otra estructura de demanda. El problema no es la energía en sí misma sino el tipo de sociedad deseable y posible dentro de unos criterios de austeridad, solidaridad humana y respeto a todos los seres vivos.
PD: ver también este vídeo de Prieto, conferencista y escritor siempre polémico y siempre interesante.Y estos otros acerca de los límites del crecimiento realizados en Septiembre del 2011 en la Universidad de Valladolid.
